Los zapatos se elaboran con materiales sintéticos, el 50% de la materia prima es nacional. Mariella Castro y Luis Orlando Ronquillo, en el local. Foto: Mario Faustos / Líderes
Redacción Guayaquil (I)
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Emprendimiento familiar que se reinventa

Cuando Euclides Ronquillo (+) aprendió el oficio de los zapatos tenía unos 18 años. Comenzó como ayudante en una zapatería, pero al poco tiempo se independizó y puso su propio taller, en el sur de Guayaquil, precisamente en Letamendi y la calle 27.

"Él comenzó solo, de lunes a sábado trabajaba hasta tarde y los domingos salía en la camioneta a vender los zapatos", recuerda Orlando Ronquillo, el segundo de los tres hijos del fundador de este negocio, que comenzó hace 30 años con el nombre de Calzado Lucy, pero que desde el 2008 se llama Coleguini.

Entre risas, su hijo recuerda que 'coleguini' era el apodo que le pusieron los colegas de su padre al conocer el buen acabado de las piezas que elaboraba Ronquillo. "Le decían coleguini como si fuera colega, en italiano, porque tenía un toque italiano en el acabado", explica.

En el 2008, cuando Euclides Ronquillo falleció, los tres hermanos: Álex, Orlando y Efrén, dejaron sus empleos en otras empresas y en el 2009 asumieron el mando del negocio y le cambiaron el nombre a Coleguini, en honor a su padre.

Esta nueva marca, que además ya está patentada, fue solo el primer paso para el proceso de reinvención que los hermanos emprendieron con el negocio.

La renovación más significativa fue el cambio en los canales de distribución. Hace un año y medio, los hermanos dejaron de vender el producto al por mayor a otras tiendas, y abrieron dos locales propios en Guayaquil. Uno está en el centro comercial Las Vitrinas, en la ciudadela Kennedy, y otro en la calle Víctor Emilio Estrada, en Urdesa.

Nelly Álvarez es la administradora del local en Las Vitrinas. "Cuando comenzamos aquí, no nos conocían tanto, pero ahora sí. A la gente le gustan los modelos, porque son variados, son supercómodos, hasta yo los uso", cuenta.

Junto con los nuevos puntos de venta, incursionaron en las ventas por catálogo. Los emprendedores aseguran que tienen unas 500 vendedoras activas en todo el país y se propusieron incrementar la capacidad de producción y la variedad de modelos, pues compraron dos nuevas máquinas que les permiten una producción de unos 1 000 pares a la semana. En el 2013, la facturación fue de USD 180 000.

Alrededor de USD 50 000 de inversión representó este giro del negocio, cuenta Orlando Ronquillo.

Mariella Castro, esposa de Ronquillo, comenzó a diseñar nuevos modelos para que las colecciones en los catálogos sean más variadas. "Antes, una colección de 10 modelos duraba hasta seis meses, ahora sacamos cada semana unos 10 modelos", cuenta Castro.

Para dar a conocer la marca, añade ella, abrieron cuentas en redes sociales como Facebook e Instagram, en donde ya tienen 60 000 y 21 000 seguidores, respectivamente.

Verónica Molina, que vende por catálogo en Quito, coincide con Castro. Cuenta que el éxito que ha tenido vendiendo el producto radica en que hay una amplia variedad de diseños. "Es un calzado cómodo, pero lo mejor es la variedad de modelos, porque las clientas tienen bastantes opciones para elegir, en colores, tallas, diseños".

Ella agrega que espera que pronto se abra una tienda en Quito. En efecto, Ronquillo tiene entre sus planes abrir una tienda en la capital.

30 empleados directos tiene calzado Coleguini.