Xavier Montero
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La actitud pesa en el aporte del pasante

Carolina P. cruza un portón de madera con una carpeta amarilla entre sus brazos. Tiene 22 años y una de sus aspiraciones era lograr un cargo en una empresa de importaciones, de la que se despedía en ese momento. Tras culminar su pasantía de tres meses, no obtuvo un contrato.

Según la resolución 2011-99 del Ministerio de Relaciones Laborales, las pasantías son un conjunto de líneas de aprendizaje. Estas están orientadas a abrir espacios en el mundo laboral, para jóvenes de entre los 18 y 33 años, que se encuentren inscritos y asistiendo regularmente a un Centro de Educación Superior.

Carolina P. considera que su tutor dentro de la empresa no valoró su esfuerzo. “Lo primero que se debería evaluar en un pasante son sus ganas por aprender el oficio”, manifiesta la joven y explica que le destinaron algunas labores de menor importancia, dentro de aquella empresa.

Norberto Purtschert, gerente general de Floralp, coincide con la joven y explica que para los directivos de una empresa, entre otras cosas, es de vital importancia la actitud del evaluado; su respeto por el ambiente laboral es fundamental. “Los conocimientos técnicos para el cargo que podría ocupar son fundamentales. También es necesario que sepa expresar bien sus ideas, que defienda sus conceptos y que pueda sobrellevar las cosas que salen mal”, comenta Purtschert.

Carolina P., no cree que haya desperdiciado su tiempo en aquella empresa. Cuenta que recibió un salario y dinero extra para alimentación y transporte. También indica que en principio no tenía definidos sus roles. A los pocos días le asignaron una tarea contable de la que no tenía conocimientos desde la universidad.

La concepción de un pasante, explica María Teresa Arias, docente de RR.HH. de la Universidad Politécnica Salesiana, se ha ido modificando dentro de las estructuras organizacionales. “Se debe analizar los recursos que la empresa destinó para formar al ‘pupilo’. Y de allí, visualizar si este puede progresar dentro de la firma”, explica la catedrática y añade que podría ser contraproducente el contratar pasantes sin la existencia real de vacantes.

Los “saberes de la vida” son pilares de un buen prospecto. El sentido de puntualidad, el compromiso para trabajar en equipo, el sigilo y la prudencia, son herramientas invaluables para los empleadores de la región. Así lo cree Georg Newmann, asociado del área de Gestión y Comunicación del conocimiento del Fondo Multilateral de Inversiones, del Banco Interamericano de Desarrollo.

Para Newmann, las pasantías son opciones para enfrentarse al mundo laboral trascendiendo la ‘realidad’ que se vive en las universidades. “Incluso los conocimientos de cultura general, geografía, matemática básica y ortografía, pesan en el momento de la evaluación final”, dice.

Carolina P. revisa su teléfono en busca del contacto de un amigo, quien le habló de una vacante en un banco. Ella explica que su meta es mejorar su hoja de vida y que en otra empresa le “enseñen más”.