Arturo Castillo
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Burocracia empresarial, mal necesario

La burocracia, en su forma exacerbada, está ligada a conductas rígidas, esquemáticas, al ánimo obstructivo, al autoritarismo, al perfeccionismo.

Algunos burócratas se solazan en la demora, en el traspapeleo malintencionado; se regodean en la revisión inútil de documentos que han mantenido largamente en su poder, como una forma de control, de chantaje, para darse importancia, aunque ello inmovilice a la organización.

La rectitud que se atribuyen es simplemente rigidez de carácter, imposibilidad para ver las cosas con simplicidad, para trabajar de forma ágil, dinámica.

Los burócratas se le buscan las cinco patas al gato, dominan el arte de la obstrucción, saben cómo frenar las cosas.

El burócrata es un personaje infaltable en toda organización, es un arquetipo que ha existido a lo largo de la historia, escondiéndose detrás de una falsa honestidad, vistiendo un ropaje de persona escrupulosa, obediente de normas y leyes.

Sin embargo, el burócrata atemperado cumple con un papel importante, pues se encarga del orden, del rigor para hacer las cosas; ayuda a conservar las formalidades administrativas.

Él es la memoria de la empresa, el encargado de recordar los compromisos establecidos; es quien aboga por su pleno cumplimiento. Él se conoce las regulaciones y reglamentos.

De otra parte, en el contexto organizacional, algunos procedimientos burocráticos son indispensables, pues sustentan la estructura, dan formalidad a la empresa. No obstante, deben identificarse aquellas tareas que admiten cierta flexibilidad, reconsideraciones y aplazamientos, y aquellas que deben cumplirse a rajatabla.

Cuando no está clara esta distinción, la compañía va a la deriva, sin un ritmo laboral apropiado, sin posibilidades de administrar sus tiempos, sus estrategias.

Puede, también, que la informalidad se haya apropiado de la compañía, que sus trabajadores se hayan habituado al caos organizado; en cuyo caso, una dosis de burocracia puede ser de gran utilidad.

La simplificación de procesos, a expensas de lo sustancial, o el entrampamiento en los dédalos, en la neurosis del detalle, que sacrifica la fluidez de las tareas, son extremos paralizantes.

La revisión periódica de los procesos, del cumplimiento de metas, de las obligaciones legales, permitirá saber si la organización está actuando con oportunidad, con eficacia. Ayudará, además, a identificar nudos, atascamientos, dilaciones, ayudará a moderar el ímpetu burocrático de ciertos trabajadores, que ‘cuelan el mosquito, pero dejan pasar el camello’.

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