Los terremotos de Haití y Chile tocaron las alertas en América Latina sobre la capacidad de respuesta de los países ante los desastres naturales. Ahora se analiza sobre la dificultad de coordinar la ayuda humanitaria y aspectos relacionados a la infraestructura. Luis Salas, gerente general de la compañía de seguros Ecuatoriano-Suiza, comenta sobre el papel de las aseguradoras para atenuar el impacto social y económico de los desastres.
¿Las economías de la región tienen sistemas eficientes de aseguramiento para garantizar la reconstrucción en caso de desastres?
El primer aspecto a analizar es qué tan alto es el índice de penetración de seguros en un país. En Taiwán, el valor de las primas pagadas por seguros llega al 16,2% de su Producto Interno Bruto (PIB). Esto significa que casi todos sus bienes están asegurados. Chile que tiene una alta cultura de seguros en la región tiene el 3,5% y Ecuador llega al 1,6%. Mientras más conciencia exista sobre la necesidad de seguros, las personas tendrán mejor disposición para acceder a las coberturas.
¿Cómo se crea esta conciencia?
La responsabilidad es de todas las empresas que formamos el gremio. El objetivo es cambiar la percepción sobre los costos y beneficios. Las personas piensan que tener un programa de seguros de varias pólizas es impagable. En la práctica sí es factible. Una persona que asegure una casa valorada en USD 50 000 tendría que pagar cerca de USD 12,10 en primas mensuales.
Cuando ocurren desastres de grandes magnitudes, el desembolso de dinero debe ser inmediato. En el caso de Chile, ¿las aseguradoras asumirán sus compromisos?
La capacidad de pago de una aseguradora debe tener el aval de firmas especializadas en calificación de riesgo. Además, es necesario tener la cobertura de reaseguradoras a escala mundial. Adicionalmente, existen regulaciones de entidades locales. El terremoto en Chile generará indemnizaciones que sobrepasarían los USD 4 000 millones, que serán cubiertas en su totalidad.
¿Hay experiencias locales sobre la eficiencia del sector asegurador en desastres?
El mayor siniestro causado a las aseguradoras privadas fue el fenómeno de El Niño de 1998. Las inundaciones más devastadoras fueron en las zonas fabriles, como en la vía a Daule. En esa época se hicieron importantes indemnizaciones que llegaron a los USD 40 millones. El 100% de los afectados asegurados fueron indemnizados.
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Hay que cambiar la percepción de las personas sobre los beneficios de estar asegurado.
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¿Los ecuatorianos dan prioridad al seguro de sus viviendas?
Se calcula que las viviendas aseguradas no superan el 3% en el país, lo cual es alarmante. En caso de un desastre natural grave, como terremotos o inundaciones, la mayoría de las personas no estarían amparadas. No ocurre lo mismo con las grandes corporaciones que tienen asegurados sus predios en casi el 80%. Con respecto a las medianas y pequeñas empresas, los bienes asegurados llegan al 60%. Sin embargo, las personas aseguran sus vehículos en mayor proporción. Más del 30% del parque automotor está cubierto.
¿Debería ser obligatorio el aseguramiento de bienes en Ecuador?
No. Es un tema de conciencia de la necesidad de estar prevenido. En Chile, personas que a pesar de haber perdido sus viviendas podrán construir nuevas casas debido a las indemnizaciones. Otras, literalmente quedaron sin amparo.
¿Cuáles son las valoraciones del sector asegurador frente a un posible desastre?
Cuando analizamos el código de construcción ecuatoriano llegamos a conclusiones interesantes. En la década de los setenta se hicieron las primeras modificaciones que incluyeron normas antisísmicas. Los últimos cambios fueron en 2002. El objetivo es prevenir daños estructurales y controlar daños no estructurales ante terremotos moderados. Sin embargo, los predios edificados antes o fuera de esas normas también deben ser inspeccionados. Con pequeñas inversiones se puede reforzar las bases de los edificios y viviendas y así estar mejor preparados ante calamidades como terremotos que efectivamente ocurrirán.