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Arturo Castillo. Profesor de yoga y especialista en temas de Recursos Humanos
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Clave para la productividad con alma

El pasado 11 de diciembre, la Asamblea General de la ONU determinó que cada 21 de junio se celebrará el Día Internacional del Yoga. La iniciativa de la India, cuna de esta milenaria disciplina, tuvo el apoyo de 170 países. Se trata de un reconocimiento global para esta práctica, “que ofrece un enfoque holístico de la salud y el bienestar”, por lo que “sería beneficioso para la salud mundial”, resalta el acuerdo.

Hay que recordar también que la OMS ha catalogado al yoga como una técnica alternativa de salud, útil para el manejo del estrés laboral, particularmente.

A partir de algunas conclusiones médicas, que determinan que el yoga incide favorablemente para la curación de dolencias físicas y mentales de diverso orden, empresarios de los países industrializados han mostrado un creciente interés no solo por el yoga sino por el pensamiento oriental en general, cuya visión de la vida permite hallar un perfecto equilibrio entre la materia y el espíritu, entre las demandas de la sociedad y la necesidad de hallar un sentido trascendente para la propia existencia.

Desde la mirada pragmática de la sociedad occidental, el yoga ha sido adoptado como una herramienta que ayuda a elevar los niveles de energía, a desarrollar atención plena, enfoque mental, equilibrio emocional y físico, serenidad y mayor capacidad para tolerar las frustraciones, para interactuar con empatía, con lo cual, la productividad laboral se acrecienta significativamente.

No en vano, centenares de empresas estadounidenses han hecho del yoga parte de su cultura organizacional. Compañías como Google, con su programa estrella ‘Search Yourself Inside’, que cuenta con la participación activa de más de 1 000 trabajadores; General Mills, fabricante de los productos Cheerios; Aetna, una de las aseguradoras de salud más grandes de Estados Unidos, que inició sus programas de yoga para sus empleados en el 2010, gracias a la iniciativa de su CEO, Mark Bertolini, él mismo un practicante asiduo. Sus 3 500 empleados disponen de espacios ideales para el relajamiento y la introspección, donde son también acogidos los clientes de la compañía.

De su parte, Silicon Valley vive plena ebullición espiritual con su conferencia anual ‘Wisdom 2.0’, a la que concurren miles de programadores, tecnólogos y ejecutivos de Facebook, Twitter y LinkedIn, dispuestos a intercambiar experiencias y claves sobre cómo mantenerse relajados y serenos en la era digital.

El hecho es que un creciente número de compañías, del más diverso género, se esfuerzan por crear condiciones de trabajo más distendidas, donde las manifestaciones espirituales armonicen con el afán de ganancia de los inversores.

Técnicas como ‘Mindfulness’, que combinan posturas de yoga, ejercicios respiratorios y de meditación, hacen parte de la rutina de compañías que han hallado una auténtica veta para que sus colaboradores no solo aprendan a lidiar con las presiones y el estrés, sino que sean capaces de funcionar en su máximo potencial, experimentar satisfacción laboral, un sentimiento de autorrealización.

De otra parte, Walter Isaacson, el biógrafo de Steve Jobs, en un inspirador artículo aparecido en la revista Harvard Business Review, titulado ‘The Real Leadership Lessons of Steve Jobs’, se refiere a la influencia que la meditación zen tuvo sobre el mítico personaje.

En el círculo íntimo de Steve Jobs se sabía que su extraordinaria capacidad de enfoque y su tenaz carácter, su poder visionario y creativo, su habilidad para inspirar, estaban ligados a su proceso espiritual, que empezó en su juventud con un retiro espiritual en la India, donde se familiarizó con el budismo. Además, durante décadas, Jobs mantuvo amistad con Kobun Chino Otogawa, maestro zen, a quien nombró el asesor espiritual de Apple.

Sin lugar a dudas, en la esencia de ‘Think Different’ estaba la impronta de la disciplina Zen de Steve Jobs, y Apple era su propio reflejo.
En el otro extremo están las organizaciones que tienen como único objetivo el éxito financiero. Compañías que generan ambientes de trabajo hostiles y de malsana competencia, donde la extenuación y al tedio son el pan de cada día.

La falta de perspectiva y de cultura espiritual, el exacerbado apego al dinero, la ausencia de un sentido humano en el trabajo, impiden que esos exitosos modelos, basados en la satisfacción y el equilibrio, se apliquen en nuestro medio. En el mejor de los casos, la llamada bailoterapia es una estrategia de ‘desfogue’ que adoptan algunas compañías.
Así, los trabajadores seguirán bailando al ritmo que les toquen...