Max Escobar es el propietario de Crossfit Culture. Cuenta con 700 suscriptores en tres locales ubicados en la vía a Samborondón y en Guayaquil. Mario Faustos / líderes
Redacción Guayaquil
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La estrategia es crear un ambiente familiar

El modelo de negocios de los gimnasios de crossfit oficiales, a escala mundial, está basado en el sentido de pertenencia y autorrealización de cada individuo, similar al que históricamente han manejado las tribus humanas. Así idealizó Max Escobar, gerente propietario de Crossfit Culture, su emprendimiento, que cumplirá cuatro años de operaciones este próximo marzo.

Los más de 8 000 gimnasios oficiales de este deporte, de ellos 21 en Ecuador, según el portal www.crossfit.com, deben alinearse con los objetivos y preceptos planteados por los fundadores de esta tendencia deportiva desde el 2001.

Antes de iniciar el emprendimiento, Escobar determinó que hay dos maneras de crear un gimnasio. La primera -y la más tradicional- está basada en la adquisición de máquinas, "donde los clientes se ejerciten individualmente y punto".

La segunda forma, la que promueve el crossfit, se enfoca en el aprendizaje comunal. Allí, el propietario o propietaria de un gimnasio se preocupa por certificarse como instructor internacional y mantenerse en capacitaciones.

De la misma manera, en impartir sus conocimientos y que sus suscriptores (Crossfit Culture inició con 100 y ahora cuenta con 700), sientan que integran un conjunto humano con una meta: mejorar su salud mediante el acondicionamiento físico.

Este último aspecto, el del sentido de pertenencia, se puso a prueba a tan solo un año de abierto el primer local de Crossfit Culture en Samborondón, al noreste de Guayaquil. Escobar comenta que por facilitar la ejecución del proyecto se construyó el gimnasio dentro de un complejo deportivo, con una inversión superior a los USD 35 000. Aquel sitio era conocido como La Finca.

Nueve meses después de la inauguración del primer local, a finales del 2011, aquel complejo fue derrocado para la construcción de un proyecto inmobiliario. La alternativa para no perder los clientes que había ganado Crossfit Culture fue trasladarse al coliseo de una institución educativa cercana, hasta que se edifique su nuevo local, con un costo que duplicaba la inversión inicial.

Andrés Cazal, uno de sus clientes, recuerda aquel cambio como un reto para los propietarios del novel gimnasio. "Estos negocios son similares a los restaurantes. Si te tratan bien y vez mucha gente siempre regresarás. Nos sentimos parte de Crossfit Culture, porque sentimos que hemos crecido juntos".

Dos meses más tarde, para finales del primer trimestre del 2012, Crossfit Culture inauguró sus instalaciones en su nuevo local y un año más tarde, abrió su segundo local en SamboCity, vía a Pascuales.

El tercer local de Crossfit Culture se inauguró el pasado octubre, en las inmediaciones del Mall del Sol (norte de la urbe). Los ingresos de Crossfit Culture promedian los USD 25 000 al mes; cuenta con ocho colaboradores y un staff de cinco instructores calificados.

Las actividades únicas de cada gimnasio, según Escobar, son un recurso válido para fidelizar a los clientes. La que posee Crossfit Culture es llevar el gimnasio a la playa. Entre febrero y abril de cada año, realiza las rutinas o WOD (trabajo del día, en inglés) en Chipipe, Santa Elena. Los ejercicios inician en las primeras horas de la mañana y también se realizan competencias internas.