Ivanna Zauzich / Redacción Cuenca
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Bernal Hats, un negocio hecho de pura paja

Unos 2 000 sombreros de paja toquilla reposan en un taller en el centro de Cuenca. Hay blancos, negros, rosados, de hombre y de mujer… Están listos para ser empacados y exportados hacia EE.UU., Alemania, Inglaterra y otros 15 países donde se comercializan.

La firma detrás de este negocio se llama Bernal Hats, que funciona desde 1987 en la capital azuaya. El año pasado facturó cerca de USD 130 000.

El gerente de esta iniciativa cuencana, Hugo Bernal, creció entre los sombreros de paja toquilla, porque su padre, abuelo y bisabuelo trabajaban en este segmento productivo. Ellos tejían el sombrero campana (sin terminar para darle la forma), que era comercializado a firmas estadounidenses, que le daban valor agregado con cintas y tejidos y lo vendían más caro.

Bernal identificó una oportunidad de negocio e invirtió 6 millones de sucres (unos USD 10 000 al cambio en 1987), para adquirir tejidos e iniciar la producción. Este cuencano y su esposa, Elsa Aguirre eran los únicos empleados.

Ellos compraban las piezas campana a los artesanos de Manabí y Cuenca. Agregaban su tejido y teñían; así crearon sus propios diseños. Bernal no solo heredó de su padre la pasión por los sombreros, sino los contactos de empresarios que llevaban estos productos al exterior.

Se comunicó con ellos y envió sus productos a Australia y EE.UU., en 1987. Su facturación promedio anual era de 36 000 sucres (unos USD 180 al cambio de ese año). Conforme crecía el negocio, también los destinos a los que Bernal Hats exporta. Por mencionar algunos: Suiza, Japón, Brasil, Colombia…

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A pesar de esa acogida en otros destinos, la crisis bancaria de 1999 en Ecuador fue un tropiezo para Bernal Hats. Sus proveedores -que son artesanos- emigraron hacia España y EE.UU., y era difícil encontrar manos que elaboraran los sombreros. No obstante, “los retos surgen para fortalecernos y encontramos nuevos talentos con los que aún trabajamos”.

De eso da fe Julia López, quien vende los sombreros campana a esta firma. Destaca la seriedad y transparencia de este emprendedor. Los pedidos crecen o bajan de acuerdo con la temporada, “pero se preocupa, porque tengamos trabajo y pagar bien nuestra labor”.

La relación es positiva con sus proveedores y con clientes. Chris Rodríguez compra cerca de 40 sombreros que comercializa durante el verano (entre junio y agosto) en Nueva York. Hace ocho años conoció el producto por un amigo y lo compró para su tienda de artesanías. “Esta marca tiene acogida por la calidad de su tejido y diseños diferentes”.

Desde el 2009, Bernal apostó por impulsar su producto en el mercado nacional. Desde ese año ha invertido más de USD 15 000 para arrendar tres locales (centro, sur y noreste de Cuenca), en donde exhibe sus creaciones. Además, desde abril pasado se sumó a la iniciativa Rikuna, que agremia a 15 firmas cuencanas de cerámica, chocolate, joyería en plata, vitrofusión, cuero, aluminio...

La presidenta de Rikuna, Silvia Di Rosa, explica que invitaron a Bernal Hats a integrarse por su trayectoria en el mercado y porque su producto, al igual que los otros socios, refleja la identidad cuencana. “La calidad de estos sombreros es excelente y la acogida ha sido igual”.

Teresa García visitó Cuenca en agosto pasado y compró una cartera de paja toquilla y cuero de Bernal Hats. Destaca la calidad del tejido y diseño. “Se suele pensar que los bolsos extranjeros son mejores, pero la artesanía local no tiene que envidiar a otros países”.

En la actualidad, Bernal Hats tiene tres empleados que le dan los detalles finales al producto. Los sombreros campana son comprados a más de 30 artesanos en Cuenca y Montecristi.

Más sobre la firma

  • La calidad. Esta se mide por la cantidad de fibras en cada pulgada. Los sombreros de Bernal Hats tienen entre 13 y 53 fibras por pulgada
  • Los otros productos. Carteras, billeteras, monederos, portacheques, adornos, entre otros.

LA INSIGNIA

'La calidad en un espacio familiar

Verónica Carchipulla / área de prensa

Me desempeño en el área de prensa, es decir, donde se le da forma a los sombreros. Trabajo hace más de un año, y aunque es poco tiempo he aprendido cosas valiosas sobre este oficio. Los sombreros de paja toquilla son una herencia cultural de Cuenca y disfruto aprendiendo sobre su elaboración. Además, me da mucho orgullo que nuestro trabajo sea admirado en 18 países a escala mundial.

La empresa es pequeña y familiar y eso nos hace sentir como en el hogar. El Gerente es amable y eso se refleja en el ambiente laboral que es libre de presiones.

Bernal Hats es una firma en la que prepondera la calidad sobre la cantidad, por eso el trabajo es calmado para hacerlo bien. Eso da la oportunidad de aprender y hacer un buen trabajo.

Un sombrero de paja toquilla de nuestra calidad es una obra de arte. Se necesita tiempo para tejer, teñir, revisar... para que el producto final sea perfecto y los clientes se sientan satisfechos con el producto. Generar ese bienestar en el consumidor es nuestra tarea.