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Una migración que se frustró dio paso a su cadena de panaderías
Personaje. El propietario de la panadería La Unión intentó emigrar, pero no pudo. Hoy elaboran 110 000 panes diarios.
Ivanna Zauzich / Redacción Quito / LÍDERES
izauzich@revistalideres.ec

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El olor a pan que se desprendía del horno de leña que tenía su madre en el hogar es lo que más recuerda Joselito Cobo (45 años) de su infancia. Esta transcurrió en la parroquia de Chunchi, en la provincia de Chimborazo (Sierra Centro).

Él revive esas añoranzas a diario, en cada una de sus cinco panaderías La Unión, que están distribuidas en Quito. En estas se venden cerca de 110 000 panes diarios. Además, este emprendedor creó las 60 variedades de productos que se comercializa en esos locales. Estos incluyen pasteles, panes, pizzas, postres, galletas, etc.

Un edificio en el sector de la Villa Flora (sur de Quito), es una muestra de los resultados de su emprendimiento. En el tercer piso está su oficina, en cuyas paredes reposan premios y diplomas. 

La receta del éxito es el trabajo |en equipo, por eso nombré a este negocio panadería la unión

No obstante, él reconoce que esos son objetos y realmente lo importante son las buenas acciones. Quizás por esto, cada diciembre, desde el 2002, elabora un pastel de 75 000 porciones para repartir gratuitamente en el sur de Quito. Esta generosidad se formó en un camino de tropiezos y aprendizaje constante, dice Cobo.

En 1985, tras haber obtenido su título de bachiller en el Colegio 4 de Julio, en su natal Chunchi, pensó que su destino estaba fuera del país. Su madre, Avelina Bernal, recuerda que el anhelo de su hijo “era viajar a Estados Unidos para ganar en dólares”.

Por ello, en ese año, la familia reunió 3 millones de sucres (unos USD 25 000 al cambio de 1985), para “pagarle al coyotero”. La familia entregó ese dinero, pero durante esa época el número de indocumentados que eran deportados desde EE.UU. aumentó. Eso le hizo reevaluar su decisión; recuperó el dinero y pensó en forjar su futuro en el país, añade Bernal.

Ese inconveniente fue el punto de partida para que Cobo descubriera su pasión: la panadería. En 1986, le pidió trabajo a su primo Antonio Esparza, en el local La Delicia (norte). “La empatía con las labores de amasar, crear nuevas recetas y decorar pasteles fue inmediata”, asegura Esparza. Asimismo, cada sueldo que recibía lo ahorraba cautelosamente, porque tenía en mente abrir su propia panadería.

Dos años más tarde reunió 7 millones de sucres (USD 15 000). Con ese monto rentó un local en el sector de Chaguarquingo (sur de Quito), y lo equipó con dos hornos semiindustriales, tres batidoras, dos mostradores, una nevera, etc.

Este hombre, de voz clara y pausada recuerda que al inicio tenía cuatro empleados, que elaboraban unos 300 panes diarios. A los seis meses, la producción se incrementó a 2 500 unidades al día.

“Dos años duró la fiesta”, afirma Ramiro Mayorga, jefe del departamento jurídico del Estudio Mayorga y Torres Abogados. Él es su amigo desde 1990, cuando el dueño del local terminó el contrato de arriendo de la panadería; ese año Cobo se quedó sin local para su negocio. Aún así las adversidades fueron un estímulo.

Mayorga relata que Cobo no perdió el ánimo. Con esta actitud tomó unos ahorros y con ayuda de sus padres reunió 32 millones de sucres (USD 20 000) y compró un local de 300 m², en ese mismo sector.

Para Mayorga esa situación refleja la personalidad de Cobo, “tiene un deseo permanente de superación”. Esa actitud la complementaba con su jornada de trabajo de 20 horas diarias. Esa agenda intensa de labores rindió sus frutos. La demanda por sus productos aumentó y por ello apostó por una nueva inversión. En 1996 destinó unos 65 millones de sucres (USD 20 000) y compró un segundo local en el sector de La Marín (centro).

En esta época de bonanza conoció a Alexandra Vallejo. Ahora, como su esposa, ella dice que no es casualidad el crecimiento de La Unión. Describe a su cónyuge como ‘trabajador y perfeccionista’.

Vallejo recuerda que en 1999, durante la crisis económica, Joselito Cobo optó por pedir un crédito al Banco Pichincha de 750 millones de sucres (USD 65 000), para comprar un terreno de 800 m², en el sector de la Villa Flora (sur).

En el 2000, en pleno proceso de dolarización de la economía y mientras muchas empresas quebraron, él solicitó un nuevo crédito a la misma entidad financiera por USD 120 000. El objetivo era construir un edificio de seis pisos, para adecuar las oficinas de la empresa e instalar un tercer local de atención al público.

Con esa edificación en su patrimonio, Cobo identificó otra oportunidad de negocios y esta vez de la mano del nombre de sus tres hijos: Carol Michelle, Joseph Fernando y Yandri. Al vender los pasteles identificó que había clientes interesados en alquilar locales para celebrar las fiestas.

Con esa idea en la mente, Cobo adquirió un terreno de 450 m² junto al edificio de la Villa Flora. Allí construyó tres salones de eventos, para 300 personas cada uno. Este segmento del negocio lleva el nombre de su hija Carol Michelle, quien expresa admiración por su papá y todo lo que ha logrado con dedicación y esfuerzo.

Esta conducta se grafica con un ejemplo: a los 35 años Cobo ingresó a la Universidad Técnica Particular de Loja, para estudiar Ingeniería Comercial y se graduó. Mientras cursaba la carrera, en el 2003, se expandió los restaurantes. Por ello abrió Yandri, un local especializado en carnes, y lo hizo en el mismo sector de la Villa Flora. Ese emprendimiento es lo que más destaca Angélica Naranjo, encargada de Ventas Industriales de Moderna Alimentos, que le provee insumos para elaborar postres desde 1995. A partir de ese año ella ha visto el crecimiento del negocio y las ventas de este empresario.

La cereza en el pastel, señala Naranjo, se colocó en el 2005 con la apertura del cuarto local en el sector de la Plaza de Toros (norte). Este tiene 450 m² y la inversión bordeó USD 300 000.

La capacidad de ahorro de Cobo es lo que más destacan sus allegados. Para Mayorga, esto le permitió abrir cinco locales adicionales para eventos. Además, en el 2010, instaló la quinta panadería en La Mariscal. Hoy emplea a 200 personas. 

La preparación es su necesidad más frecuente

Los cursos. Desde 1995 ha realizado cursos de repostería, chocolatería...
La variedad.  En 1988 la panadería La Unión tenía 12 productos. Hoy son 60 entre panes, pasteles, postres...
Los viajes. Le gusta viajar a EE.UU. para explorar recetas y traer nuevos ingredientes para sus productos.


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