Wílmer, José y María Caiza son parte de la comunidad que decidió elaborar y comercializar quesos bajo la marca Guamoteñito. Foto: Raúl Díaz para LÍDERES

Wílmer, José y María Caiza son parte de la comunidad que decidió elaborar y comercializar quesos bajo la marca Guamoteñito. Foto: Raúl Díaz para LÍDERES

Cristina Marquez
(F)
Contenido intercultural
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La asociatividad impulsa sus quesos

12 de septiembre de 2016 10:06

El sabor equilibrado y la textura cremosa caracterizan a la marca Guamoteñito, una empresa integrada por siete queseras comunitarias del cantón Guamote, situado en el centro de Chimborazo. Los quesos frescos que se producen allí son apetecidos en mercados como Guayaquil, Daule, Esmeraldas y otros cantones de la costa ecuatoriana.

La marca es un emprendimiento comunitario impulsado por la Asociación de Queseros de Guamote. 150 personas se benefician directamente de la empresa y otras 400 familias, que les proveen de leche fresca de alta calidad, se benefician indirectamente.

El producto estrella es el queso fresco de mesa, que se puede adquirir en unos 150 puntos de distribución por USD 2,50. El queso se caracteriza porque está elaborado con una receta casera, ideal para la gastronomía y para el consumo de mesa, que se diferencia de la fórmula de otros productos lácteos que se procesan industrialmente.

“Nuestro valor agregado es el sabor natural y casero de los quesos que siempre se han consumido en las comunidades, pero elaborado con procedimientos mejorados y de mayor calidad e higiene”, cuenta José Caiza, presidente de la Asociación de Queseros de Guamote.

El emprendimiento se fundó en el año 2002, cuando cerca de 70 queseros de Guamote se unieron para integrar una asociación. El primer año, la organización no prosperó y la mayor parte de integrantes decidió separarse de la agrupación.

Pero en el 2003, el grupo recibió el apoyo técnico de la Fundación Marco. Sus integrantes les capacitaron para mejorar el proceso de producción y la calidad del queso. También, hicieron estudios de mercado y les apoyaron en el proceso de comercialización.

Mejorar la calidad fue el reto más grande que enfrentó la Asociación. Las normas para conseguir un registro sanitario y garantizar la apertura de mercados eran exigentes y se requirió de una inversión familiar.

Cada quesera adquirió ollas pasteurizadoras, mesas de aluminio, moldes y otros implementos para adecuar las fábricas en sus respectivos hogares. Caiza, por ejemplo, invirtió alrededor de USD 5 000 en equipos y otros implementos para su negocio.

Además, las revisiones técnicas de calidad fueron exigentes, por lo que varios socios desertaron de la agrupación. “Fue difícil convencer a la gente de mejorar sus productos para conseguir un mercado y un mejor precio. El posicionamiento de la marca requirió compromiso y un trabajo duro”, cuenta Patricio Pérez, quien asesoró a la asociación en el 2003.

Parte del apoyo de la Fundación Marco incluyó el diseño de la marca corporativa de la empresa. El logotipo muestra los páramos de Guamote y a dos personas que visten el traje originario de la cultura Puruhá. La imagen identifica a los emprendedores y los parajes donde se elaboran los quesos.

El logotipo de la empresa es la razón por la cual sus clientes fieles los identifican como ‘el queso del ponchito’.

Pero el que la marca incluyera una representación gráfica de sus propietarios no siempre benefició a la empresa. Cuando se inició la distribución de los productos los clientes los rechazaban. “La gente desconfiaba, menospreciaban los quesos y notamos una actitud racista”, cuenta Pérez.

Sin embargo, él desarrolló una estrategia para posicionar la marca y cambiar la mentalidad de la gente a la que querían vender sus productos. Las degustaciones de sabor y las pruebas gastronómicas en los mercados con más concurrencia les aseguraron un espacio en el mercado.

Hoy, las siete queseras procesan cada mes entre 6 000 y 7 000 litros de leche, y producen unos 6 500 quesos que se entregan en cinco cantones de la Costa, así como en Colta y Riobamba.

“Cuando empecé mi negocio, solo procesábamos 50 litros de leche. Hemos llegado a ser una organización fuerte porque perseveramos e invertimos en nuestras empresas”, dice Caiza. Su quesera funciona en la comunidad Sablón Gampalá y trabaja junto con el apoyo de sus cinco hijos.

En el futuro la empresa asentada en Guamote espera llegar a los supermercados del país, por lo que a mediano plazo esperan conseguir una certificación para sus productos y adquirir un sistema de enfundado al vacío.

MÁS DATOS

En promedio, 
la Asociación factura USD 12 000 mensuales.

Los quesos se venden en presentaciones de 1 000 gramos y cuestan USD 2,50.

Guayaquil y Machala son los principales mercados de la asociación. A esa ciudades se entrega el 70% de la producción.

La materia prima se adquiere en unas 30 comunidades de Guamote. En el futuro aspiran adquirir ganado propio.