Maracuya

En la provincia de Santa Elena, la empresa Ecuanatropics S.A. cultiva hace tres años la fruta de la pasión en una extensión de 50 hectáreas y genera alrededor de 70 plazas de trabajo. Foto: Gabriel Proaño para LÍDERES

Evelyn Tapia (I)
redaccion@revistalideres.ec
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El cultivo de maracuyá necesita tecnificarse

21 de June de 2015 17:02

La fruta de la pasión, que en Ecuador se cultiva sobre todo en Manabí, Esmeraldas, Los Ríos y Guayas, tiene una alta demanda en EE.UU. y Europa, con énfasis en Países Bajos, por el concentrado sabor ácido que en estos países es considerado “exótico”.

Más conocida como maracuyá, esta fruta es cultivada principalmente por pequeños productores, pues el 80% de los casi 6 800 agricultores que se dedican a esta actividad está en ese rango.

Aunque Brasil es el mayor productor de la fruta, Ecuador lidera la exportación de Latinoamérica, debido a que el ‘gigante de la región’ destina la mayor parte de su producción al consumo local.

De acuerdo con los últimos datos del Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca (Magap), hasta el 2012 se contabilizaron 4 286 hectáreas de cultivo de maracuyá, o ‘passiflora edulis’.
Alberto Santos, ingeniero agrónomo que se dedica a investigar el maracuyá desde la época de los setenta, cuenta que la tasa de productividad a escala nacional es de 11 toneladas por hectárea, debido a la falta de tecnificación.

Este especialista utiliza un proceso de análisis y selección de semilla, con base en los porcentajes de pulpa, el peso y los grados brix de la fruta (azúcares y acidez), para desarrollar plantas con más tiempo de vida en campo y con más productividad por hectárea.

“Las plantas sin tecnificación tienen un año de vida y mueren, además se presentan casos en los cuales la fruta está hueca, es grande, pero tiene poca pulpa en el interior. Lastimosamente no todos los agricultores tienen los recursos necesarios”, explica Santos.

En las 50 hectáreas de la empresa Ecuanatropics S.A., ubicadas en Sacachún, provincia de Santa Elena, el maracuyá que se cultiva dos veces por semana nace de semillas que pasaron por este proceso de selección.

De ahí que la productividad que se alcanza es de 18 toneladas por hectárea. Cada semana, esta empresa cultiva 50 000 kilos de fruta y genera 70 plazas de trabajo.

Eduardo Aguilar, gerente de la empresa que tiene tres años, asegura que los buenos resultados de sus plantaciones también obedecen a las inversiones en mejoramiento de cultivo. Por ejemplo, se implementó un sistema de riego que representó USD 10 000 en inversión por hectárea.

“Tenemos el objetivo de romper con la media de productividad nacional y llegar a las 20 toneladas por año. Nosotros por nuestro tamaño no tenemos intermediarios y vendemos directamente al exportador”, cuenta Aguilar, que aspira crecer a un centenar de hectáreas en el corto plazo.

Su caso contrasta, sin embargo, con el de buena parte de los agricultores pequeños que no pueden vender directamente a las empresas exportadoras, por logística, distancia, entre otros problemas.

Las firmas exportadoras son las que convierten la fruta en pulpa concentrada o jugo para ser exportado, debido a que en el extranjero solo se consume la fruta de esa manera. Eso sucede, porque este producto no resiste largos períodos en los traslados sin perder su frescura.

Noé Intriago, presidente de la Asociación de Productores de Maracuyá y Papaya del Ecuador añade que “el sector vive inestabilidad”, por los precios.

“Los pequeños productores perdemos por los intermediarios. A nosotros nos cuesta 36 centavos por kilo producir la fruta en el campo y lo que se está pagando a los productores es 30 centavos”, señala Intriago.

Los precios de este producto no se regulan según una tabla indexada o un precio mínimo, como sucede con otros productos como el banano o la carne, sino que se regulan de acuerdo con los picos de productividad. Cuando hay más oferta de fruta, los precios caen.

Además, dependiendo del tipo de cadena, un intermediario puede quedarse en promedio hasta con un 10% de ganancia.

La propuesta del gremio al que Intriago representa es que se gestionen mecanismos para promover la asociatividad, de manera que los pequeños productores, juntos, puedan vender a las empresas exportadoras.

En noviembre del año pasado, en Guayaquil se llevó a cabo un taller para diseñar una hoja de ruta y establecer un acuerdo estratégico para desarrollar un plan de mejora competitiva del maracuyá, organizado por Corpei en conjunto con el Ministerio de Comercio Exterior y el Magap.

Allí, el principal pedido de los representantes del sector productor fue que el Magap controle los precios que se le pagan al productor, pero esto todavía no se logra, cuenta Intriago.

El Plan de Mejora Competitiva busca además posicionar el producto en nuevos mercados como Qatar y Europa del Este. Asimismo, mejorar la calidad de la fruta mediante asistencia técnica y desarrollo de líneas de crédito orientadas a la tecnificación.