Empleados atienden en el local de Cumbayá (foto superior). La nueva planta de producción de la firma está ubicada en Tumbaco (nororiente de Quito).
Redacción Quito
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Cassolette aplica un toque gourmet a los alimentos caseros

Esta empresa nació hace 11 años en Quito. Actualmente, su marca se posicionó y ya cuenta con cuatro locales en la ciudad.

En cada hogar, la comida tiene sus secretos y encantos. Todos en algún momento hemos exclamado: "¡nadie lo prepara como mi mamá!".

Pero, para Juan Cristóbal y María Pía Lira, las recetas en su casa no solo eran buenas. A finales del 2002, estos hermanos creían que las preparaciones de su madre, María Correa, tenían tanto potencial que podrían comercializarse.

Y no se equivocaron. 11 años después, la tradición familiar de elaborar 'cheesecakes', pastel de choclo o ensaladas se convirtió en una marca que se ha posicionado en el mercado de alimentos preparados en Quito: Cassolette.

Con una inversión inicial de unos USD 16 000, el publicista y la bachelor en Artes Liberales, adquirieron equipos de cocina, materias primas y alquilaron un pequeño local en Cumbayá (nororiente de Quito).

Así nació Cassolette -que significa cazuela en francés- con la propuesta de comida casera para llevar. El concepto lo tomaron de negocios que tenían éxito en Chile; en esa época, ese era un nicho no explorado en el país.

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El primer punto de venta tenía una dimensión aproximada de 35 m². Contaba con una cocina, el sitio para despachar los alimentos y dos mesas. En ese entonces, el único objetivo era entregar los pedidos para llevar y no atendían a comensales en el lugar.

Desde el principio definieron su target como personas de clase media alta de Quito. Ello, debido a que luego de la crisis que atravesó el país, a finales de la década de 1990, este segmento presentaba mayor estabilidad y era ideal para consumir su portafolio de productos. El negocio tuvo aceptación. De a poco, ganaron popularidad entre los clientes gracias a sus postres. Sin embargo, el margen de ganancias era reducido.

Los hermanos, más un empleado que trabajaba en la cocina, se encargaban de todo el negocio. Incluso Diego Dumet, amigo de Juan Cristóbal, fue un colaborador improvisado de Cassolette.

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Entre una de las anécdotas que recuerdan los propietarios es que a Dumet, gracias a su confianza y gran amistad, le pagaban con un postre o el plato que eligiera por su contribución. Pero a finales del 2004, Dumet se convirtió en socio de Cassolette. Este publicista quien trabajó para varias agencias del país, decidió apostar por el emprendimiento.

El siguiente año, la firma buscó expandirse. Los emprendedores se arriesgaron y llevaron su marca a Quito. El sector elegido fue la av. González Suárez (norte de la ciudad). Con una inversión de USD 20 000, que obtuvieron de los beneficios de su local de Cumbayá, abrieron la nueva sucursal.

En ese sitio, implementaron la primera motocicleta para el servicio a domicilio (ahora son 16) y también agregaron mesas, debido a que los oficinistas buscaban servirse sus pedidos en ese instante.

El nuevo punto de venta ayudó a la consolidación de la empresa. En el 2006, con USD 15 000, Cassolette abrió otro local en el sector del Quito Tennis (norte), y en el 2007 se constituyó como compañía anónima. En ese año también María Pía Lira dejó la sociedad.

En mayo del año pasado, Mall El Jardín le propuso estar en su patio de comidas. La firma accedió y con un monto de USD 40 000 abrieron un local express.

Hace tres semanas inició las operaciones de su nueva planta, ubicada en Tumbaco (nororiente), que se encarga de las preparaciones de toda la cadena. Con un costo de unos USD 50 000, este lugar triplicó la producción de Cassolette. Semanalmente se cocinan 5 000 porciones de postre y 1 500 de alimentos de sal.

Ahora, entre los nuevos objetivos de la empresa está llegar al mercado corporativo, como hoteles y restaurantes.

Pamela Ponce, diseñadora de muebles e interiores, es clienta de Cassolette desde sus inicios. Ella asegura que la calidad de los alimentos se ha mantenido desde que empezaron. Al ser una compradora frecuente, los propietarios siempre le preguntan cómo estuvo la comida y el servicio. "Ese es un valor destacable", añade.

Diego Jarrín, publicista, señala que Cassolette es una marca con prestigio. Entre sus favoritos están los postres y las ensaladas. En ello coincide Antoinette Cook, dedicada al turismo, quien degusta sus platillos desde hace 11 años.

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El insignia

Carlos Eras  / Jefe deLogística y Control de Inventarios

'Fui un testigo de crecimiento'

Llegué a la empresa hace unos cinco años. En este tiempo he podido presenciar como creció la empresa, tanto en puntos de venta como en compradores corporativos.

Ahora Cassolette es un nombre reconocido; sus platos son buscados y valorados por los clientes en Quito.

Me encargo de que se ejecute la producción en la cocina; hago las compras y también soy el responsable de que los alimentos lleguen a todos los locales.

Todo este tiempo ha sido de constante aprendizaje, ha sido enriquecedor trabajar para Cassolette. Mi aporte para la empresa es trabajar con empeño, responsabilidad y ponerle ganas cada día para cumplir nuestros objetivos.

Mi jornada empieza a las 06:00, con los despachos de productos, y termina a las 17:00. El ambiente de trabajo es bueno, existe compañerismo en todos los momentos. Compartimos y bromeamos con el equipo en los ratos libres y en las horas de almuerzo.