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Memo de la semana |
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| Dime con quién andas y te diré... |
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A partir del miércoles 24 de junio, Ecuador es formalmente miembro de la Alba, siglas que por ahora corresponden a Alternativa Bolivariana para las Américas, pero que pronto se cambiarán por Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, en respuesta al pedido del presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Con ello, Ecuador se acerca a un grupo de ocho países de lo más diversos: los polémicos (Cuba y Venezuela), el que atraviesa una seria crisis política (Honduras), dos economías empobrecidas (Bolivia y Nicaragua), una maravillosa isla turística visitada por artistas de Hollywood (Antigua y Barbuda) y algunos de los países entre los de más bajo perfil de la región (las islas Dominica, San Vicente y Granadinas).
El PIB total del grupo, sin contar a Ecuador, bordea los USD 1 500 billones. Entre ellos, Venezuela es de largo el país más poderoso y justamente con el que Ecuador mantiene una balanza comercial negativa de USD 71,5 millones. Con el resto, el intercambio comercial oscila entre USD 3 y 26 millones.
Estos números resultan magros si se comparan con los USD 14,29 trillones del PIB estadounidense o con los USD 14,82 trillones del PIB de la Unión Europea, con los que comerciamos alrededor de USD 4 000 millones.
La Alba promueve una integración más allá de lo comercial, pero no por eso deja de sorprender que Ecuador apueste tan decididamente a asociarse con los países más pobres y controvertidos de la región sin mayores beneficios en el horizonte.
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Visión internacional |
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Obama y el modelo
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Editorial - El Mercurio de Chile, Grupo de Diarios América (GDA)
La crisis financiera desatada por la alta exposición del sistema a papeles basados en hipotecas (subprime), cuyo riesgo probó estar mal evaluado, y que se extendió y agravó de manera inesperada y generalizada cuando el gobierno estadounidense dejó caer a Lehman Brothers, contaminando al sector real y provocando una caída mundial del producto no visto desde la Gran Depresión, despertó cuestionamientos al modelo de desarrollo económico basado en el mercado.
Muchos creyeron ver en dicha crisis un agotamiento del mismo, y esperaban la aparición de otro en que el Estado tomara un rol más importante en la conducción de la economía. Obama llegó a la Casa Blanca sobre una plataforma de gran cuestionamiento a George Bush no solo por su política exterior, sino también por su manejo económico, lo que abría una incógnita sobre la postura que adoptaría frente al modelo.
Ahora, tras seis meses en el cargo, el Presidente ofreció una inusual entrevista a The Wall Street Journal e instruyó a su asesor Larry Summers para que su mensaje fuera ‘Nosotros no somos socialistas’. En esa entrevista, Obama insistió en que el rol del Estado se reduce a fijar las reglas del juego y asegurar la transparencia y apertura de la economía, para resguardarla de un riesgo sistémico, para luego dejar que empresarios y compañías ‘compitan y hagan lo suyo’.
Esto dista mucho de lo que preconizan los detractores del modelo y de quienes claman por cheques en blanco por ‘más Estado’, y ratifica que el eje del desarrollo económico está en el mercado, adecuadamente regulado. En suma, es la sana doctrina clásica, que abre puertas realistas a la recuperación que todos esperan.
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