Santiago Bucaram

Santiago Bucaram, director del Instituto de Economía de la Universidad San Francisco de Quito. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Pedro Maldonado
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No hay que atacar al sistema monetario

15 de noviembre de 2015 15:03

Santiago Bucaram, director del Instituto de Economía de la Universidad San Francisco de Quito, analiza el presupuesto planteado por el Gobierno para el 2016. Además, señala que para obtener financiamiento las autoridades no deben criticar la dolarización.

El Presupuesto previsto para el 2016 es menor al del 2015. ¿Se podía esperar un Presupuesto aún menor dadas las actuales condiciones del petróleo o del dólar?

Creo que era posible llegar a un presupuesto mucho menor si se hubieran escogido supuestos más conservadores. Creo que se pudo asumir un crecimiento de la economía nulo o negativo, en lugar del 1% previsto. Con un crecimiento nulo se pudieron hacer cambios en el crecimiento de ciertas cuentas como gastos de personal, en donde las autoridades hacen crecer la cuenta en 0,81% frente al 2015; esa cifra es muy similar al 1% que se prevé que crezca la economía. Asumir el barril de crudo en USD 30 hubiera permitido cierto nivel de operatividad para tener ahorro, incluso en estos momentos de crisis.

¿Pero en la Pro forma sí existen recortes?

Es importante destacar que el mayor recorte se da en bienes y servicios de consumo, pero lo interesante es que este recorte es casi equivalente al monto que se destinará a financiar la importación de derivados de petróleo (USD 4 477 millones), lo que significa que aparentemente el Gobierno planea gastar en otros bienes y servicios de consumo tan solo USD 200 millones aproximadamente. Esto demuestra que la Pro forma es mucho más irreal de lo que se ve a primera instancia, pues se está subvalorando este rubro que si se lo planificara de manera correcta aumentaría aún más el déficit.

¿Por qué cree que se elaboró este Presupuesto con cifras poco conservadoras?

Esto sucede porque aún el Gobierno está optimista con respecto a lo que pueda pasar en el 2016. Algo que indica ese optimismo es el hecho de que las autoridades económicas todavía no aceptan que estamos en crisis, pese a que las cifras oficiales así lo indican: dos trimestres de contracción del PIB, aumento del desempleo y subempleo en la zona urbana y la contracción en exportaciones muestran una crisis. Pese a esos datos, las autoridades se niegan a aceptar una recesión y surge un Presupuesto más optimista de lo que debería ser.

¿Un Presupuesto más conservador hubiese sido una manera de admitir que existe una crisis?

De alguna manera sí. Se hicieron ajustes, pero esto pudiera ser hasta cierto punto ficticio, porque el Presupuesto es solo una planificación en blanco y negro. Entonces, esta reducción pudiera no reflejar lo que realmente necesitamos, que es una contracción del aparato gubernamental.

A lo anterior también hay que sumar las necesidades de financiamiento que suman USD 6 600 millones.

Exactamente, pero las autoridades lo minimizan al decir que de esos USD 6 600 millones ya están cubiertos 4 400 millones y ‘solamente’ hay que cubrir 2 200 millones. Dicen que ya hay préstamos de organismos multilaterales.

A inicios de este año el Gobierno hablaba de 36 fuentes de financiamiento para el Presupuesto, pero no estuvieron bien especificadas. ¿Esa historia se va a repetir?

Lo que temo es que por ser un Presupuesto muy optimista tengamos que hacer más ajustes de los que están planificados. Uno de los ajustes es la eliminación de subsidios, que era en cierta medida necesario. Lo interesante es que debió hacerse desde el comienzo, siempre se habló del cambio de matriz energética, pero nunca se contempló la eliminación de subsidios. Ahora se aprovecha esta perspectiva negativa de los precios del petróleo para eliminar subsidios, lo cual es correcto porque son ineficientes y favorecen a quien no debe, a las clases media y alta.

¿Pero cómo encontrar el financiamiento para cubrir esos USD 6 600 millones?

El gran problema para obtener financiamiento es la imagen internacional. El Gobierno piensa que la imagen se recupera con campañas mediáticas, pero eso no sirve para los inversores, ellos están sumamente bien informados, saben lo que está pasando y no se los puede engañar. Lo primero por hacer es eliminar las contradicciones como decir que ‘se apueste por el país con inversión’, pero al mismo tiempo se ataca a la inversión extranjera. No hay que atacar al sistema monetario. La dolarización es la única promesa que hemos cumplido en política económica, hemos entendido sus pros y contras, y la hemos asumido y protegido. Pero si uno ataca a esa política va a tener serios problemas al momento de pedir recursos en el extranjero.

¿Más deuda es otra opción de financiamiento?

Si queremos deuda primero tenemos que entrar a un proceso de transparencia. La deuda hoy no recoge lo que son las preventas petroleras a China, entonces alguien que va a comprar bonos o papeles de deuda no sabe el riesgo que asume. También se necesita un manejo prudente de las finanzas públicas, que se han manejado de manera derrochadora. Bolivia, por ejemplo, tiene bonos muy apetecidos en los mercados porque han manejado su política económica de forma prudente.

¿Todo lo anterior desnuda en cierta manera que no hubo un modelo económico sostenido y que más bien el Gobierno se apoyó en los precios del petróleo?

El Gobierno no ha tenido un modelo económico, no ha existido. El modelo ha sido cómo gastar más y en cierta medida desde su lógica gastar mejor, desde el punto de vista de réditos políticos y no sociales. Los ejemplos son los elefantes blancos como Yachay, que recibió USD 1 400 millones para crear una nueva universidad, pero por qué no se dio ese dinero a las universidades estatales ya constituidas y que podían fortalecerse porque tenían el capital humano.

¿Qué se puede esperar de las autoridades económicas del Gobierno?

Yo esperaría de forma utópica, que el Gobierno deje de lado las ideologías políticas, que deje el sectarismo y que comience a hacer política económica. Una ventaja del Gobierno es que aún tiene capital político y lo puede utilizar para hacer un cambio y generar una política económica prudente.

SU HOJA DE VIDA

La formación. Economista graduado en la Escuela Superior Politécnica del Litoral, con mención en gestión empresarial y especialización en finanzas.

La especialidad. Tiene un Doctorado en Economía Agrícola y de Recursos Naturales en la Universidad de California. Además, cuenta con un MBA del Instituto de Desarrollo Empresarial, en Guayaquil.

En la academia. En la actualidad es Director del Instituto de Economía de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y catedrático del Colegio de Administración para el Desarrollo en la misma universidad.

En el sector privado. Ha ofrecido sus servicios profesionales como consultor.