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El audiolibro se apoya en el smartphone

25 de enero de 2017 13:54

Escuchar un libro mientras se está de compras o se hace ejercicios es una posibilidad que seduce cada vez más y contribuye al crecimiento vertiginoso de los audiolibros en Estados Unidos, en momentos en que la industria editorial está bajo presión.

Atrás quedó el engorroso y pesado reproductor de casetes, que a veces costaba el triple que un libro impreso y que, a menudo, retomaba solo extractos de una obra para limitar los costos.
Hoy en día, para escuchar un audiolibro solo hay que descargar un archivo en el teléfono inteligente con un precio equivalente o inferior al de la edición impresa.

En 2016, los audiolibros de Bruce Springsteen, Carrie Fisher (+) y Bernie Sanders, escritos en primera persona y leídos por sus autores, tuvieron éxito.

De acuerdo con la Asociación de Editores de Audiolibros (APA), en 2015 se publicaron 35 574 títulos en Estados Unidos, ocho veces más que en 2010. Y las ventas totales alcanzaron USD 1 770 millones, un aumento de 20% en un año.

De acuerdo con el sitio especializado Author Earnings, más aún que para los libros impresos, el gigante Amazon -que compró en 2008 el número uno del sector, Audible- domina ampliamente este mercado: vendió 119 000 audiolibros por día en enero de 2016.

La mayoría de las grandes editoriales dispone de su estructura con equipos dedicados a ellos.
A diferencia de otros países, hace ya tiempo que en Estados Unidos el audiolibro se considera mucho más que un “gadget”, incluso pese a que el mercado no despegó realmente hasta que se generalizó el uso de los ‘smartphones’ desde hace unos años.

“En Estados Unidos la gente pasa mucho tiempo en el automóvil. Para los usuarios, esta es una manera de hacer que el tiempo en los atascos sea de calidad”, señala Mary Beth Roche, presidenta y editora de Macmillan Audio, la filial de la editorial Macmillan que se dedica a los audiolibros.

Los teléfonos inteligentes permiten ahora hacerlo al mismo tiempo que muchas otras actividades: trotar, tareas domésticas o actividades manuales.

“Son perfectos cuando se tiene un determinado estilo de vida”, resume Marisa Bluestone, directora de comunicaciones de la Asociación de Editores Estadounidenses (AAP). Es también una forma de descansar la vista tras un largo día de trabajo.