Bolívar Velasco (F) Redacción Santo Domingo / Líderes. Contenido Intercultural
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Asociatividad que rinde frutos

Antes de que la microempresa de procesamiento de chifles se estableciera, las 110 familias que ahora dependen del negocio dejaban su cosecha de plátano y de yuca en manos de una cadena de intermediarios.

Los compradores que llegaban a sus fincas en decenas de camiones les pagaban, por ejemplo, USD 2 por un racimo de barraganete, aunque ellos consideraban que al menos se les debía dar USD 4. Rodrigo Cuenca, el administrador del emprendimiento, recuerda que no objetaban la paga para evitarse malos ratos.

Pero en el 2004, él analizó que la producción cada vez era menos valorada y por eso decidió organizarse con otros finqueros de la zona rural de Santo ­Domingo de los Tsáchilas.

La primera idea que se les vino fue sacarle provecho al plátano con la elaboración y venta de chifles. Juntaron USD 1 500 que fueron el resultado de las ganancias y adquirieron pailas, una cocina con hornilla industrial y otros accesorios para la fritura y empacado del producto.

La primera producción de unas 1 000 fundas de chifle fue motivo de una fiesta en las parroquias de Puerto Limón, El Esfuerzo, San Jacinto del Búa y Luz de América, de donde son oriundos.

A raíz de eso, hubo mayor compromiso en la organización y en el 2008 gestionaron la legalización de la Unión de Producción Agrícola y Pecuaria.

A través de la microempresa, hoy se comercializan 25 000 fundas de chifles de 1 000, 500, 200, 85 y 45 gramos. Los precios van desde los 20 centavos hasta los USD 3,50 y se comercializan principalmente en los bares de escuelas y colegios bajo el sello de Tsachibanana.

Además de Santo Domingo, esta marca también se vende en planteles educativos de Quito, a través de 26 convenios con comerciantes de la capital.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap) y la Escuela de Comercio Exterior de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) se constituyen en un soporte para sostener la organización y conseguir los contactos externos, señala Cuenca.

El Magap, por ejemplo, les entregó -sin costo- una planta para elaborar alimentos especiales dotada con cocinas industriales, cortadoras, freidoras, mesas y selladoras al vacío. El Ministerio hizo un seguimiento del trabajo de los cultivadores y decidió apoyarlos con herramientas de última tecnología, para sus procesos.

En contraparte, la Unión de Producción Agrícola y Pecuaria puso el terreno de 180 m² de superficie, en donde se levantó la infraestructura para la planta. Esta se encuentra en la ciudadela de los choferes ubicada en el km 6 ½ de la vía a Quevedo, en el oeste de Santo Domingo de los Tsáchilas. La inversión del Magap fue de USD 134 840.

En la planta de alimentos cada tres veces a la semana se reúnen 12 integrantes de la microempresa para pelar el plátano, hacer las rodajas, freír el producto y empaquetarlo, para su venta.

Un día antes de cada jornada, un grupo se encarga de bajar los racimos de plátano, desenterrar la yuca y movilizar esta materia prima desde las fincas hacia la planta. El otro grupo de 12 personas distribuye los chifles en las tiendas y bares de los establecimientos educativos.

Petita Caicedo dice que el negocio ha sido un salvavidas para ayudar a sostener la economía de su familia. Ella se ocupa de pelar los plátanos y por su labor recibe USD 30 al día, más el almuerzo. En los dos años que lleva en la microempresa ha podido reunir dinero para costear los gastos de los estudios de sus cinco hijos.

Rosa Simbaña, una de las trabajadoras de la microempresa, señala que por este mes utilizan 5 000 kilos de plátano maqueño y unos 4 000 de barraganete. Del primero sale el chifle de dulce y del segundo el de sal. La mujer se encarga de la trituración en una máquina especial.

Simbaña señala que en esta temporada las ventas bajan, debido a que por la Navidad y Fin de Año los alumnos buscan otras opciones. Es por eso que las ganancias en los últimos dos meses han sido de USD 300, diarios en promedio. Pero en meses de mayor movimiento, como el inicio de clases, llegan hasta los 600 al día. La inversión que destinan para la producción es de USD 100 al día.

En la presentación del producto consta el nombre de la marca, el registro sanitario, código de barras, la información nutricional y el semáforo con el contenido de sal, azúcar y grasa. En el momento se hacen gestiones para patentar la marca ante el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI).

El objetivo, según Rodrigo Cuenca, es llevar a Tsachibanana al exterior. Para eso mantienen contactos con una empresa especializada en control de calidad y diseño de etiquetas. Se espera que este trabajo arroje sus frutos en el 2015.

La UTE los asesora para exportar el producto. El trabajo ya empezó con contactos con empresarios de Chile y Argentina. Estas gestiones se complementan con la constante actualización del personal conocimientos en temas relacionados con la economía popular y solidaria.

Eso les ha permitido, por ejemplo, recibir financiamiento del Estado para solventar las necesidades del emprendimiento. En el momento se gestiona un convenio con el Secap, para capacitar a las trabajadoras en tecnificación del proceso de preparación de la materia prima. La idea es que aprenden a organizarse mejor y acelerar el ritmo del trabajo.

Las zonas plataneras

Los cultivos. La mayor producción de plátano del país se concentra en el denominado triángulo platanero, que comprende las provincias de Manabí, Santo Domingo y Los Ríos.

Los datos. En el 2011, a escala nacional, se sembraron 136 323 hectáreas de plátano, de las cuales 43 144 se encontraban en Manabí, 15 917 en Santo Domingo y 12 798 en Manabí.

Las variedades. Además del plátano barraganete y maqueño existe la variedad del dominico, que tiene de 22 a 30 centímetros de largo.

Los usos. En Santo Domingo este fruto se emplea para elaborar bolones, empanadas de verde y tortillas fritas. Eso también ha generado el desarrollo de microemprendimientos.