Redacción Quito
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Un deporte de 'altura' que gana más público

En parques y en montañas, en postes de luz y en playas. Para practicar el slackline solo se necesita una cinta que se tiempla entre árboles, columnas de concreto, pilares, palmeras...

Este deporte de equilibrio, desarrollado en 1980 por Adán Grosowsky y Jeff Ellington en California, EE.UU., es una alternativa frente a la escalada. A diferencia de la cuerda floja, esta disciplina no utiliza un cable de acero sino una cinta de poliéster que permite realizar saltos, mantener posiciones estáticas y ejecutar acrobacias en el aire.

Dentro del slackline existen categorías como Urbanlining, Tricklining, Waterlining, Highlining, Slackline Yoga, Freestyle Slacklining y el Slackline para realizar ejercicios de fisioterapia.

Estas categorías se diferencian una de otra por el nivel de tensión, el ancho y el tipo de cinta, la altura a la que se la coloca, el tipo de actividad y el lugar donde se practican. Por ejemplo, el Waterlining se practica sobre piscinas y lagos; y el Higlining, se realiza sobre cañones.

Miguel Charpantier, practicante de slackline desde hace tres años, cuenta que esta actividad permite mejorar la condición física de la persona. Media hora de práctica de yoga en la cinta es el equivalente a una hora y media de yoga en el suelo. "También te relaja y te ayuda a mejorar la concentración".

Este deporte también aumenta la fuerza muscular, la flexibilidad, la concentración, el alivio de la ansiedad, y permite generar mayor enfoque mental. "Por eso es tan bueno para realizar rehabilitación física", indica Charpantier.

El interés en este deporte en el país se encuentra en aumento. En la página en Facebook de la firma ecuatoriana Absolute Slacklines, 165 personas señalan que les gusta esta actividad y solicitan que se practique este deporte en su ciudad.

Luis Álvarez, quien practica hace un mes slackline, indica que lo que llamó su atención fue la apertura de los otros deportistas quienes le motivaron a intentar el slackline. "Los vi en el parque de La Carolina y decidí unirme a ellos. La comunidad estuvo abierta a enseñarme sus conocimientos".

Por eso esta disciplina se practica en la Universidad San Francisco de Quito, el Parque Metropolitano, el parque de La Carolina, el Colegio Alemán de Quito, la Universidad Técnica Equinoccial...

El costo de la cinta para practicar esta disciplina deportiva es de USD 100. "Pero lo más importante es compartir con otras personas como un grupo social", indica Álvarez.

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El especialista

Xavier Vivas, Promotor de slackline en Ecuador

Hace siete años descubrí este deporte mientras daba un paseo por un parque en Montreal, Canadá. Un hombre practicaba yoga en la cinta y realizaba trucos complejos.

Me sorprendió su técnica y lo intenté. Tiempo después me enganché con el deporte aunque no continué practicándolo.

Cinco años después regresé al mismo parque y encontré 20 cintas colocadas en los alrededores y una multitud de personas que practicaban slackline. Fue entonces que reconocí el potencial de esta actividad y por ello decidí lanzar mi propia empresa, Absolute Slacklines, en Canadá, Colombia y Ecuador.

No fue fácil. Tuve varias caídas y además necesité investigar técnicas en videos en Internet para encontrar consejos prácticos para mejorar mis habilidades.

En Canadá al inicio no era muy popular, pero después de colocar las cintas pude observar que 2 de cada 10 personas, que se acercaban por interés, quedaban adictas y luego de practicar un tiempo querían comprar la cinta.

El interés creció por los beneficios que el slackline tiene para la salud física y emocional ya que consiste en una especie de meditación en movimiento que relaja e interrelaciona lo espiritual y la fuerza.

Uno puede aprender herramientas como la focalización y respiración; es como el yoga, pero más divertido. Hay personas que usan las bandas para hacer trucos y otros para realizar fisioterapia ya que fortalece los músculos de la espalda y las piernas. Incluso atletas olímpicos lo utilizan para fortalecer sus músculos estabilizadores, cosa que no se puede lograr como métodos de entrenamiento convencionales.

Pero algo que debemos reconocer es que no es un deporte en sí, sino una comunidad que integra día a día a más personas, a escala global. Gente a la que le gusta estar en contacto con la naturaleza y consigo mismo, un deporte social. Y esta comunidad termina siendo como una familia. Cuando puedo observar como los novatos enseñan a otros novatos sus habilidades y compartir trucos y consejos uno se da cuenta del alcance que tiene el slackline.

En esta práctica es recomendable tener un instructor. Este ayuda a prevenir lesiones, aunque no son frecuentes en el deporte por la poca distancia a la que uno queda del suelo. Además el instructor enseña de una manera adecuada.

Pero no solamente es el cuidado físico y psíquico del individuo sino también el cuidado de la naturaleza. Utilizamos protectores de árboles para que estos no se lastimen con las cuerdas y esto crea un sentimiento de responsabilidad con lo que nos rodea.

El slackline, en los pocos años en Ecuador, ha alcanzado gran popularidad. Hoy, recordando mi experiencia en Canadá, cuando veo reunidas a 30 personas practicando en el Metropolitano, veo que mi sueño al fin es una realidad.