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Arturo Castillo. Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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Culpable, lo dice una máquina

'Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo', sabia frase de José Ortega y Gasset, que no solo exonera al ser humano de los sentimientos de culpa arraigados en la cultura, sino que, además, deja claro que la infalibilidad es ajena a la naturaleza de los seres humanos.

De otra parte, si es cierto que estamos aquí, en el mundo, para evolucionar, debemos admitir que ello solo es posible mediante el aprendizaje de nuestros desaciertos. Contradictoriamente, el mundo es fóbico a los errores, al punto de estigmatizar a quienes se equivocan.

El mito de la perfección condena irreversiblemente a muchísimas personas. En ese sentido, el pasado puede constituir un peso aplastante, aunque la vida presente del sujeto sea ejemplar, satisfactoria para sí mismo. Así, las equivocaciones personales y profesionales pueden marcar indeleblemente al individuo, al grado de hacerle perder valiosas oportunidades.

Eso se confirma con las pruebas de polígrafo que aplican algunas empresas. El sofisticado aparato no registra como 'prueba superada' situaciones como abuso de drogas, alcoholismo, enfermedades, conflictos diversos en trabajos anteriores, aunque la persona se haya redimido de sus culpas.

Será difícil, si no imposible, convencer a la empresa contratante que esas fueron 'locuras de juventud', que ahora, con la madurez que dan los años, él es ahora un trabajador confiable, una excelente persona en todos los ámbitos.

No deja de ser un acto de osadía, o de ingenuidad, someterse a la prueba del polígrafo a sabiendas de que el pasado aflorará, que la indiscreta máquina dejará al descubierto secretos guardados.

Desde otra perspectiva, se trata, en rigor, de un acto intencionalmente malicioso, puesto que se sabe perfectamente que no hay ser humano sobre la faz de la tierra que no tenga algún tema oscuro en su vida, algo inconfesable.

La prueba del polígrafo no deja de ser un juzgamiento moral, auspiciado por empresas conformadas por personas, muchas de las cuales no quisieran experimentar ese miedo paralizante de confesarse con un frío aparato.

  • "El sofisticado aparato no registra como prueba superada situaciones como abuso de drogas o alcoholismo".