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Fernando Larenas / O Globo Redacción Quito
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Ecos de la dictadura en Brasil

Medio siglo después del golpe de Estado de 1964, que sumergió a Brasil en una prolongada dictadura, los fantasmas de la política económica del régimen militar rondan en ese país. La manipulación de los precios, por ejemplo, permiten predecir un futuro con inflación. En parte, según expertos económicos, la fórmula usada por los gobiernos militares para asegurar el costo de vida e impulsar el crecimiento económico está de regreso.

Hoy, el gobierno de Dilma Rousseff controla los precios de los combustibles y de la energía eléctrica, al mismo tiempo hay manifestaciones populares; en los municipios y en los Estados se clama por el reajuste de precios en el transporte público. En los años sesenta y setenta, el régimen militar manipuló la información de los índices oficiales de inflación y los mantuvo artificialmente bajos.

Especialistas recuerdan que la actual política industrial, que exige una fuerte participación de Petrobras y del Banco Nacional de Desarrollo, es un reflejo e inspiración del plan nacional de desarrollo de los gobiernos militares de Garrastazú Médici y de Ernesto Geisel. No por casualidad la política industrial de Dilma Rousseff ganó el nombre de 'Brasil mayor', en tanto que el lema del régimen dictatorial era el de 'Brasil grande'.

Uno de los mentalizadores del Plan Real, el economista Edmar Bacha, compara el control de precios en el gobierno de Rousseff con la política adoptada por el gobierno militar, que creó el Consejo Interministerial de Precios (CIP).

El Plan Real, que marcó el fin de la hiperinflación que acompañó a Brasil durante tres décadas, fue ideado en 1994 por el entonces ministro de Hacienda, Fernando Henrique Cardozo, que luego fue electo presidente de Brasil por dos períodos consecutivos. Ahí nació la nueva moneda, el real, que hasta hoy se mantiene en la economía brasileña.

"Estamos viendo el regreso de un proceso inflacionario muy perverso, similar al de Antonio Delfim Netto, cuando la inflación estaba en 20% mensual. El ministro Netto insistió en los controles de forma muy inteligente, tenía no solamente una lista de productos, también de los locales donde los investigadores iban a buscar y comparar los precios para medir la inflación. Para esos productos y para esos locales usted controlaba los precios con el CIP, garantizando el abastecimiento en ese local", afirma Bacha.

La economista María da Conceição Tavares, ve en el precio de la energía semejanzas entre la tentativa de controlar la inflación durante el régimen militar y en el escenario actual. El precio de la energía tiene una enorme importancia en la economía, la diferencia está que en el régimen militar hubo un congelamiento de los salarios, hoy no hacemos eso porque siempre se intenta dar seguridad en los costos básicos; el salario y la energía son los insumos más pesados.

El decano de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Luiz Roberto Cunha, funcionario del régimen militar entre 1976 y 1979 afirma que la búsqueda del crecimiento forzado lo hicieron los militares para justificar su intervención y es una de las herencias más nefastas para la economía. Lo más negativo fue haber sacado del sector privado su capacidad de autonomía, creando una dependencia muy grande. Según Cunha se daban incentivos para la exportación agrícola, la pesca y la reforestación.

"Cualquier cosa tenía incentivo, por ejemplo la reforestación era muy interesante. Quien tenía un incentivo para reforestar podía plantar pinos para hacer papeles, algunos se dedicaron a arrasar las reservas forestales del bosque atlántico, en Petrópolis plantaron un bosque de pinos y cambió la ecología de la región".

¿Milagro económico?

El período de gobierno militar fue calificado como el del "milagro económico", sin embargo poco después se entró en una recesión de la economía.

El rápido crecimiento fue la forma de legitimar el golpe de Estado después que los militares no cumplieron la promesa de convocar a elecciones en 1968.

Las obras  monumentales fueron el puente Río-Niteroi, la carretera Transamazónica, las hidroeléctricas, las plantas nucleares de Angra, la creación de polos petroquímicos y la Embratel.

Brasil creció 14% en 1973, logró créditos para invertir en infraestructura. La deuda externa pasó de USD 3 400 millones en 1964 a 49 000 millones en 1979.