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La adquisición de vivienda y el pago de deudas son prioridad

Desde el 2002, Rosario C. recibe USD 300 al mes por las remesas que envía su esposo Leonardo C., quien vive en Estados Unidos.

Esta cuencana relata que su cónyuge trabajaba como guardia de seguridad en una fábrica en la capital azuaya. Ella laboraba como empleada doméstica en un hogar, tres días a la semana. Aunque ambos tenían trabajo, los ingresos eran escasos, por lo que su pareja viajó a EE.UU.

Los gastos de su hogar, que incluye la educación de sus dos hijos, de 11 y 14 años, suman USD 150 al mes. El resto lo destina al ahorro. Ella confiesa que durante los primeros seis años recibía casi el doble del monto actual. Con ese dinero pagó la deuda que adquirió su esposo para emigrar. También construyó una casa y compró tres televisores y una refrigeradora. No obstante, con la crisis que se registró en ese país en el 2008, su esposo la motivó a ahorrar e invertir en un negocio para cuando él regrese.

El presidente ejecutivo de la Red Financiera Rural (RFR), Javier Vaca, señala que existe una relación directa entre el uso de las remesas y el tiempo que lleva el emigrante en el exterior. Primero, paga las deudas en su país de origen; después, compra vivienda y bienes; y en un tercer momento, piensa en retornar o instalarse definitivamente en el extranjero. Allí piensa en invertir.

Con eso concuerda el analista económico, Juan Pablo Guerra, quien añade que los emigrantes que superan los 10 años de estadía en el exterior alcanzan estabilidad laboral. Por lo general, ellos compran bienes inmuebles para obtener ingresos por su alquiler. En cambio, quienes llevan menos de 10 años, su prioridad es la comodidad de su familia. En ese caso, el dinero se destina a vivienda, salud, educación y gastos suntuarios.

Para el director de Proyecto de la Fundación Acra (Cooperación Rural en África y América Latina), Alejo Santermer, el perfil del receptor de remesas se concentra en la mujer, entre 18 y 80 años. “Reciben el dinero de sus esposos o hijos”.

Acra y la cooperativa Jardín Azuayo (JA) trabajan con 91 000 ecuatorianos residentes en Italia, para incentivarlos al ahorro. Por esa razón, JA tiene alianzas con remesadoras para que el emigrante deposite y el dinero llegue a la cuenta del receptor en esa cooperativa.

Algo similar aplica la cooperativa Juventud Ecuatoriana Progresista, según su gerente, Floresmilo Alvear, quien nota una tendencia al ahorro desde el 2010. Un ejemplo son Rosario y Leonardo quienes guardan sus excedentes para invertir en un negocio en el futuro. Su objetivo es abrir un restaurante y que él regrese.

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