Los hermanos Cristian, Diana y Adrián Cerón transmiten sus conocimientos a los más jóvenes. Foto: Diego Pallero / LÍDERES

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Redacción Quito (F)
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El arte colonial se rescata en este proyecto

14 de septiembre de 2016 10:39

Pocas son las organizaciones que tienen más de 400 años de experiencia, pero la Escuela de Arte Quiteño puede ostentar esta afirmación. Además, su historia y valor dio paso para que surja un emprendimiento.

En el 2010 los hermanos Cristian, Diana y Adrián Cerón y su esposa, Catalina Ávila, decidieron crear un espacio de arte que rescate y resalte las técnicas y arte realizado en la Escuela Quiteña de Arte y Oficios, institución artística colonial del siglo XVI.

La iniciativa se generó cuando los hermanos Cerón tuvieron que terminar sus estudios en la Escuela Municipal Taller Quito debido a que el proyecto tuvo que cerrar. “Quito se estaba quedando sin escuelas de arte. La ciudad es Patrimonio Cultural de la Humanidad entonces no podíamos dejar que esto suceda”, cuenta Adrián Cerón, cofundador e instructor de tallado y diseño.

Con una inversión de casi USD 5 000, compraron los primeros materiales y empezaron los trabajos en la Casa de Benalcázar, en el casco colonial de Quito.

El espacio, de casi 250 metros cuadrados, fue proporcionado por el Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica para el funcionamiento, hasta la actualidad, del taller y las aulas de clase. Desde un inicio, las actividades se dividieron en clases al público y la realización de productos con las técnicas coloniales.

Las clases dictadas incluyen la instrucción en tallado de madera, pintura artística y caligrafía. Pero, como explica Cerón, el proyecto fue creado para abarcar cuatro oficios más: joyería artística, escultura de imaginería religiosa, bordado artístico y forja artística. Para este fin cuenta con seis profesores a tiempo completo, de los cuales tres son los hermanos Cerón.

“Los instructores logran realzar las técnicas de los estudiantes a través de un trabajo personalizado y meticuloso. Al ser arquitecta sabía dibujar y en pocas semanas empecé a mejorar mi estilo y nivel artístico”, comenta María Belén Argudo, estudiante de pintura.

Los cursos se imparten en tres niveles, desde básico por 20 horas e intermedio por 40 horas, hasta avanzado por 60 horas. Los precios varían de igual manera desde los USD 120 a 360.

“A pesar de ser un negocio siempre hemos adoptado un factor social en nuestros talleres”, afirma Adrián Cerón, cofundador y encargado de la gestión administrativa de la empresa. En lo que va del 2016, la facturación promedio mensual de esta empresa se encuentra en los USD 3 000.

Además, ofrecen becas completas a niños de escasos recursos para que puedan aprender un oficio nuevo. “Los betuneros del centro se acercaron a la Escuela para pedirnos que querían aprender. Es así como instauramos las clases gratuitas”, cuenta Cristian Cerón. Al momento este taller cuenta con seis estudiantes becados y 14 pagados, que ayudan a subsidiar los talleres gratuitos. Además, sus proveedoras de cartulina y papel para la tarjetería fina son un grupo de madres solteras que producen papel reciclado.

Otro eje de negocio de la escuela es la realización de productos comerciales. Estos incluyen artículos publicitarios de madera, decoraciones de madera y tarjetería artesanal final. Un retablo pequeño para publicidad puede costar entre USD 60 y 200, con un tiempo de entrega de tres a 15 días.

Por esta razón desde este año decidieron ampliarse a una segunda sede al norte de la ciudad. “A muchos estudiantes se les complicaba ir hasta el centro de Quito. Entonces ahora damos clases en el norte y el taller se quedó en el centro”, explica Cristian Cerón. Estos jóvenes artistas esperan próximamente ampliar la oferta de oficios y brindar opciones laborales a sus estudiantes.