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Arturo CAstillo Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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El emprendedor ¿un sujeto peligroso?

Nada provoca más incomodidad en las empresas 'consolidadas' que el ánimo emprendedor, las iniciativas, de los nuevos trabajadores.

De ahí que el tacto y la prudencia sean esenciales para ganarse un espacio en ese tipo de entornos, hostiles a los cambios.

El estatus de 'foráneo' es algo que puede durar un buen tiempo, hasta que los círculos de poder, los sujetos influyentes dentro de la organización, decidan que es tiempo de aceptar al 'nuevo'.

Como parte de la 'iniciación', la persona deberá seguir ciertas reglas, simplemente implícitas, como no pasarse de listo, no tomar iniciativas que impliquen desacomodar las cosas, agitar las aguas.

Es decir, el ánimo emprendedor, el deseo de tomar iniciativas, deben atemperarse, frenarse en su ímpetu, pues, paradójicamente, son capaces de generar recelos, sentimientos territoriales.

Concretamente, los emprendedores deben aguardar el tiempo propicio.

Lo primero que deben hacer es observar, aprender de la idiosincrasia de la empresa, descubrir quiénes manejan el poder; usar su capacidad de escucha y, sobre todo, empeñarse, genuinamente, en tejer alianzas, en construir nexos humanos.

Deben identificar los liderazgos y tener la habilidad necesaria para ahuyentar los miedos a la competencia que podrían provocar sus opiniones e iniciativas.

El último escollo que encuentran está en la gerencia; sin el respaldo del 'duro' de la compañía, todo afán emprendedor quedará frustrado.

Hablar de intraemprendedores suena provocativo, como un hecho natural en el horizonte profesional que debe lograr todo individuo, como la lógica que debiera mover a toda organización.

La realidad, sin embargo, es que la tierra fértil para que crezcan y se desarrollen los emprendedores la ofrecen muy pocas organizaciones.

Estos sujetos resultan ser conflictivos para compañías que se aferran al statu quo, que solo quieren cambios moderados, epidérmicos.

Por eso se empeñan en 'domesticar' la vehemencia de los emprendedores, que acaban por amoldarse al pensamiento rutinario, a la comodidad.

Pensar en los intraemprendedores como individuos autosuficientes, que no necesitan de un equipo de trabajo, constituye una negación del carácter orgánico que gobierna a toda empresa.

La frase: "La realidad  es que la tierra fértil para que se desarrollen los emprendedores la ofrecen pocas empresas".