Santiago Ayala Sarmiento / Redacción Quito
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¡Que se cuiden los perros y los gatos porque llegaron las ranas-mascota de Wikiri

La ranita está dormida. Parece un ‘gummy bear’, por su consistencia, tamaño y color. Pero es aún más encantadora, porque está viva, es más translúcida y ¡es ecuatoriana! Sus padres adoptivos, en la empresa Wikiri, la llaman “rana de cristal”, porque a simple vista se puede ver cómo funcionan todos sus órganos internos. Mirar el palpitar de su corazón, enamora...

Ella no está todavía en el menú de la oferta exportable de la compañía, que desde hace un año envía cientos de ranas de cinco especies distintas hacia mercados como Alemania, Holanda, Canadá, Reino Unido, Japón y EE.UU. El objetivo principal, por ahora, de las ocho personas que trabajan en el centro de operaciones de la firma, es evitar que se extinga.

Para lograr que esta y otras 150 especies nativas no desaparezcan para siempre, se creó la firma Wikiri, a finales del 2010, nombre elegido en honor al canto de una rana del oriente del país. Según su gerenta general, María Dolores Guarderas, es el brazo financiero del Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios de la Fundación Otonga.

“Es una empresa de científicos. Y nació, porque conseguir recursos económicos para hacer ciencia y hacer investigación en el Ecuador, es muy difícil. Por ello, creamos una forma innovadora para conseguir recursos. Así, captamos el dinero requerido para financiar la investigación científica, la conservación de las especies y la educación de niños y jóvenes”, explica.

La tarea no empezó tan alentadoramente. Los científicos que lideran el proceso, Luis Coloma y Juan Manuel Guayasamín, y que son accionista de Wikiri, tuvieron discrepancias con la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, por la comercialización de 700 anfibios.

Pero tras el tropezón, los esfuerzos se encaminaron a conseguir todos los permisos necesarios de las autoridades ambientales, tanto nacionales como internacionales. De esta manera, hace un año, finalmente el Ministerio del Ambiente otorgó todos los avales para la comercialización de las ranas. Y con su venia se enviaron los primeros lotes de anfibios: 500 hacia Alemania y 200 a Canadá.

El envío es cuidado al máximo. Cada rana va en un contenedor plástico especial, envuelto con papel absorbente para conservar la humedad. 60 de estos contenedores se colocan en un ‘cooler’ de espumaflex. Y luego se lo sella en una caja de cartón, con los sellos y permisos respectivos. En el avión, se los coloca en el área especial destinada para las mascotas.

Desde la primera venta hasta hoy se han vendido entre 200 y 500 ranas al mes.

¿Cómo se garantiza que las ranas no sirvan para otros fines, como experimentación química, por ejemplo? Traffic, organización que monitorea a escala mundial el comercio de vida silvestre y que tiene oficina en el país, se encarga de ello.

La venta dentro del país tiene una estrategia diferente: se venden los terrarios (hábitat de las ranas, similares a los acuarios de los peces) y se regala la rana. Hay para todos los gustos. El Municipio, por ejemplo, adquirió uno de 3 metros de largo, por 2 metros de ancho y 1 metro de profundidad, que costó USD 20 000.

Pero el proyecto de Wikiri no se queda allí. Próximamente abrirá un espacio dentro de sus instalaciones ubicadas en San Rafael, en el valle de Los Chillos, al sureste de Quito, adonde las personas podrán ir a vivir la experiencia de ver las ranas y de compartir su entorno. “Hay todo un trabajo de investigación y cuidados de altísima calidad y queremos que la gente tenga conciencia de la biodiversidad que existe en nuestro país y se sienta orgullosa de tenerlo y de conservarlo”, dice Guarderas.

Pero, por lo pronto, la lista de potenciales compradores está creciendo. Y, si el viento sigue soplando a favor, quizás algún día la ranita ‘gummy’ también pueda ser parte de los hogares en el mundo.

EL INSIGNIA

'Este trabajo es de pura pasión'

Diego Almeida / biólogo herpetólogo

Yo siempre he trabajado con anfibios y con instituciones que hacen conservación. Siempre me gustó la naturaleza. La afición hacia las 'ranitas' me nace en las aulas universitarias; y luego me vinculé a Wikiri, donde he visto el trabajo de altísima calidad que realizan los científicos.

Hoy, estoy encargado directamente en el manejo de las ranas. Estoy a cargo del trabajo de conservación y de mirar que se hagan bien las cosas. El protocolo que seguimos acá es igual, tanto para la conservación como para la comercialización, tienen las mismas exigencias de calidad.

Hay que estar siempre pendiente del mantenimiento de las ranas; es decir, su alimentación, la limpieza de los terrarios, ver la evolución de los renacuajos y las actividades de laboratorio para alimentar la base de datos digital. También diseño de terrarios, los ambientes, las estructuras internas. Llego a las 08:30 y puedo irme de largo, porque este trabajo es mi pasión.