Fernando Acosta, gerente de la hostería Tunas y Cabras,  junto a los domos que calientan el agua. Foto:  José Mafla / LÍDERES

Fernando Acosta, gerente de la hostería Tunas y Cabras, junto a los domos que calientan el agua. Foto: José Mafla / LÍDERES

REDACCIÓN QUITO  (I)
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Un sistema para calentar agua se desarrolló en equipo

15 de mayo de 2015 13:18

En la vía que conecta Ibarra con El Chota, en Imbabura, se encuentra la hostería Tunas y Cabras, especializada en ecoturismo. En sus instalaciones los visitantes pueden encontrar una innovación tecnológica diseñada y elaborada por mentes y manos ecuatorianas.

Se trata de un sistema para calentar el agua de la piscina de la hostería, que tiene capacidad para 130 metros cúbicos. Este calentador solar alternativo fue desarrollado por profesores de la Universidad de las Fuerzas Armadas-Espe. La historia de este desarrollo se remonta al 2003, según explica José Guasumba, investigador del establecimiento de educación superior.

Ese año, Guasumba empezó a estudiar las propiedades de los envases de plástico utilizados para gaseosas. Estos envases, también conocidos como plástico ‘pet’, permiten captar energía que, a su vez, sirve para calentar agua. Así una botella de 1,3 litros puede generar 12 vatios térmicos y elevar la temperatura de una piscina hasta los 28 grados, según explica el investigador de la Universidad de las Fuerzas Armadas-Espe.

El funcionamiento de este sistema es bastante sencillo. Primero se necesitó recolectar botellas plásticas, una tarea en la que participaron estudiantes del establecimiento. Luego se adquirieron las mangueras y empezó el montaje del sistema.

Guasumba explica que en la hostería se levantaron seis domos. En cada uno se usaron 1 000 botellas y 900 metros de manguera; los domos tienen un diámetro de 6 metros en su base y de 2,5 metros en la parte superior.

Los envases plásticos sirven como una especie de dispositivo por el que atraviesa la manguera que transporta el agua hacia la piscina. Las botellas cumplen con la función de calentar la manguera usando la energía solar que captan en su interior. “Es similar a la sensación que tiene una persona cuando ingresa a un vehículo que ha estado a la intemperie en una mañana o tarde de sol”.

El investigador señala que levantar estos sistemas para calentar agua es fácil y que no se necesita mayores conocimientos. La clave está en ser hábil con las manos para manipular las botellas y la manguera. “Es como elaborar una artesanía, es decir que lo importante es tener habilidades manuales. Además es un trabajo que permite dar un nuevo uso a envases que por lo general se desechan y se convierten en basura”.

Los domos tienen forma parabólica. Este diseño no es casual sino que permite captar más energía solar. “No se necesita una estructura especial, solo material de reciclaje”, insiste el investigador.

Fernando Acosta, gerente de la hostería, recuerda que el contacto con la Universidad de las Fuerzas Armadas-Espe, se dio para una colaboración en otro negocio suyo: Polylepis Lodge. Luego de algunas reuniones Acosta les comentó de la hostería Tunas y Cabras y así surgió la idea de aplicar el sistema en la piscina del centro turístico. “Les dije que necesitaba calentar la piscina y que buscaba un sistema amigable con el ambiente. Y me propusieron usar el calentador solar alternativo”.

Acosta, antes de contactar con la universidad, había calculado que el uso de paneles solares requería una inversión de USD 70 000 aproximadamente. “Era una cifra elevada, pero con el desarrollo de la Universidad de las Fuerzas Armadas la inversión fue 15 000”.

El gerente de la hostería recuerda que la primera reunión para el proyecto fue hace alrededor de un año. Cuenta que llegaron estudiantes, profesores y técnicos para examinar el espacio y las condiciones climáticas de la zona.

El estudio duro más de tres años y la implementación unos tres meses. En el armado e instalación de los domos, botellas, mangueras y sensores, trabajaron cerca de 120 personas y el sistema empezó a funcionar a inicios de diciembre.

Los trabajos fueron detallados. Por ejemplo, los estudiantes perforaron más de 2 200 botellas de plástico, las limpiaron y las acoplaron a la manguera.

Con las pruebas realizadas se comprobó que la temperatura del agua se elevó de 25 a 31 grados. Guasumba añade que el trabajo en equipo y la colaboración de la hostería fueron fundamentales para que el proyecto funcione. “No cobramos nada solo pedimos materiales y un espacio para probar el sistema y para que los alumnos se involucren”.