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Según el estudio de Tendencias del Empleo Femenino 2017, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres tienen considerablemente menos posibilidades que los hombres de participar en el mercado de trabajo; es decir, de tener un empleo o de estar buscando un trabajo. Foto: Archivo / LÍDERES

La brecha de género se reduce, pero aún es perjudicial

8 de marzo de 2018 07:13

Las mujeres son una parte fundamental del desarrollo económico de los países . Hoy en día se desempeñan en áreas tecnológicas o científicas y ocupan cargos jerárquicos; algo que hace unos 50 años era difícil de lograr.

Sin embargo, las trabajadoras tienen el reto diario de reducir la brecha de género que está vigente en el mundo laboral.

Según el estudio de Tendencias del Empleo Femenino 2017, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres tienen considerablemente menos posibilidades que los hombres de participar en el mercado de trabajo; es decir, de tener un empleo o de estar buscando un trabajo.

El año pasado, según la OIT, a escala global la tasa de actividad de las mujeres en la mano de obra fue de 49%, un valor 27 puntos porcentuales menos que la de los hombres, y no se espera que aumente para este año.

Para Cristina Cachaguay, presidenta nacional de Mujeres por el Cambio, las mujeres siguen ocupando el segundo lugar en algunas opciones laborales; por ejemplo en carreras técnicas o científicas, que siempre han estado asociadas con los hombres.

Es por eso que la brecha de género no es ajena al Ecuador.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) señala que hasta diciembre del 2017, la tasa de empleo adecuado se ubicó en 49,5% para los hombres y en 32,4% para las mujeres.

La desigualdad de género, que no es exclusiva del campo laboral, se debe principalmente a factores culturales, considera Cachaguay.

La estructura social patriarcal muchas veces desencadena en machismo, el cual somete y limita las capacidades de las mujeres.

Es por ello que muchas no acceden a educación ni a una variedad de opciones profesionales.
Los sectores de la educación, la salud y el trabajo social concentran a más mujeres, seguidos del comercio mayorista y el comercio minorista. Según la OIT, la amplitud de la segregación de género en el ámbito sectorial ha aumentado en un tercio durante los últimos 20 años.

Incluso, cuando la mujer ha tenido la oportunidad de crecer en el mundo laboral, el estereotipo de que debe cumplir ella sola con las tareas del hogar sigue latente. Es por eso que asume más horas de trabajo no remunerado, añade el organismo en su estudio.

Como consecuencia, las mujeres se encuentran en condición de desventaja frente a los hombres. En caso de que sean sus parejas, algunas deben aceptar que ellos las mantengan.

La OIT añade que como resultado de la brecha, dentro de las empresas las mujeres tienen menos representatividad en cargos jerárquicos y los hombres toman decisiones por ellas.

El empoderamiento de la mujer sobre sus capacidades, habilidades y derechos es importante para lo que Cachaguay denomina la “transformación social”.

En este proceso, la educación, que proviene del hogar y la que se imparte en las aulas, juega un papel importante para que los hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades de desarrollarse.

“El 60% de la población universitaria es femenina en el país; sin embargo, este porcentaje se reduce drásticamente al culminar una carrera”, enfatiza Cachaguay; ya que la mujer no tiene el apoyo para asumir nuevos roles, por ejemplo el de madre y profesional.

Además, la OIT recomienda combatir la discriminación dentro del lugar de trabajo, lo que implica trato igualitario y remuneraciones no vinculadas al género.

Las empresas deben enfocarse en el perfil, las competencias y la experiencia de los empleados, señala la consultora en Recursos Humanos, María Elena González.

Para que el cambio sea efectivo, la mujer “debe estar orgullosa de sus capacidades, consciente de sus derechos y dispuesta a denunciar actos que atenten contra su integridad”.

Los gobiernos también tienen un arduo trabajo; primero para retribuir y valorar el trabajo ‘extra’ que realizan en el hogar. Y segundo, para garantizar condiciones laborales dignas y equitativas.

En el 2014, los líderes del G-20 se comprometieron a lograr el objetivo ‘25 para 25’, que implica reducir la desigualdad en las tasas de actividad de los hombres y las mujeres en 25 puntos porcentuales para el año 2025.

Cerrar estas brechas podría generar importantes beneficios económicos para el mundo y mejorar el bienestar de la mujer.

Según el informe de la OIT, el compromiso de los países generaría un crecimiento del 5,3% del empleo mundial.