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Memo de la semana |
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| La declaración patrimonial a medio gas |
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Hay preguntas y preguntas. Tan incómodo como preguntar la edad en ciertas instancias de la vida, es preguntar a un alto ejecutivo por su salario o a un empresario por sus ventas. En estos dos últimos casos, los argumentos para no responder se amparan en la seguridad física (sobre todo en prevención de secuestros) y en una política de bajo perfil. Pero también hay un toque de idiosincrasia, que dicta cuidar la privacidad con un escrúpulo exagerado que, a veces, esconde cierta dosis de falta de transparencia.
Quizás, esto explica parte de la pobre respuesta que tuvo el Servicio de Rentas Internas (SRI) en la recolección de declaraciones patrimoniales por parte de quienes poseen activos individuales sobre los USD 200 000 y para las sociedades conyugales que mantengan activos superiores a los USD 400 000.
Se esperaban 20 000 declaraciones y se recogieron poco más de 15 000, es decir, un 25% por debajo de lo esperado. La corresponsabilidad del SRI es innegable, debido a que dejó cabos sueltos sobre la confidencialidad en el manejo de esa información. Además, la comunicación no siempre fue positiva, ya que hubo quienes dieron a este proceso una perspectiva punitiva cuyo fin sería etiquetar y estigmatizar a los ‘pelucones’.
Sin embargo, tampoco conviene traspasar toda la responsabilidad al SRI. Ese déficit de 5 000 declaraciones muestra la pobre cultura tributaria del Ecuador. Las dudas y el miedo son argumentos válidos, pero el SRI no puede descuidar que detrás de ellos también se pueden escudar los evasores de siempre.
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Visión internacional |
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Las enseñanzas de la influenza
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Rosaura Ruiz - El Universal de México, Grupo de Diarios América (GDA)
Según el imaginario de nuestras autoridades, el brote de influenza AH1N1 (mezcla de influenza aviar, porcina y humana) se esperaba surgiera en otras latitudes, por lo que “nos había tomado desprevenidos”, pero que aún así se había dado una manejo eficaz del problema. Detrás del mito siempre hay relictos de incomprensión de los fenómenos naturales. La epidemia de influenza en México ha dado muestra de ello y ha dejado al descubierto toda una serie de carencias.
La influenza puso en evidencia la falta de una cultura científica, expresada en la suposición de que el brote pandémico del virus surgiría en una región lejana del país. Ignorancia científica, porque el aumento en la letalidad de los virus ocurre por mutaciones o recombinaciones de su material genético y esos procesos evolutivos han ocurrido y pueden ocurrir en cualquier región del planeta, por lo que cualquier nación debe prepararse.
Además, se evidenció la ineficiencia de los sistemas de salud nacional y locales, que si en verdad funcionaran como un sistema tendrían mayor coordinación y comunicación entre las instancias que los constituyen y también con las instituciones de investigación del país. Los datos para México indican que fue el país con el índice más alto de mortalidad de infectados, pero aún no se explican las causas.
Esta vez fue como un ensayo, tuvimos suerte, pero tenemos que estar preparados para la siguiente, es posible que como ha ocurrido en la historia de las epidemias de influenza (en especial la de 1918), el virus pueda retornar con igual o mayor letalidad. No podemos darnos el lujo de equivocarnos...
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