Arturo Castillo. Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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‘¿Cómo ejercer la postulación virtual?’

La entrevista de cuerpo presente para postularse a un trabajo, que antaño era ineludible, el primer requisito, hoy ha pasado a un plano secundario; en muchos de los casos, ni siquiera llega a ocurrir. El atajo se llama tecnología.

¿Para qué tomarse la molestia de entrevistar al candidato, si este puede enviar un CD con su reseña profesional, con video incluido? Mejor todavía, podría subir a YouTube un video que le permita mostrarse de cuerpo entero, hacer una elocuente presentación de sus aptitudes profesionales. Facebook y Skype también podrían serle de utilidad, dependiendo de las exigencias de la empresa, de cuánto se identifique con lo virtual.

Sin embargo, todo el despliegue electrónico no pasará de ser un preámbulo, un tamiz para llegar a lo sustancial: la entrevista cara a cara.

¿Cuál es la ganancia o el valor de lo electrónico en este caso? ¿Ahorro de tiempo? ¿Mejores elementos de juicio para calificar al candidato? ¿Simplificación de procedimientos burocráticos?

Naturalmente, hay circunstancias especiales, como la contratación de personal foráneo, aplicaciones para trabajar con alguna compañía extranjera, donde el concurso de las herramientas electrónicas es vital. Un tramo de la negociación será vía Internet, pero el momento decisivo ocurrirá mirándose a los ojos, leyendo el lenguaje corporal, interpretando los silencios, haciendo preguntas incómodas; dando respuestas convincentes, con una dosis de humor, con demostración de sentido común, de una cultura personal aceptable.

A los jóvenes profesionales quizás les parezca irrelevante todo este asunto, creyentes como son de la tecnología. Aun así, quizás les convenga prestar atención a ese otro lado, el de las relaciones humanas, el de la comunicación a la antigua.

Obviamente, las empresas cuentan de antemano con un bagaje informativo acerca de los candidatos en las redes sociales; con acceso incluso a detalles extraprofesionales. Desde esta perspectiva, hay el riesgo de proyectar una imagen dual, contradictoria. Conviene, mejor, compatibilizar lo virtual con lo real, presentarse como una sola persona.

Entrevistar es una tarea que exige talento, habilidad para comunicarse, para obtener información relevante para la compañía, que generalmente los candidatos omiten. Si el personal de RR.HH. no está capacitado para ese contacto, con toda seguridad las herramientas informáticas les servirán poco. La tecnología y la comprensión huanista del trabajo deben complementarse, como respuesta a las exigencias, sin radicalismos paralizantes.

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