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Luis Augusto Yepes. Portafolio de Colombia (GDA)
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Otro eje petrolero se diseña en el planeta

Los hidrocarburos no convencionales están cambiando la cosmovisión energética del mundo actual, lo que traerá consecuencias del orden estratégico, geopolítico y económico. El ‘gas natural no convencional’, como se le conoce, proviene de la explotación de depósitos de carbón y, más recientemente, de la producción de las llamadas ‘shales basins’.

Gracias a avances tecnológicos muy especiales, como la perforación horizontal y el fracturamiento hidráulico, se ha logrado penetrar en estas rocas a fin de que las riquezas de hidrocarburos atrapadas en su interior durante millones de años puedan ser utilizadas en beneficio de todos.

También, con el petróleo no convencional, guardado en las arenas bituminosas en Canadá, y en formaciones especiales conocidas como ‘tight oil’, se están extrayendo estos hidrocarburos.

Por ser EE.UU. el mayor consumidor de energía del planeta, lo que ocurra en ese país tiene implicaciones mundiales.

En este sentido, el impacto de los hidrocarburos no convencionales es tal que la participación en la producción total de gas pasó del 2% en el 2000, al 37% en el 2012, y se prevé el 60% para el 2035.

El resultado de lo anterior indica que no solamente la oferta estará en balance con la demanda, sino que será posible iniciar el tránsito de importador a exportador de gas natural en pocos años.

A nivel mundial, la distribución de los nuevos recursos de Gas No Convencional indican que cerca del 30% se encuentra en Norteamérica, incluyendo a Canadá y México; 6,8%, en Francia, Noruega y Polonia; 15%, en Sudáfrica, Argelia y Libia; 15%, en Brasil y Argentina, y 20%, en la Cuenca del Asia-Pacífico.

Por el lado del petróleo crudo, el Departamento de Energía de EE.UU. estima en 24 000 millones de barriles las reservas técnicamente recuperables de los denominados ‘shale oil resources’. Nada mal si se tiene en cuenta que, en el 2000, las reservas totales de petróleo en ese país eran de 30 000 millones de barriles.

Una primera consecuencia de los hidrocarburos no convencionales es ‘un nuevo orden’ en la distribución de petróleo y gas no convencional en el mundo. Los grandes consumidores van a tener acceso a nuevos recursos y dependerán menos de países como Rusia y Medio Oriente.

En segundo lugar, el discurso de la seguridad energética en EE.UU. deberá revaluarse. Desde el Embargo Petrolero de 1973, EE.UU. se ha considerado en estado de vulnerabilidad al depender principalmente de crudo importado del Medio Oriente, para atender más de la mitad de sus requerimientos internos.

Con los nuevos recursos energéticos derivados de los hidrocarburos no convencionales más las importaciones de Canadá, parece haberse encontrado la clave de la ‘seguridad energética’, largamente buscada durante 40 años.

En tercer lugar, el portafolio de grandes productores de petróleo se está ampliando con la producción de Canadá, donde las denominadas ‘tar sands’ podrán suministrar más de 3 millones de barriles por día en la próxima década, lo que convertirá a ese país en el quinto productor de petróleo del mundo. Además, los descubrimientos de petróleo convencional en Brasil pueden llevar a ese país a producir más del doble que Venezuela.

Analistas reconocidos coinciden en señalar que, por cuenta de los hidrocarburos no convencionales, el eje petrolero del mundo se está moviendo desde la región occidental de Siberia y los Urales, donde se produce más del 80% del petróleo ruso, y los países petroleros del golfo Pérsico, al continente americano.

Así las cosas, menos crudo se transportará desde el golfo Pérsico hacia EE.UU.; más barriles fluirán del Medio Oriente al Asia-Pacífico, incluyendo a China y Japón; mayores importaciones tomarán la ruta Canadá-EE.UU., lo que consolidará el Eje Alberta-Texas, y puede que menos barriles fluyan en sentido Venezuela-EE.UU.