Saber escuchar y observar ayudará a influenciar sobre el resto en la oficina. Ilustración: Getty Images / EL COMERCIO (gda)

Foto: Archivo LÍDERES

Diario La Nación de Argentina
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Convivencia en la oficina Y: diversidad, mano blanda y comunicación fácil

22 de junio de 2015 09:09
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Ningún jefe se va a extrañar si hoy un empleado le avisa por un mensaje en WhatsApp que está enfermo. Menos si ese colaborador solo se saca un auricular para responder mientras de reojo sigue atento a la pantalla, o si en una charla informal le revelan un nuevo romance dentro de la oficina.

Y, seguramente, ese jefe se valga de un intercambio más horizontal con su equipo de trabajo, lejos de un estilo ‘mano dura’ de liderazgo. Es que del otro lado, sobre todo si se trata de empleados nacidos a partir de la década de los ochenta, esperarán de él y de la organización para la que trabajan flexibilidad, transparencia y horizontalidad.

En la última década la oficina cambió. Se modificaron el comportamiento y las relaciones de sus miembros al ritmo de las transformaciones sociales: la conectividad, la globalización, el paulatino derrumbe de tabúes y el ingreso en el mundo laboral de las nuevas generaciones, con sus propias costumbres y valores.

Como dice el experto y autor del libro ‘Historias y mitos de la oficina’, Alejandro Melamed, estas nuevas generaciones -hoy los Y, mañana los Z-, inspiradas en lo vivido en sus propios hogares y por el desarrollo de las sociedades, traen valores como la democratización de las decisiones, la diversidad, el disfrutar de la vida más allá del trabajo o el cuidado del medioambiente y la salud.

Para Alejandro Mascó, socio consultor de Human Brand y autor del libro ‘Los 7 mitos capitales’, esta generación supo relacionarse con sus padres de una forma más cercana, diciendo lo que piensan y esperando lo mismo de los demás.

Es cierto que no todas las empresas y organizaciones han adoptado estos cambios y algunas los han motorizado por un ­marketinero “deber ser” o con la idea de dar flexibilidad para conseguir más productividad.

La oficina y el amor son compatibles

En su libro, Melamed derriba ciertas creencias instaladas sobre el amor y el trabajo: eso de que son incompatibles, que solo se da en casos especiales, que siempre se ocultan o no son auténticos. “El amor dentro de la organización no es ni bueno ni malo. Lo que puede ser bueno o malo es el modo cómo se aborda, el impacto que tiene, las consecuencias que produce”.

En ese sentido, Harry Campos Cervera, médico psiquiatra de la Asociación Psicoanalítica Argentina, advierte que si bien es esta una cuestión que se ha liberalizado, no deja de tener su costado conflictivo: casos en los que se rompe la pareja y siguen trabajando juntos, o el manejo de información confidencial, o mantener la imparcialidad en el trato con la pareja frente a los empleados.

La diversidad, un valor incorporado

Para el lanzamiento del libro ‘Los 7 mitos capitales’, Mascó reu­nió a chicos de la generación Z -entre 5 y 17 años- y les preguntó: ¿qué es la diversidad? La respuesta fue otro interrogante: “No entiendo, ¿cómo la diversidad?”. Claro: se lo preguntaban a chicos de una generación que no comprende el concepto de diversidad como un ideal a alcanzar, sino que la vive a diario. “Es parte de su historia. Lo diferente es parte de su vida cotidiana. Y esto va generando cambios -dice Mascó-. El gran desafío es generar espacios laborales que sean un reflejo de esto”.

La directora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE, Patricia Debeljuh, señala que si bien se tiende a asociar el concepto con la discusión de los roles de varones y mujeres, es un término mucho más amplio. “Cuando en las empresas hablamos de diversidad nos referimos al compromiso de contar con todos los componentes visibles (edad, raza, sexo) e invisibles (idioma, experiencia profesional y religión, entre otros) del capital humano”.

La ética: del discurso a la práctica


Es un hecho: cada vez más gente quiere trabajar en organizaciones que se comprometan con el otro, con el medioambiente y, por supuesto, con ellos mismos. Y en este cambio del paradigma laboral, el concepto de ética vuelve a entrar en juego. “La ética debe visualizarse y expresarse en cada acto, en cada situación, en cada interacción. Primero, con el trato con los empleados, luego con sus proveedores, clientes, el Estado, el medioambiente, la comunidad. No es la ética teórica sino la ética de poner en práctica todo lo que se predica”, dice Melamed. 

Debeljuh compara a la ética con el aire: uno se da cuenta de lo importante que es cuando falta. “Por eso, en contextos de confusión, de relativismo, de escepticismo, de corrupción, la gente se replantea si todo da igual, si existen parámetros objetivos que guían el comportamiento”, dice. Un replanteo que cada vez más tiende a materializarse en demanda.