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Darío Suárez, Cathy Taday, Ricardo Guambo, Alberto Ailsalla y José Luis Aucancela forman parte de la Asociación de Trabajadores de Cebadas. Foto; Cristina Márquez / LÍDERES

Darío Suárez, Ricardo Guambo, Cathy Taday, Alberto Ailsalla y José Luis Aucancela forman parte de la Asociación de Trabajadores de Cebadas. Foto; Cristina Márquez / LÍDERES

Doce familias sostienen El Cebadeñito

14 de marzo de 2017 11:43

Las siete variedades de quesos tradicionales y gourmet que se fabrican en El Cebadeñito tienen acogida en Chimborazo, Pichincha y Morona Santiago. Este negocio le pertenece a las 12 familias que forman parte de la Asociación de Trabajadores Agrícolas Autónomos de Cebadas.

La empresa produce en promedio 5 000 quesos, que cada mes que se distribuyen a 32 minimercados, locales de productos artesanales y tiendas de las tres provincias. Además, tiene puntos de venta en Quito y Riobamba.

El queso mozarela y el queso fresco andino, son los productos estrella y los que tienen mayor demanda, debido a su textura cremosa y sabor equilibrado. Ambas variedades son elaboradas para el uso en la cocina doméstica y la gastronomía gourmet.

El menú de productos incluye también otras variedades de quesos frescos y madurados como gouda, tilse y dambo. Estos se elaboran especialmente para degustar con vinos, frutas y embutidos.

La organización se inició en 1982, como una estrategia para mejorar la calidad de vida de 36 familias de Cebadas, una parroquia situada a 30 minutos de Guamote, en Chimborazo. Antes de asociarse ellos subsistían de la agricultura y de la producción de leche que vendían individualmente.

“En esa época aún había grandes haciendas y los patrones no nos pagaban un precio justo por la leche. Éramos bastante pobres”, recuerda José Luis Aucancela, presidente de la organización.

La idea de utilizar la leche que producían para elaborar quesos surgió tras conocer la experiencia de un grupo de agricultores de Salinas, en la provincia de Bolívar. “Ellos empezaban a tener éxito en la venta de sus quesos y decidimos seguir su ejemplo”.

Sin embargo, a pesar de que se capacitaron e invirtieron en una infraestructura para la fábrica, los primeros intentos fallaron. Los quesos no salían bien, la calidad de la leche era desigual, el sabor no era agradable y no contaban con todos los equipos.

“Fracasamos muchas veces y todos estábamos desanimados”, recuerda Ricardo Guambo, uno de los fundadores.

Los problemas administrativos continuaron durante los tres primeros años. Los socios tuvieron que solicitar préstamos para adquirir los equipos, las utilidades no alcanzaban para pagar los sueldos y los quesos no se vendían como esperaban.

Pero la situación cambió cuando en 1985 un nuevo grupo de socios decidió volver a capacitarse y contratar técnicos consultores que ayudaran a solucionar los problemas de la fábrica. “Fue un reto grande. Nos tocó volver a aprender todo, y convencer a la gente de mejorar la calidad de la leche que producían, pero cuando todos decidimos trabajar, nuestra vida cambió”, dice Aucancela.

En solo unos meses, cuando lograron elaborar un queso de alta calidad comenzó la tarea de comercializar y posicionar el producto en el mercado. Cada socio ayudó en esa tarea, todos recibían una cantidad de productos y recorrían las tiendas de Riobamba presentando el producto y haciendo degustaciones.

Para el año 2000, los quesos del Cebadeñito eran los más solicitados en las tiendas, y en las instituciones donde se entregaban los productos.

El incremento en las ventas les incentivó a diversificar su producción, pues en un inicio solo se elaboraban dos variedades de quesos. Parte del crecimiento de la empresa también se debió a la reinversión de las utilidades.