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Redacción Quito
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En una casa centenaria se unen el reciclaje y la gastronomía

El arte en reciclaje y la gastronomía se fusionan en un solo lugar: La Cuchara de San Marcos. Esta iniciativa de la familia Criollo, situada en el centro de Quito, consiste en un espacio cultural que integra la artesanía y los alimentos.

En una casa de arquitectura colonial de inicios del siglo XX, ubicada en el barrio de San Marcos, se ofrece este servicio desde diciembre del 2011. Allí se ofertan artículos realizados con materiales reciclados como llantas viejas, CD, papel, cartón, botellas de plástico, discos de acetato…. En La Cuchara de San Marcos, unos 20 artesanos exhiben desde marzo productos como carteras, taburetes, joyas, máscaras... Para estar allí, ellos deben aportar al proyecto con el 20 % de la venta de cada uno de sus productos.

La gerenta de esta iniciativa es Lorena Criollo. Ella destaca que el lugar es una vitrina para que los artesanos expongan sus productos. Además de la galería, el espacio cuenta con un complemento gastronómico. Un restaurante, ubicado en el mismo sitio, brinda al consumidor platos con alimentos orgánicos, además de una propuesta vegetariana gourmet. Los precios oscilan desde los USD 6 hasta los 12.

La inversión provino del patrimonio de la familia Criollo. Cerca de USD 20 000 fueron utilizados para abrir las puertas de La Cuchara de San Marcos.

El local tiene un espacio de 500 m² y es arrendado. La inauguración de este negocio, el pasado12 de abril, permitió que un promedio de 15 artistas se reúnan, den a conocer sus productos y compartan experiencias con todos los invitados.

Gabriela Martínez es representante de la marca ‘Quinde’. Ella, junto a dos colaboradores, elaboran máscaras con cartón y plástico desde hace un par de años; se comercializan entre USD 8 y 10.

Habitualmente venden sus productos en ferias. Ahora, dice Martínez, cuentan con un nuevo espacio para promocionar su trabajo y quieren dejar un mensaje para que los consumidores sean responsables con el ambiente. “Las cosas desechadas pueden servir como materia prima”.

Bisutería fabricada con discos compactos sin uso es otra de las opciones que se encuentran en este lugar. Wilma Buitrón y Antonieta Vizueta son amigas y arrancaron su negocio en el 2010. Cada mes diseñan unas 15 piezas de joyas.

Cristina Criollo también forma parte de este proyecto y combina sus tareas con la dirección de la Fundación Climambiente. Ella, quien contactó a los artesanos, cree que el reciclaje es una buena opción donde se combina el arte con el apoyo a los emprendedores. Dice que estos productos deben ser susceptibles de exportación, con precios considerables en el mercado.