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Carlos Rojas A. - Editor Político EL COMERCIO
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Conaie, diálogo y elecciones

Esta vez no hubo mesa de diálogos. Y el presidente Rafael Correa no es el único responsable de que tras las nutridas marchas del jueves pasado en Quito, la Conaie y el Gobierno no se hayan tomado la foto de rigor en Carondelet. Su discurso (fueron varios los que dio en los últimos días) de confrontación y cuestionamiento al espíritu de la Marcha por la vida abonó para que la hostilidad se mantuviera, pero nada más. Es a la dirigencia indígena la que un proceso de diálogo, al estilo de los que se entablaron desde 1990, no le convenía.

La Conaie en particular se ha caracterizado por sus tácticas políticas bien trazadas, meditadas y ejecutadas con total paciencia, porque sus calendarios siempre van con más demora que la de los políticos convencionales. Y como ahora su interés es retomar la conducción de la movilización social, volver a las mesas de diálogo como las que encabezaron a su tiempo Luis Macas, Miguel Lluco, Antonio Vargas, Ricardo Ulcuango, Leonidas Iza, es políticamente un factor de desgaste.

Se viene un año electoral y la Conaie tiene que alimentar un discurso crítico ante quien detenta el poder. En las urnas es la única alternativa que le queda para poder sobrevivir en unas elecciones que tomarán el pulso de un Ecuador cada vez más polarizado. Si se hubiesen anunciado, con bombos y platillos, las mesas de diálogo, los indígenas corrían el riesgo de abrir un espacio de negociación que, por los propios intereses electorales del Gobierno, podía llegar a soluciones rápidas. Una época electoral demanda confrontación y la Conaie tejió la agenda política de su campaña.