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11:03 Martes 18/12/2012

Mientras se recorre el museo ‘La magia del sombrero’ de la firma Homero Ortega, en Cuenca, una de las salas muestra fotos de una tejedora, de maquinaria, del proceso de transformación de la Carludovica Palmata (una suerte de palma que es la materia prima de la paja toquilla), en el sombrero.

Esta palma, que tiene un color verde intenso, se cultiva en Santa Elena y Manabí . Las hojas se cortan y cocinan con agua, sal y azufre para dar una textura suave al material y así permitir el tejido.

Para Juan Fernando Paredes, gerente la firma Rafael Paredes S. e Hijos, el proceso conserva esa magia artesanal que abarca el cultivo, transporte, cocinado, tejido y por eso es la designación de patrimonio inmaterial. No obstante, sí hay innovación en teñidos de la paja, nuevas tonalidades, diseños de los sombreros… para ampliar la oferta y captar nuevos compradores.

El gerente de Bernal Hats, Hugo Bernal, señala que el proceso siempre ha sido artesanal, porque en Montecristi, Gualaceo, Chordeleg, Sígsig los tejedores pasan su conocimiento entre generaciones por lo que es una actividad familiar.

Incluso, “las empresas que se dedican a esto llevan entre tres y cuatro generaciones en el negocio”.

Para identificar la calidad de un sombrero hay que fijarse en la cantidad de fibras por pulgada. Los que tienen 13 fibras son los normales que en el mercado nacional se venden en unos USD 30. Mientras que los extrafinos tienen hasta 40 fibras por pulgada; su costo es de unos USD 2 000, según el trabajo.

Quienes tejen son artistas, dice Paredes. Esa afirmación tiene sentido al escuchar el testimonio de Simón Espinal, tejedor de sombreros extrafinos en Pile, cerca de Montecristi. Él elabora tres sombreros al año, cada uno tarda cuatro meses, porque no puede dedicarse a otra cosa. Esto, porque sus dedos necesitan estar sensibles al tacto para manipular las hebras de la paja toquilla. Un estadounidense compra los tres sombreros que elabora al año y los comercializa en el extranjero.

Espinal señala que recibe una mensualidad anual por parte del comerciante para que continúe con esa labor.

Los procesos se cumplen en Manabí y Azuay. En la primera provincia mencionada existen ocho toquillales, donde se consigue la materia prima. Dos familias en Portoviejo se especializan en el blanqueado de la paja y la venden a las familias del Austro.

En cambio, los tejedores de sombreros extrafinos cosechan y preparan su propia paja toquilla, para que el material sea adecuado para su trabajo.

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