En las instalaciones de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Oscus en Guayaquil. Esta entidad financiera posee unos 170 000 socios, de los cuales 6 500 están en el Puerto Principal. Foto: Enrique Pesantes / LÍDERES

En las instalaciones de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Oscus en Guayaquil. Esta entidad financiera posee unos 170 000 socios, de los cuales 6 500 están en el Puerto Principal. Foto: Enrique Pesantes / LÍDERES

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El desarrollo productivo se apoya en la gestión del cooperativismo

10 de abril de 2016 12:00

El financiamiento y la capacitación son las funciones principales que cumplen las cooperativas de ahorro y crédito (COAC), dentro de la economía popular y solidaria; además, de las pequeñas y medianas empresas (pymes).

En el reporte de Rendición de Cuentas de la Superintendencia de la Economía Popular y Solidaria 2015, la entidad informa que a diciembre del 2015 se registraron 848 organizaciones financieras activas, incluida la Corporación Nacional de Finanzas Populares. Más del 82% correspondía a los segmentos 4 y 5; es decir, a organizaciones con menos de USD 5 millones en activos. Este volumen de cooperativas tenía, hasta diciembre del 2015, el 16% de los 5,1 millones de socios. Mientras que las COAC con más de USD 20 millones en activos, de los segmentos 1 y 2, representaban menos del 7% del total de organizaciones.

Hasta febrero pasado, las 59 cooperativas de ahorro y crédito más grandes del Ecuador concedieron USD 4 938 millones en préstamos comerciales, microcréditos, vivienda, consumo, etc.

Para el director de la Unión de Cooperativas de Ahorro y Crédito del Sur (Ucacsur), Juan Pablo Guerra, el sector financiero popular y solidario, que agrupa a cooperativas, bancos comunales y cajas de ahorro, entrega el 65% de los microcréditos en el Ecuador. Es decir, con menos recursos se alcanza una mayor diversificación de préstamos para financiar las actividades productivas, que generan ingresos y empleos.

Él asegura que cerca de siete millones de ecuatorianos pertenecen a 200 000 organizaciones vinculadas con la economía popular y solidaria. De esa cantidad, más de 5,2 millones de personas están asociadas a las 848 cooperativas de ahorro y crédito, que funcionan en el país.

En el ámbito de la capacitación, estas entidades promueven permanentes programas de formación en el manejo de sus finanzas, tanto a socios como a los clientes.

Andrés Freire, jefe comercial de la Red Financiera Rural (RFR), explica que la educación financiera en tiempos de crisis promueve una mayor cultura para el ahorro.

Con este fin, la RFR apoya a estas entidades financieras con asesoramiento para desarrollar programas educativos: “Tienen que ser institucionales y deben trabajarse de acuerdo con su ubicación, las temáticas específicas”.

Promover el ahorro es una de las principales características de las cooperativas. Para ello, hay entidades que desarrollan productos y servicios para los niños. Esa es una cultura que se trata de consolidar en los menores de edad y hay ejemplos interesantes.

La responsabilidad social es un valor innato de las cooperativas, según lo detallan entidades vinculadas con este sector a nivel nacional e internacional.

Las cooperativas no solo están dedicadas a captar los ahorros de ciertos sectores de la población sino, según un informe de la Alianza de Cooperativas para las Américas, a contribuir con el desarrollo sostenible, impactar positivamente en la comunidad, satisfacer las necesidades de los asociados y mejorar las condiciones de vida donde se desarrolla.

En los últimos tres años, la incorporación de los dispositivos móviles y la aplicación del sistema de dinero electrónico plantean nuevos desafíos a las COAC, que indudablemente requieren de inversiones para optimizar sus servicios tecnológicos y atender las demandas de sus clientes, cada vez más conectados a las TIC.

El ahorro se incentiva desde temprana edad

En tiempos de ajustes económicos, los niños lideran espacios para definir sus estrategias de ahorro para su futuro. En respuesta a ello, las cooperativas de ahorro y crédito incentivan el crecimiento de la alcancía de los menores, acompañados de sus padres.

Angélica Arcos, jefa de marketing de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Alianza del Valle Ltda., explica que la entidad registra al momento un promedio de 15 000 niños, en los últimos 10 años, que abrieron una cuenta infantil.

Niños que tienen hasta 13 años ahorran un promedio máximo de USD 250 por año. En el último trimestre, se evidencia que los padres promueven un alcance mayor de ahorro para sus hijos.

“Los pequeños ahorran por el estímulo económico que le dan sus padres en temporadas de cumpleaños, mesadas y recreos. Los niños ahora prefieren ir a guardar este valor pensando en su futuro”, refiere Arcos.

Aunque se supera la meta de ahorro anual por niños, es decir USD 150, Lorena Alvear, titular de marketing de la Cooperativa 23 de Julio, afirma que se debe dar continuidad a una campaña dentro del núcleo familiar.

Es decir, enfatizar en una educación financiera permanente y paralela en la economía del grupo. La vocera explica que “hoy los niños hacen ahorrar a los padres y viceversa. Así se inculca una cultura de ahorro constante con el ejemplo”.

La Cooperativa 23 de Julio cuenta con 13 oficinas en escala nacional y promueven la ‘cuenta mágica’. Esta cuenta se inicia con el depósito de USD 25 y se enfoca en que el niño pueda ahorrar para el futuro, ganando interés ‘mágicamente’ e incluye seguro de vida y accidentes, si el representante lo decide. “Desde pequeños son grandes socios de la cooperativa”, menciona la ejecutiva Alvear.

Los niños reflejan nuevos hábitos de ahorro. En el caso de la Cooperativa Textil 14 de Marzo, que alcanza 48 000 socios, 6% son liderados por menores de edad. En esta institución, los pequeños muestran un interés por abrir una cuenta para ellos.

En cuanto a las estrategias que emplean las cooperativas para motivar a los menores hacia una cultura de ahorro, la Cooperativa Textil 14 de Marzo, por ejemplo, realiza, dos veces al mes, cursos de cooperativismo que se imparten a los padres de los niños, puntualiza Jonathan Espinosa, jefe de marketing de la institución.

En este ámbito, también capacitan a niños de cinco años en adelante sobre manejo responsable del dinero, desde temprana edad. Cerca de 300 niños se instruyen cada año.
Esta entidad tiene una Comisión de Responsabilidad Social y de Educación que se encarga de formar a los ‘pequeños’ socios del sistema cooperativo. “Se implanta la semilla del ahorro responsable”, refiere Espinosa.

La educación financiera es una prioridad en su gestión

En épocas de ‘vacas flacas’, la educación financiera permite tener una realidad más consciente de cómo se debiera aplicar el ahorro y el pago de deudas, con la consigna de tener un ‘colchón’ para diversas eventualidades.

Andrés Freire, jefe comercial de la Red Financiera Rural (RFR), que agrupa a unas 31 cooperativas de ahorro y crédito a escala nacional, explica que la educación financiera en tiempos de crisis promueve una mayor cultura para el ahorro. Para esto, la RFR apoya a estas entidades financieras con asesoramiento para desarrollar programas educativos: “Tienen que ser institucionales y deben trabajarse de acuerdo con su ubicación, las temáticas específicas”.
Aunque Freire indica que no son partidarios de que las cooperativas ejecuten programas masivos, sino de acuerdo con su público meta y con su realidad.

Las 31 cooperativas que forman parte de esta RFR ya cuentan con un programa de educación financiera como misión social; y la demanda de estos programas creció en un 10% desde el 2015.

Una de las razones para que exista una aceptación en educación financiera es la recesión económica que vive el país.

Grace Herrera, oficial de Responsabilidad Social de la Cooperativa de Ahorro y Crédito 23 de Julio, afirma que desde el 2014 la entidad mantiene un programa que capacita a socios y público en general, sobre el ahorro, pago de deudas, finanzas personales y otros aspectos.
El año pasado, a través de sus capacitadores internos, se impartieron talleres a unas 1 500 personas, cada mes, en sus 13 sucursales. En su programación de capacitación financiera para el 2016, también se incluyen empresas. En este ámbito se capacita sobre el manejo de sueldos, la proyección de gastos, y sobre temas de endeudamiento.

Luego de los talleres, los asistentes elaboran presupuestos familiares, y la cooperativa evalúa la recepción del mensaje de manera periódica. Las personas que asistieron a los talleres gratuitos aumentaron su capacidad de ahorro en un 10%, dice Herrera.

El emprendedor recibe asesoría para salir adelante

Las cooperativas de ahorro y crédito juegan un rol especial en el crecimiento y expansión de emprendimientos. Su papel no se limita a ser una entidad que financia sus proyectos; estas organizaciones escuchan, asesoran, guían y acompañan a los emprendedores.

La Cooperativa Mushuc Runa, por ejemplo, cuenta con un departamento que se especializa en desarrollar proyectos de microempresarios. Luis Chango, titular de Mushuc Runa, explica que en los sectores rurales, donde se concentra el 70% de sus clientes, la mayoría de emprendedores no tiene desarrollados sus productos. “Lo que hacemos es asesorarles y dar seguimiento permanente a su proyecto. Así, con el tiempo, se puede renegociar o ampliar los créditos”.

Chango indica que, al ser Mushuc Runa producto de un emprendimiento, conocen los desafíos que tiene un microempresario. “Les ayudamos a que crezcan poco a poco”.
El trabajo de estas entidades de la economía popular y solidaria no se concentra en una agencia. “Las cooperativas que tienen metodologías adecuadas de microcrédito realizan visitas al sitio en donde el emprendedor desarrolla su negocio levantando información para establecer un correcto análisis de capacidad de endeudamiento”, explica Javier Vaca, director de la Red Financiera Rural (RFR).

Este experto detalla que el oficial de crédito levanta la información y capacita al emprendedor en conceptos como manejo de inventarios, gastos, patrimonio, activos productivos, etc. De esta manera se garantiza la entrega del monto necesario.

En cuanto a los tipos de emprendimientos que más apoyan las cooperativas se encuentran negocios en agricultura, pesca y comercio, según Marín Bautista, gerente de la caja central Financoop, organización que trabaja con 115 cooperativas a escala nacional Y sobre los montos señala que van desde USD 500 en adelante, según el tipo de emprendimiento.
Un dato más de Bautista: la tasa de microcrédito en el sector oscila entre el 22% hasta el 30%.

Viviendas con presupuestos menores a USD 1 000, al mes

La capacidad de pago, relacionada con el ingreso mensual, es el límite que un cliente tiene dentro de una cooperativa de ahorro y crédito para acceder a una vivienda.
Según sus ingresos pueden aspirar a una casa prefabricada, de ladrillo u hormigón. Las cooperativas no promueven planes de vivienda, por impedimento legal, pero sí facilitan créditos. Por eso intentan financiar los requerimientos de sus clientes, según el segmento poblacional al que están dirigidos.

En el país, las cooperativas pertenecen al sector financiero popular y solidario, están controladas por la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria (SEPS) y clasificadas en cinco segmentos para llegar a un público específico.

Las cajas de ahorro, bancos y cajas comunales, más aquellas cooperativas cuyos activos alcanzan el USD 1 millón, se ubican en el segmento 5, y llegan a un público alejado de las ciudades.

En tanto que las de mayor activo (más de USD 80 millones) pertenecientes al segmento 1 y atienden en áreas urbanas.

La mayoría de los clientes de una cooperativa no tienen grandes recursos ahorrados y sus ingresos mensuales no superan los USD 1 000, explica Hermel Flores, ex presidente de la Cámara de la Industria de la Construcción de Quito.

Eso pasa porque los cuentahabientes pertenecen al estrato económico medio, medio bajo y bajo, detalla la Cooperativa 29 de Octubre, que está en el segmento 1, y que constituye una de las nueve entidades con cartera de vivienda, registrada en la Superintendencia.
De acuerdo con cifras de esa entidad, solo en ese segmento existe un saldo de USD 270 millones en préstamos para vivienda hasta febrero pasado.

Flores indica que ese grupo poblacional, donde está la gran demanda nacional, puede acceder a un crédito de vivienda de hasta USD 45 000 y a ese monto sumarle, además, el bono de la vivienda de unos 6 000.

Algunas cooperativas entregan créditos con un tope de entre USD 80 000 y 150 000. Sin embargo, el límite para lograr ese monto lo determina la capacidad de pago del socio. Lo que no deja de lado que el solicitante debe tener un ahorro mínimo del 30% del valor total del inmueble, y eso frenó, por ejemplo, el sueño de Jorge Chunchir, obrero de vitrales. Cuando quiso acceder a una vivienda de hormigón, de dos pisos, en el sur de Quito; postergó sus planes no solo porque no tenía ahorrada la entrada, sino porque su salario sumado al de su esposa no le alcanzaba.

La posibilidad de acceder a una vivienda de más de USD 45 000 salió de sus planes y ahora se enfoca en una de hasta 35 000.

Flores dice que el problema para atender a esa población es el valor de los terrenos; representa el 15% del costo total de la casa.

Los acabados también hacen la diferencia en el precio final. En una construcción nueva el rubro importante es el material de construcción; representa el 85% del total de la inversión, que se considera desde el levantamiento de la obra gris hasta los acabados, según la cooperativa 29 de Octubre.

Las cooperativas apuntan a un segmento de ingresos medio bajo y bajo para intentar satisfacer una necesidad, comenta Enrique Pita, presidente de la Federación Ecuatoriana de Cámaras de la Construcción.

Y es en el segmento 5 en donde la Red Nacional de Finanzas Populares y Solidarias intenta entrar. Entre julio y agosto presentará a organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un proyecto para construir viviendas de hasta USD 40 000 en la Costa y Amazonía y 60 000 en la Sierra, con ingresos mensuales de USD 400.

Ante los riesgos se necesita un plan bien estructurado

Las cooperativas de ahorro y crédito, al igual que otras instituciones del sector financiero, son vulnerables a una serie de factores de riesgo que pueden mermar sus niveles de eficiencia y eficacia a corto, mediano y largo plazo. Problemas de morosidad, dificultad en acceder a fuentes de financiamiento, el cambio en la normativa y la informalidad son los principales desafíos que enfrenta este sector.

El analista económico Alberto Acosta Burneo, editor de Análisis Semanal, señala que cuando disminuye la capacidad de pago de los socios se genera morosidad. En la Red Financiera Rural, por ejemplo, el índice de morosidad oscila en la actualidad entre el 3% y el 8%.
Para Acosta Burneo es importante cuidar el nivel de morosidad porque de ello depende la salud de estas entidades financieras. “Una cartera con niveles demasiado elevados de morosidad puede afectar a la cantidad de dinero que se pueda recuperar y esto puede implicar mayores pérdidas”.

La morosidad es un tema que no solo preocupa al sector bancario. Según Acosta Burneo, el nivel de cartera en mora de las cooperativas subió desde diciembre de 2015, cuando se empezaron a notar restricciones en la economía del país. Pero a pesar de esto, dice el analista, se encuentra en estándares normales, lo que les ha permitido crecer.

Otro de los factores de riesgos es la normativa que emiten las autoridades. Para Carlos Cifuentes, profesor de economía política de la Universidad de Guayaquil, las disposiciones normativas, como leyes y decretos, benefician a un mejor desempeño de cualquier entidad financiera.

Cifuentes añade que es necesaria una regulación, pero que esta debe estar determinada con reglas claras y que la misma debe perdurar en el tiempo sin cambios constantes que compliquen el funcionamiento de la institución.

El catedrático señala que otro de los factores de riesgo a tener en cuenta es la competencia entre cooperativas y que para esto es muy importante el control de la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria para evitar el “juego” desleal. Esta entidad controla ahora a las cooperativas de ahorro y crédito, facultad que antes estaba repartida entre la Superintendencia de Bancos y el Ministerio de Inclusión Económica y Social. “Lo más importante aquí es el control que se realice sobre el cumplimiento de los indicadores y ese es un desafío que tiene que realizar la Superintendencia”, sostiene Cifuentes.

Para remediar los factores como morosidad, ilegalidad y competencia desleal, es necesario seguir varias recomendaciones. Cifuentes indica que uno de los primeros pasos es el diagnóstico donde se detallan los riesgos detectados por cada área; luego se realiza la evaluación para delimitar las responsabilidades. Esto, a su vez, puede generar determinados impactos. Un golpe leve puede ser una pérdida económica, o un daño del servicio o de imagen de la cooperativa con efectos mínimos; un impacto moderado se da cuando los efectos sean significativos con repetidas infracciones; y el impacto grave ocurre con infracciones prolongadas, daños generalizados o masivos con daños severos persistentes. La elaboración de un plan de prevención de riesgos de la cooperativa de ahorro y crédito se estructurará en áreas o actividades, riesgos posibles, manifestaciones negativas, medidas a aplicar, el responsable ejecutante, y finalmente la fecha de cumplimiento de las medidas.

Para Acosta Burneo lo relevante aquí es contar con toda la información oportuna para que pueda identificar los riesgos potenciales y solicitar medidas correctivas a tiempo. “Eso es lo más importante actualmente, el llegar a esos esquemas de reporte, que tienen que ser rápidos y eficientes”.

El trabajo con la comunidad es clave para las cooperativas

La responsabilidad social es un valor innato de las cooperativas, según lo detallan entidades vinculadas con este sector a nivel nacional e internacional.

Las cooperativas no solo están dedicadas a captar los ahorros de ciertos sectores de la población sino, según un informe de la Alianza de Cooperativas para las Américas, a contribuir con el desarrollo sostenible, impactar en la comunidad, satisfacer las necesidades de los asociados y mejorar las condiciones de vida donde se desarrolla.

En el país las cooperativas se han centrado en diferentes gestiones de responsabilidad social como parte de sus políticas.

La Cooperativa 29 de Octubre, por ejemplo, se enfoca en tres áreas : entorno social, económico y ambiental.“Buscamos la inclusión, promover la educación financiera y afianzar nuestras alianzas, brindando a nuestros socios y a la comunidad calidad de servicio”, se indicó desde la entidad.

Entre los proyectos de responsabilidad social de la Cooperativa están las capacitaciones a mujeres emprendedoras en materia de educación, el proyecto educación financiera para niños de escasos recursos, reciclaje de basura en el sur de Quito y apoyo a jóvenes de la Costa para que terminen su bachillerato.

La Cooperativa, además, participa en diversos proyectos públicos y privados como la Red contra el trabajo infantil, Operación Sonrisa y Olimpiadas Especiales.

Las mediciones de los resultados se van haciendo a través de balances anuales.
La Ley de Economía Popular y Solidaria establece que como parte de los informes de gestión, las cooperativas deberán presentar también sus balances sociales.

La Superintendencia de la Economía Popular y Solidario (SEPS), en el estudio del Balance Social en el Ecuador, de José Ramón Páez, revela que en el 2014 se hizo una encuesta para obtener resultados sobre el balance social de unas 3 367 cooperativas a escala nacional. 1 106 entidades completaron la encuesta.

En esa época se determinó que el 80,20% de las cooperativas nunca había aplicado una metodología de balance social y que del 19,80% restante que afirma realizar el balance, el 13,28% no hacía públicos los resultados obtenidos.

Las organizaciones también tienen otras formas de presentar su información de responsabilidad social como las memorias anuales. Cacpeco, cooperativa con matriz en Latacunga, es una de las que así lo realiza.

El documento incluye indicadores económicos, sociales y ambientales.

Entre las gestiones de responsabilidad social que lleva a cabo esta firma se encuentra el mejoramiento del servicio de transporte en la Cooperativa Bellavista de Quito, con el que se beneficiaron 5 800 personas, mejoramiento de las condiciones para 45 personas de la tercera edad de Moraspungo (Cotopaxi), implementación de un programa de buenas prácticas de elaboración de alimentos en el parque Ignacio Flores de Latacunga, mejoramiento de la imagen turística de la ciudad.

Evangelina Gómez, directora del Consorcio Ecuatoriano para la Responsabilidad Social (Ceres), considera que no se debe entender como responsabilidad social las acciones filantrópicas o donaciones, sino desarrollar modelos de gestión social responsables por las entidades.

Ella cree que las instituciones financieras deben convertirse en agentes de cambio a través de un manejo responsable en su operación administrativa, logística, de recursos humanos, etc. Por otro lado, deben crear productos financieros de responsabilidad social y ambiente, inclusión de sectores marginados, desarrollo de educación económica y financiera, etc.

Los medios electrónicos de pago se han tornado masivos

El ingreso de las cooperativas de ahorro y crédito a los medios de pago electrónicos, como tarjetas de débito, crédito y transferencias por la Internet, es cada vez más intensivo y gana más terreno.

De acuerdo con datos de la Superintendencia de la Economía Popular y Solidaria (Seps), el uso de medios de pago electrónico por parte de los socios de las cooperativas de ahorro y crédito, han tenido un crecimiento sostenido, “lo que refleja la confianza que tienen los usuarios en estos medios”. En los últimos tres años, las transferencias de dinero realizadas vía Internet por parte de los socios de las cooperativas, registraron un crecimiento anual superior al 20%. En el 2015, a través de cooperativas de ahorro y crédito, se efectuaron más de 13 millones de transferencias electrónicas de dinero. Por otra parte, se han emitido alrededor de 7 000 nuevas tarjetas de crédito para los socios, los cuales han realizado aproximadamente unas 20 000 transacciones el año anterior.

Actualmente 361 cooperativas de ahorro y crédito, de más de 800 entidades activas, ofrecen el servicio de transferencias electrónicas a sus socios. Unas 84 cooperativas operan con tarjetas de débito y están integradas a las principales redes de cajeros automáticos del país; además, una cooperativa ya emite tarjetas de crédito.

La tarjeta de crédito es un medio de pago que está empezando a desarrollarse en el sector de cooperativas, según la SEPS y se espera un crecimiento importante para este año.
“La expedición de regulaciones especializadas, relacionadas con la operación de tarjetas de crédito, débito, pago y prepago para el sector financiero popular y solidario, por parte de la Junta de Política y Regulación Monetaria en diciembre de 2015, permite incluirse de modo seguro a esta nueva forma de transacciones financieras”, indicó la entidad.

De acuerdo con representantes de asociaciones de cooperativas en la Sierra norte y centro, estos medios de pago electrónicos ya se utilizan en más de un 80% de las estas entidades.

Rommel Alarcón, gerente de la Unión de Cooperativas de Ahorro y Crédito del Norte (Ucacnor), organización que aglutina a 15 cooperativas socias y aliadas de las provincias de Imbabura y Carchi, destaca que cada vez más entidades utilizan este tipo de medios de pago, con el fin de brindar mayores facilidades y mejores servicios a sus clientes.

El primer medio electrónico de pago que la mayoría de cooperativas ya maneja es la tarjeta de débito a través de la cual el cliente puede acercarse a un cajero y retirar su dinero o hacer un consumo con esa tarjeta, para que el valor sea debitado de su cuenta.

Este medio es el más común y su mayor expansión tuvo en los últimos cinco años, de acuerdo con el análisis de Alarcón.

Como en la mayoría de entidades financieras, este tipo de tarjetas no solo se puede utilizar en los cajeros de las cooperativas sino en aquellos de los bancos a través de redes específicas.

Pero adicionalmente, las cooperativas de los segmentos 1, 2 y 3 -las que tienen activos de más de USD 5 millones- también están accediendo a tarjetas de crédito para sus clientes, indica Alarcón, a través de convenios con bancos privados, y desde estos a las grandes compañías de tarjetas como Visa o MasterCard.

Otro sistema de pagos son las transferencias interbancarias a través de los portales web de las propias cooperativas. Esto se realiza a través del Sistema de Pagos Interbancario del Banco Central.
Aunque no es tan masivo como el sistema de pagos a través de las tarjetas de débito, Alarcón detalla que un 40% de las cooperativas socias y aliadas a la Ucacnor ya manejan este tipo de transferencias de dinero a otras cooperativas y bancos.

Los créditos para las pymes se diversifican en el mercado

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) son uno de los segmentos fuertes que atienden las cooperativas de ahorro y crédito. Por ello, para atender a este segmento comercial, las cooperativas han ideado una serie de productos que compiten con menores intereses, más plazos de pago y mayores montos de crédito.

Para Freddy Gallegos, gerente general de la Cooperativa Oscus, que tiene 11 oficinas en el país, las pymes son primordiales en el esquema cooperativo. “Es allí donde buscamos brindar un mayor apoyo”. Esta cooperativa posee unos 170 000 socios, de los cuales 6 500 están en Guayaquil. Oscus ofrece hasta USD 150 000 en préstamos para las pymes.

En el caso de esta cooperativa, el perfil de las pymes que recurren a sus servicios en Guayaquil es el de pequeños comercios, que demandan los préstamos para agrandar el negocio, generar capital de trabajo o comprar nueva maquinaria y más mercadería. “Nuestra tasa de interés para el microempresario es muy competitiva, en crédito para pymes es del 11,20%”, explica Bolívar Jarrín, gerente en Guayaquil.

“El cliente de las cooperativas de ahorro y crédito, al menos en el caso de Guayaquil, una urbe netamente comercial, requiere préstamos principalmente para rotación de mercadería o adquisición de materia prima”, sostiene el experto en finanzas personales Carlos Hurtado, quien gerencia una firma de asesoramiento crediticio.

Las cooperativas ofertan sus productos financieros con nombres atractivos, aunque las condiciones de los créditos son similares. La Cooperativa JEP, que manejaba hasta febrero pasado una cartera de crédito de USD 668,7 millones, según información de su portal web, oferta los productos MicroJEP, y CrediPymes, con montos de crédito de hasta USD 20 000 y USD 200 000, respectivamente.

En el caso de la Cooperativa Cooprogreso, esta también oferta dos productos dirigidos a los segmentos de los microempresarios y las pymes. El primero está orientado, según la cooperativa, al crédito para actividades de producción artesanal, industrial y de comercio, para financiar capital de trabajo y compra de activos. Su otro producto, llamado Comunal, está destinado a capital de trabajo de las pequeñas actividades productivas, comerciales o de servicios.

Las cooperativas son el pilar de la economía popular

El financiamiento y la capacitación son las funciones principales que cumplen las cooperativas de ahorro y crédito dentro de la economía popular y solidaria. Los recursos de estas entidades son canalizados a través de créditos para impulsar actividades productivas de este segmento de la población.

Hasta febrero pasado, las 59 cooperativas de ahorro y crédito más grandes del Ecuador concedieron USD 4 938 millones en préstamos comerciales, microcréditos, vivienda, consumo..., según la Superintendencia de Economía Popular y Solidaria.

Para el director de la Unión de Cooperativas de Ahorro y Crédito del Sur, Juan Pablo Guerra, el sector financiero popular y solidario, que agrupa a cooperativas, bancos comunales y cajas de ahorro, entrega el 65% de los microcréditos en el Ecuador. Es decir, con menores recursos económicos se alcanza una mayor diversificación de préstamos para financiar las actividades productivas, que generan ingresos y empleos.

Él asegura que cerca de siete millones de ecuatorianos pertenecen a 200 000 organizaciones vinculadas con la economía popular y solidaria. De esa cantidad, más de 5,2 millones de personas están asociadas a las 848 cooperativas de ahorro y crédito, que funcionan en el país.

“Pese a la situación del país, no se dejó de otorgar crédito ni los socios han regresado a sus casas sin obtener un préstamo, cuando se habla de actividades productivas”. Entre febrero del 2015 y febrero pasado, la cartera subió en USD 251,5 millones, en las 59 cooperativas más grandes.

Estas entidades no solo entregan préstamos sino dan capacitación para que los beneficiarios inviertan de forma adecuada los recursos, dice Guerra. Además, se capacita a los socios para que asuman labores de dirección y control en las cooperativas. “Prepararle y formarle constantemente para ejercer sus derechos y cumplir sus obligaciones”.

Según Guerra, la economía popular y solidaria privilegia a la persona sobre el capital. Es decir, que juntos puedan crear una fortaleza en busca de un objetivo común, que es alcanzar el bienestar. “Ese concepto es muy similar al que por décadas ha manejado el sector cooperativo, con base en valores y principios en los que el ser humano es el centro o eje del desarrollo económico, político y social”.