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Muchas compañías familiares de renombre mundial llegan a un tope donde afrontan los dilemas y conflictos, a veces feroces, de la sucesión. Foto: Internet

Muchas compañías familiares de renombre mundial llegan a un tope donde afrontan los dilemas y conflictos, a veces feroces, de la sucesión. Foto: Internet

Que todo quede en familia ¿un riesgo?

30 de marzo de 2017 12:53

El endogámico dicho de que es mejor que todo quede en familia se ha convertido en un estilo empresarial global, según un estudio realizado por el UBS Investment Bank en EE.UU.

Según la consultora Ernst & Young, representan más de dos tercios del total de las compañías y entre el 50 y el 80% del empleo en muchos países.

Ello no significa que la generalidad de las empresas familiares tengan el éxito garantizado. De hecho, muchas compañías familiares de renombre mundial llegan a un tope donde afrontan los dilemas y conflictos, a veces feroces, de la sucesión.

Típicamente, el fundador es al mismo tiempo el padre drástico y el jefe absoluto, el macho alfa, el líder de la manada, que no siempre está dispuesto a ceder su lugar a los ‘cachorros’, que pugnan por apropiarse de lo que por herencia les corresponde.

Hace poco, por ejemplo, el traspaso de 20th Century Fox que el multimillonario Rupert Murdoch hiciera a sus hijos Lachlan y James tuvo episodios dramáticos, que bien pudieron servir como guion para producir un ‘thriller’ en sus propios estudios.

Roger Ailes, hombre de confianza de Murdoch, fue la manzana de la discordia, pues los herederos no veían con buenos ojos el poder e influencia de un extraño dentro del imperio familiar.

Otro caso icónico de transferencia generacional y de poder empresarial familiar es el del The New York Yankees. Hank y Hal, hijos del millonario George Steinbrenner, aparecieron en escena sin nunca antes haber participado en la compañía, generando dudas e incertidumbre.

Obviamente, no todos los negocios familiares tienen tal grado de complejidad ni llegan a amasar esas inmensas fortunas. Generalmente, las empresas crecen al tenor de la capacidad de riesgo para integrar al negocio a socios externos.

En ese sentido, las empresas familiares suelen ser bastante conservadoras, y aunque parecieran estar libres de las demoras burocráticas, la toma de decisiones puede ser lenta y exasperante.

El lema es que si hay probabilidades de perder el control de áreas claves del negocio, lo mejor es no expandir la compañía.

Desde luego, nadie tendrá el grado de entrega y de afecto por la empresa como sus propietarios y gestores. Difícilmente alguien estará dispuesto al sacrificio de largos años, con regímenes laborales matadores.

La rentabilidad y el éxito de algunas empresas familiares radican en la capacidad para tener una sola mente, un mismo enfoque, un solo propósito.

La certeza habitual del trabajador de que su esfuerzo es para beneficio ajeno, hace que tome ciertas previsiones, cierta distancia emocional, que no rebase un límite autoimpuesto.

En cambio, en el caso de la empresa familiar, los individuos saben para quién trabajan y para quién son sus desvelos.

Sin embargo, la verdadera complejidad de las empresas familiares no radica en lo operativo, en lo organizacional, sino más bien en aspectos subjetivos, en cuestiones relativas a las relaciones inter e intrafamiliares.

Es decir, los lazos consanguíneos no garantizan la exclusión de sentimientos como la envidia, la rivalidad, la búsqueda de poder; la exigencia de privilegios, el afán de control, el autoritarismo.

Las ‘guerras santas’ familiares pueden acabar con largos años de esfuerzo
De otra parte, en las empresas clan son comunes ciertas conductas, como el trabajo obsesivo, la manía del ahorro, la queja crónica, la inconformidad, el sacrificio exhibicionista. Estas formas neuróticas de trabajar pueden atacar a todo el grupo familiar. En esos casos, llegar al hogar deja de ser un consuelo, un remanso. ¿Es el riesgo que hay que correr?