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Édgar Curipallo y Marco Benavides son los fundadores de Farbio Pharma. La planta de se encuentra en la vía entre Sangolquí y Píntag, al oriente de Quito. Foto: Vicente Costales / LÍDERES

Édgar Curipallo y Marco Benavides son los fundadores de Farbio Pharma. La planta de se encuentra en la vía entre Sangolquí y Píntag, al oriente de Quito. Foto: Vicente Costales / LÍDERES

El crecimiento se basa en cuatro líneas productivas

14 de diciembre de 2016 11:01

Lejos del ruido urbano, pero a pocos metros de la autopista que conecta Sangolquí con Píntag y Pifo, en el oriente de Quito. Allí se encuentra la planta de producción de Farbio Pharma, una empresa del sector químico que apuesta, desde sus inicios por la investigación y la innovación.

Al llegar al lugar, los visitantes se encuentran con un portón metálico y un muro. Luce como una industria promedio, pero al recorrer sus instalaciones se advierte que no se trata de una empresa común.

Las normas de seguridad son estrictas y los laboratorios lucen impecables. Nada se deja al azar, desde los sistemas de ventilación, los niveles de luz, la pintura utilizada, la indumentaria que visten los técnicos y otros elementos tienen una razón de ser. Si alguno falla, la producción de los fármacos corre riesgo.

La empresa nació en el 2000, cuando el país entraba al sistema monetario dolarizado, luego de un shock financiero y social. Édgar Curipallo y Marco Benavides, compañeros de aulas en la Universidad Central del Ecuador, empezaban lo que hoy es un negocio que gana mercado en el país, así como en Centroamérica.

La primera línea se enfocó en la elaboración de medicinas para el sector veterinario. La inversión inicial fue de USD 100 000 que llegaron de recursos propios, así como de préstamos bancarios.

Hoy, 16 años después, la empresa muestra su crecimiento sostenido. A la primera línea se han incorporado tres más: cosméticos, insumos agrícolas y medicina humana. Para esto la investigación y la innovación resultaron fundamentales, según explican Curipallo y Benavides, gerente y presidente de la empresa.

La clave está en el equipo profesional con el que cuenta la firma, en el que se encuentran 22 técnicos especializados en el área de bioquímica y farmacia, así como nueve veterinarios.
Un hecho que marcó el camino de la empresa se dio entre el 2009 y el 2010. Por motivos externos, en ese período el país sufrió una especie de estancamiento, explica Curipallo y la empresa lo sintió: la facturación se estancó en dos millones de dólares.

“Decidimos entonces no poner todos los huevos en una misma canasta”, detalla el gerente. Así arrancó una planificación estratégica: empezó con la producción para los sectores agrícola y cosmético, para luego llegar a la medicina humana. Con estas cuatro líneas de negocios la meta es facturar USD 16 millones en 2019. 

Con las nuevas líneas llegó la apertura de mercados. Hoy, la empresa farmacéutica exporta a Bolivia, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Honduras. Del total de ventas de este año, que se calcula en USD 8 millones, cerca de 500 000 corresponden a los envíos al exterior.

Además, la compañía está en planes de llegar a México, así como a Tailandia, en el mercado asiático (ver puntuales).

Según los representantes de la empresa, exportar es una herramienta que funciona, no solo por las divisas que ingresan, sino porque al topar otras puertas se abren oportunidades, se conocen nuevos modelos de negocios y en general se constituye en un aprendizaje, algo muy útil para ser competitivos en el extranjero.

En el mercado centroamericano, la línea con mayor potencial en la actualidad es la del sector veterinario. Allí la clave para el crecimiento está en el tipo de fármaco que oferta la firma. “En veterinaria por lo general la infección va acompañada por la inflamación, por lo que se necesitan dos pinchazos y eso estresa al animal. Nosotros unificamos el antibiótico y el antiinflamatorio en un solo medicamento. Esa innovación nos abrió las puertas”.

Marco Benavides se muestra satisfecho con los logros alcanzados por la empresa. Para él, la clave está en la constancia, el esfuerzo y la visión de largo plazo. También, destaca el nivel de los profesionales que tiene la empresa, así como la capacitación constante que recibe todo el personal. “Todos estos elementos nos permiten competir con calidad y nos abre las puertas de nuevos clientes en el país y en el extranjero”.

Las inversiones son otro eslabón crucial. Desde el 2011 Farbio Pharma ha invertido USD 9 millones en temas como certificaciones de buenas prácticas de manufactura, maquinaria de punta, capacitación... “La idea es afianzarnos para que la compañía tenga una estructura solida”.