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La empresa Oletnat, en Guayaquil,  tiene una planta para tratamiento de aguas residuales industriales. En su trabajo cuenta con la asesoría de la consultora ambiental Sambito. Foto: Joffre Flores / LÍDERES

La empresa Oletnat, en Guayaquil, tiene una planta para tratamiento de aguas residuales industriales. En su trabajo cuenta con la asesoría de la consultora ambiental Sambito. Foto: Joffre Flores / LÍDERES

Las empresas se interesan más por la conservación ambiental

5 de junio de 2017 11:45

Las empresas ecuatorianas cada vez se llevan mejor con el ambiente. Lo que antes era una relación desequilibrada y hasta injusta, según ambientalistas y ciudadanos, hoy se desarrolla de mejor manera, aunque todavía existen industrias que tienen que mejorar sus prácticas.

Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) señalan, por ejemplo, que en sectores como el minero, la industria manufacturera, el transporte, entre otros, se encuentran firmas con certificación ISO 14001, que es la que avala las prácticas ambientales. Si bien los porcentajes son menores (ver gráfico) los analistas y los empresarios consideran que son pasos importantes.

Además, las firmas cuentan con permisos ambientales. Se concentran en licencias, certificados, declaraciones de impacto ambiental y fichas, según el INEC. La explotación de minas y las industrias manufactureras son los sectores con mayor porcentaje de licencias ambientales, por ejemplo.

En Ecuador, al celebrarse hoy el Día del Ambiente, se cuentan ciertos casos de las firmas.
La empresa Graiman, que fabrica cerámica y porcelanato, tiene dos haciendas que superan las
1 000 hectáreas de bosque en Morona Santiago. En ambos espacios captan más de 16 000 toneladas de CO2 para beneficiar al ambiente.

Además, realiza el tratamiento de las aguas industriales en su fábrica. La firma elimina los elementos sólidos y otros factores de contaminación. Luego el líquido se envía al alcantarillado y llega a las piscinas de oxigenación de la Empresa Municipal Etapa, en las afueras de la capital azuaya.

Continental Tire Andina, como parte de su programa de responsabilidad social, ejecuta proyectos para el cuidado ambiental. Entre otros desarrolla el reencauche de neumáticos, a través de su empresa especializada Renovallanta.

Otro proyecto de la empresa con sede en Cuenca es el reciclaje de neumáticos, que está relacionado con 30 familias de artesanos del caucho de Narancay, en Cuenca. Ellos reciben llantas para elaborar objetos decorativos y utilitarios.

Un ejemplo más es el Banco ProCredit, que implementó desde el 2012 un sistema basado en la norma ISO 14001 y tiene pilares como el sistema de gestión ambiental interno, gestión del riesgo ambiental del crédito y soluciones de financiamiento verde.

Katarina Zdraljevic, de la Unidad de Gestión Ambiental del banco, dice que la idea es impulsar en las empresas el uso responsable de recursos. Para ello, tiene la línea de financiamiento EcoCredit para promover inversiones en eficiencia energética, energías renovables y medidas ambientales.

La entidad bancaria ha entregado más de 800 créditos verdes por USD 26,7 millones desde el 2012. Zdraljevic estima que se redujo cerca de 4 700 toneladas de CO2 con los proyectos que se ejecutaron con esos recursos. Además, cambió los equipos tradicionales por más eficientes en consumo de energía eléctrica, redujo las impresiones, usa el agua lluvia para riego de jardines.

Para José Javier Guarderas, gerente de la firma de soluciones ambientales Sambito, las acciones empresariales concretas en favor del ambiente empiezan con un cambio de actitud de los colaboradores. Luego, dice, vienen las acciones que incluyen inversiones. “Si juntamos todas estas acciones se puede alcanzar hasta un 25% de reducción de los costos operativos de una organización”, asegura Guarderas.

Los centros especializados apoyan

El trabajo que realizan las empresas para reducir sus impactos ambientales encuentra un apoyo en centros especializados en temas como manejo de desechos, uso de energías limpias, eficiencia energética, entre otros temas.

Un caso es el Centro Ecuatoriano de Eficiencia de Recursos y Producción más Limpia (CEER). Esta organización fue creada por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi) y el apoyo del Ministerio de Industrias y Productividad.
El objetivo del CEER es contribuir con la mejora de la productividad y competitividad de las empresas en el Ecuador.

El organismo se constituyó el año pasado. Miriam Orbea, directora ejecutiva del CEER, explica que el centro reúne a cámaras y gremios empresariales, como la Cámara de Industrias y Producción, la Cámara de Industrias de Guayaquil, la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria (Capeipi), la Asociación de Fabricantes de Alimentos y Bebidas, la Asociación de Productores Químicos del Ecuador, Asociación Nacional de Curtidores del Ecuador y la Asociación de Empresarios del Parque Industrial de Ambato.

Según Orbea, el CEER agrupa a más del 50% de las empresas formales y eso deja ver la importancia que tiene hoy en día las políticas ambientales de los sectores productivos del país. “Las empresas están interesadas en incluir la variable ambiental en su gestión”.
La vocera de la entidad asegura que es un tema que no tiene vuelta atrás. “Cada empresa hace lo suyo y con el Centro Ecuatoriano de Eficiencia de Recursos y Producción más Limpia el trabajo se encamina mejor”.

Christian Cisneros, director ejecutivo de la Capeipi, cuenta otra experiencia: el centro de producción más limpia que se creó hace siete años y que fue reemplazado con el CEER. Con la gestión del centro de producción más limpia, las empresas se comprometieron a reducir la contaminación incorporar tecnologías limpias, reducir la huella de carbono, mejorar el manejo de recursos, siguiendo una metodología.

“Iniciamos una programa para formar auditores ambientales y certificar empresas”, menciona Cisneros. También, destaca el uso de metodologías para reducir los impactos ambientales.
Para Cisneros estas acciones benefician a la empresa. “Es un tema de eficiencia y de mercado. Las empresas con políticas ambientales se colocan a la vanguardia”.

En Quito, la Secretaría de Ambiente del Municipio trabaja de la mano con empresas privadas. Su titular, Verónica Arias explica que el objetivo es lograr un desarrollo sostenible, “con equilibrio en lo productivo y lo ambiental”.

Para esto la entidad trabaja en programas de reforestación, reciclaje, apadrinamiento de áreas públicas, entre otros. “Con esto hemos logrado, por ejemplo, sembrar un millón de árboles en tres años, así como activar puntos de recolección de desechos como pilas o medicinas caducadas”.

Arias asegura que cada vez es más fácil involucrar a las empresas. Esto ocurre, según ella, porque existe más conciencia de tener un desempeño de mayores rendimientos económicos. “Muchas veces el mal manejo ambiental significa, multas, juicios y problemas para las empresas”.

La asesoría genera conciencia y apuntala planes en las empresas

Ser una empresa ambientalmente responsable representa hoy en día mucho más que una tendencia o una iniciativa en boga. El compromiso que deben asumir las empresas con respecto a sus políticas de trabajo para mejorar su relación con el entorno, dicen los expertos en asesoría ambiental, responde a dos factores.

Por un lado, es un tema normativo, hay ordenanzas y leyes que regulan a nivel local el accionar de las empresas para que realicen mejores prácticas ambientales y generen una producción más limpia. Por otro lado, también es una decisión voluntaria que surge de una concientización social mucho más firme y real.

Las nuevas generaciones de empresarios y emprendimientos ven a la responsabilidad ambiental no como una obligación ni como una opción para su empresa sino como una decisión.

Sambito, por ejemplo es una empresa que está orientada a brindar asesoría ambiental, ofrece a sus clientes planes que apuntan a una sola dirección: buscar la sostenibilidad económica de la empresas; es decir, un equilibrio entre los sistemas productivos el ambiente y la sociedad. En función de ello, uno de los programas que impulsan es el Carbono Neutro, que incluye un diagnóstico de “los cinco engranajes claves de los sistemas productivos”, dice José Javier Guarderas, gerente general de Sambito. Estos factores son: la energía, iluminación, climatización, agua y combustibles.

Otra organización que también cumple una función de asesoramiento ambiental es el Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable (CEES), una asociación civil sin fines de lucro que busca promover y difundir las ideas y tecnologías de la edificación sustentable.

Según Rodolfo Rendón, director del CEES, actualmente son más de 30 entidades que apoyan su iniciativa. “Tenemos edificios certificados internacionalmente como sustentables, por ejemplo, el aeropuerto de Baltra y hay varios que están en el proceso de obtener su certificación, como el nuevo Centro de Convenciones de Quito”, un proyecto que el CEES dirige por encargo de un consorcio canadiense.

Además, mantienen colaboración con municipios del país.