Gabriel Rovayo y parte de los libros que guarda en su oficina de la UEES. Foto: Mario Faustos / LÍDERES

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Alexander García
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Los clásicos y la relectura marcan a este académico

2 de mayo de 2017 14:40

Su interés por la literatura clásica es de vieja data. Cuenta que le recomendaron leer clásicos como una fórmula para hablar bien y escribir mejor, un tema crucial en su carrera porque además de dictar clases de finanzas escribe artículos para revistas y es autor de dos libros.

Gabriel Rovayo, director general del ESAI Business School de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, le tomó el gusto a los clásicos. Menciona a ‘Los miserables’ de Víctor Hugo, ‘Crimen y Castigo’ de Fedor Dostoievsky, u ‘Otelo’, de Shakesperare.

Ese interés devino luego en el placer de la relectura. Le gusta releer a autores como el estadounidense Ernest Hemingway (1899-1961). “Me gusta la manera de hacer descripciones tan exactas de los entornos y la personas. Su forma de narrar hace que uno se sienta parte de la historia”, dice.

Entre los autores más contemporáneos que sigue, está Haruki Murakami. “Me interesó el fenómeno detrás de un japonés que es capaz de escribir para un público universal”, apunta.

Rovayo comenzó leyendo de niño las colecciones de clásicos que marcaron a toda una generación, las series de Julio Verne, Emilio Salgari, Jonathan Swift, historias de aventuras “que hacían despertar la imaginación y soñar con otros mundos”. La literatura del ‘boom’ latinoamericano y temas científicos, desde Carl Sagan hasta Isaac Asimov, marcaron también sus intereses.

Lee mucho temas de sobre emprendimiento, innovación, empresas y negocios, tanto por su trabajo como consultor empresarial como por las cátedras que imparte en la Escuela de Negocios. Recomienda los libros de colegas profesores como el español Pedro Nueno, el argentino Lorenzo Preve o el estadounidense Nitin Nohria, el décimo y actual decano de Harvard Business School.

“Con Nohria tengo una linda anécdota, cuando le obsequié mi libro ‘Las 10 claves de un directivo exitoso’ me dijo: ‘Gabriel, enseña a los directivos a ser humildes’, es una de las grandes lecciones de la crisis financiera mundial”, dice el catedrático, también autor de ‘Finanzas para directivos’.

Le interesa toda una corriente de publicaciones que destacan el nuevo rol del CEO (Director o Presidente Ejecutivo) o del Director Financiero. Es un perfil que está en permanente cambio, ya no es el tipo que está encerrado en un cuarto, sino que sale a la calle, acompaña al gerente, toma decisiones, tiene más contacto con la gente y es más humano.

“El financiero generalmente se puede hacer una persona muy dura, porque solo ve costos y no personas”, reflexiona quien fue director del IDE Business School en Guayaquil, durante 14 años. Y está muy de moda que para ahorrar coste, hay que separar a empleados. “Suele ser un error, formar a una persona toma muchísimos años, y mucho más si la has capacitado, si entiende la filosofía de la empresa y la reemplazas por una persona que vale un cuarto o la mitad. Es la decisión más fácil y tonta. A veces por querer deshacerte de la ‘grasa’, terminas deshaciéndote del ‘riñón’”.