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10 millones de personas deben más de lo que cuesta su casa

El hundimiento del sector inmobiliario en EE.UU. (2007-08) precipitó una crisis financiera en el mundo. Los precios de las viviendas aún siguen por el suelo y no está claro cuándo se producirá una recuperación, porque casi cinco años después del derrumbe, el mercado inmobiliario estadounidense continúa como un paciente en ‘shock’, cuya capacidad de volver en sí es dudosa.

Los recientes datos recogidos por la agencia DPA muestran que desde la época de mayor auge (2006), los precios de la vivienda han caído más de un 30%; incluso en el 2011, siguieron a la baja, con un 4%. Además, los dueños de casas siguen bajo presión. El año pasado no se pagaron préstamos por más de USD 150 000 millones y unos 10 millones de personas deben más de lo que vale ahora su casa.

El ‘crack’ financiero comenzó en el sector hipotecario estadounidense entre el 2007 y el 2008, cuando miles de deudores empezaron a tener problemas para pagar los financiamientos de alto riesgo que habían recibido. Pero, para ese momento, muchas instituciones habían convertido esos préstamos (subprime), en papeles comerciales para luego venderlos a terceras personas, como, por ejemplo, a la banca de inversión. La responsabilidad, según especialistas, provino del banco que prestó sin estar seguro de la capacidad de pago del deudor. Para otros, fue la falta de regulación y supervisión financiera, como lo recoge un informe de la Cepal.

La burbuja financiera explotó en septiembre del 2008 y el punto de partida fue el anuncio del cuarto banco de inversión más grande de EE.UU. (Lehman Brothers), que se declaró en quiebra.

En una publicación del diario El País de España (2009), el ex presidente de la Asociación Nacional de Agencias Inmobiliarias de EE.UU., David Lereah, reconocía que, cuando a principios del 2006 aseguró que “la burbuja de la vivienda no va a explotar”, manipuló la información forzado por su cargo. “Me equivoqué”, dijo, después de animar a los estadounidenses a endeudarse para comprar una casa, bajo la aparente premisa de que las casas no iban a perder valor, un extremo que la crisis se ha encargado de demostrar que todo eso fue falso.