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Paula Suárez ha impulsado varios programas en el Banco Mundial. Fotos: Cortesía Paula Suárez

Paula Suárez ha impulsado varios programas en el Banco Mundial. Fotos: Cortesía Paula Suárez

Carolina Enríquez (I)
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Un camino de cambios que derivó en el Banco Mundial

2 de abril de 2018 10:51

“Si tuviera que dibujar con líneas cómo ha sido mi vida haría varios trazos con intersecciones y no una recta”. Esa descripción la da Paula Suárez, una economista quiteña que ahora trabaja en el Banco Mundial (BM), en Washington.

Ella considera que la vida está atravesada por diferentes aristas, por ello no se considera una profesional de la economía “pura”. En su trabajo, por ejemplo, incluir en los análisis cuestiones sociales y ambientales es fundamental.

Estos dos temas están vinculados con sus primeros recuerdos de la infancia. En las sobremesas de la casa siempre se hacía alusión a las conquistas sociales, el desarrollo del movimiento indígena, la salud ciudadana, entre otras.

En esas charlas familiares conoció, a través de su abuela paterna, que su bisabuelo fue Pablo Arturo Suárez, reconocido médico ecuatoriano que contribuyó a esta rama, en el siglo XX.

Se casó con un ecuatoriano y tiene dos hijas; viven en Washington.  Fotos: Cortesía Paula Suárez

Se casó con un ecuatoriano y tiene dos hijas; viven en Washington. Fotos: Cortesía Paula Suárez

Suárez creció como una esponja, absorbiendo todos los conocimientos y experiencias que podía. Incluso, durante su último año de colegio, que lo cursó en EE.UU., aprendió inglés, lo que le permitió, más adelante, alcanzar diferentes logros en su vida.

María José Bahamonde, gerenta Financiera de Exopoflores y amiga de Suárez desde los 14 años, la describe como una mujer que siempre piensa en el bienestar de los demás. Además, considera que es muy analítica y que para tomar decisiones siempre tiene en cuenta la mayor cantidad de argumentos.

Eso, precisamente, fue lo que hizo para decidir qué estudiar. Le gustaba de todo, pero se inscribió en la carrera de Arquitectura de la Universidad Católica. “Cuando estaba en la fila para pagar me di cuenta que no era lo mío y me regresé a la casa. Tuve el apoyo de mis padres para esta decisión”.

Sin embargo, no podía quedarse sin hacer nada y gracias a sus conocimientos de inglés comenzó a trabajar de recepcionista en el Swissôtel. Ahí, de nuevo, le gustaban otras cosas como la hotelería y los negocios; pero apareció la oportunidad de estudiar la licenciatura Multilingüe en Negocios y Relaciones Internacionales.

Sin embargo, la carrera exigía conocimientos de francés. Por ello viajó a Francia un año, trabajó como niñera y aprendió el idioma.

Los estudios siempre han sido importantes para Paula Suárez. Foto: Cortesía Paula Suárez

Los estudios siempre han sido importantes para Paula Suárez. Foto: Cortesía Paula Suárez

Al volver, comenzó la carrera pero al mismo tiempo comenzó a participar en proyectos sociales. Fue en ese momento cuando la luz apareció al final del túnel.

Dejó lo que estaba haciendo y en 1998 empezó a estudiar Economía, donde “su corazón sonrió y fue feliz en esos años de estudio”. Fue la mejor egresada y su desempeño permitió que sus profesores, incluso, le ofrecieran empleo.

Así fue como llegó al Gobierno. Trabajó en el Ministerio de Finanzas como consultora o técnica, en las administraciones de Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacio. Durante el Régimen de Rafael Correa fue asesora en el Ministerio de Energía.

Este trabajo lo desarrollaba por espacios de tiempo determinados, a la par que estudiaba. Pero ella creía que todo estaba sucediendo demasiado rápido en su vida y fue cuando decidió no graduarse en el tiempo que debía sino ir a estudiar en la escuela de Economía de la Universidad de Passau, en Alemania. Volvió a Ecuador y en el 2003, finalmente, se graduó.

Mientras trabajaba, entre el Gobierno y el sector privado, se dio cuenta que a escala de Estado era difícil una redistribución de los recursos sociales porque el Presupuesto ya estaba comprometido y no solo se necesita de la economía, sino que también debe aplicarse tecnología, política y gestión.

Agotada, física y emocionalmente, decidió estudiar un posgrado. Aplicó a Harvard, la aceptaron, estudió y obtuvo su máster en Desarrollo Económico y Administración Pública.
Pero el fin de esta época no significó una despedida de EE.UU. Se casó con un ecuatoriano que desarrolla un proyecto en ese país y se fue a vivir a Washington. Allí, gracias a los contactos que obtuvo durante su paso por el Gobierno, conoció de una vacante en el Banco Mundial (BM), a la que accedió hace ya ocho años.

Allí ha desempeñado diferentes actividades, incluso como oficial de Programas de la oficina del Presidente de la entidad. Ahora, es economista asistente especial del Director Sénior y jefa de despacho. “Hoy estoy trabajando en una intersección”, entre la gestión pública y la aplicación de beneficios para el desarrollo de las naciones.

Melanie Walker, asesora sénior del presidente del Banco y exjefa de Suárez, la describe como una persona extraordinaria. Mientras que Leonardo Intriago, uno de sus amigos en la universidad destaca su coherencia entre las ideas que expresa y cómo actúa en cada momento. “Es una persona solidaria, que actúa con bondad”.

Los datos

Actividades. A los 26 años ya participaba en reuniones de Gabinete. Es miembro de una red global multidisciplinaria que se llama Transformation Thinkers y otra que se llama Global Diplomacy Lab, espacios de encuentro.

Familia. Para casarse el sacerdote le pidió miles de dólares horas antes de la boda. Se negó y se casó en una ceremonia celebrada por unos tíos. 


Un banco que busca reducir la pobreza

El Grupo Banco Mundial es una asociación en la que cinco instituciones trabajan para reducir la pobreza y generar prosperidad compartida en los países en desarrollo. Está conformado por 189 países miembros; con personal de más de 170 países y oficinas en más de 130 lugares.

Su misión, según su página web, es reducir al 3% el porcentaje de las personas que viven con menos de USD 1,90 al día en el mundo a más tardar en 2030 y fomentar el aumento de los ingresos del 40% más pobre de la población en todos los países.

La entidad está integrada por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, la Asociación Internacional de Fomento, la Corporación Financiera Internacional, el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones y el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones.

Paula Suárez explica que entre 2016 y 2017 la institución desarrolló un proyecto, para ponerlo en marcha intra muros, que se llama Agile. “Pensamos cómo aplicar en el banco la misma reforma institucional que se hace en los países. Cómo ser una institución que trabaja mejor, que es menos burocrática, donde la gente trabaja feliz y donde aplicamos el desarrollo de manera más flexible y adaptativa”.

Agile, dice Suárez, tiene intersecciones al igual que su vida. En su carrera en el banco la ecuatoriana también se ha desempeñado entre la política, la economía y la gestión.
Otro de los proyectos en los que ha trabajado es ver cómo un país puede utilizar la información que tiene en su sistema y aplicarla para el desarrollo.