Marjorie García gerencia la fábrica textil. Su planta está ubicada en el norte de Quito, en la que trabajan unas 20 personas en la maquilación. Fotos: Vicente Costales / Líderes
Redacción Quito
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La estrategia fue no envidiar lo extranjero

La moda pesó más que la ciencia. Hace 24 años, Marjorie García emprendió su negocio textil, que lleva su nombre, y dejó a un lado su profesión.

A esta quiteña, que se graduó de bióloga en la Universidad Católica de Quito, siempre le llamó la atención el mundo de las telas, moldes, cintas métricas y las ideas para elaborar prendas.

Por ello, junto a su esposo, Christian Isa, abrió una pequeña planta de producción en su casa, ubicada en el norte de Quito. Para ello, invirtieron unos USD 20 000, que lo destinaron a la compra de máquinas de coser y materias primas.

En principio, Isa y García, se enfocaron en la manufactura de camisas para niños. Pero la falta de rentabilidad en este segmento hizo que dieran un giro de timón al negocio y se dediquen a confeccionar prendas para adulto.

Al igual que ahora, las materias primas las importaban desde Colombia, Perú, Brasil, entre otras naciones.

Al inicio, la compañía no tenía una marca definida, pero en el 2000 decidieron probar con una propia.

La idea, aunque sonaba algo descabellada, era competir con marcas internacionales. Para lograrlo, sus productos debían tener la calidad suficiente que les permita competir con marcas foráneas.

Y así lo hicieron. Buscaron telas de calidad, diseños vanguardistas, colores de moda. Luego de todo este proceso, hace unos 14 años, nació la marca Blue Dot (punto azul, en español).

García explica que escogieron ese nombre en inglés, para que "la marca suene a extranjera", debido a que el producto nacional, en esa época, se lo asociaba con falta de calidad. Incluso, las instrucciones en etiquetas también están bordadas en ese idioma.

A Blue Dot, con su propuesta de camisas para caballero, no le fue tan mal. Tanto, que este matrimonio decidió presentar al mercado, en el 2004, la marca Whoose (expresión verbal que muestra superioridad de una persona sobre otra de menor conocimiento).

Esta se especializaría en blue jeans y utilizaron la misma premisa de Blue Dot: "prendas de calidad que no tengan nada que envidiarle a una extranjera".

Durante estos años, su estrategia ha sido distribuir sus productos en boutiques especializadas de ropa y no venderlos de forma masiva.

El negocio creció y ahora su planta cuenta con unas 20 personas que participan en todo el proceso de producción. Ellas confeccionan al mes un promedio de 3 000 camisas. Actualmente, las prendas de Blue Dot y Whoose se distribuyen a escala nacional.

Distribuidora Fabián Samaniego, que tiene su centro de operaciones en Ambato (provincia de Tungurahua), comercializa las dos marcas desde hace 13 años.

Este negocio entrega los productos a Tungurahua, Chimborazo, Bolívar, Macas, Imbabura, Santo Domingo de los Tsáchilas, Guayas y Los Ríos.

Fabián Samaniego, propietario del negocio, comenta que las marcas gozan de buena aceptación en el mercado. Él describe a sus clientes como hombres y mujeres de un nivel socioeconómico medio y medio-alto. Samaniego dice que al mes, esta distribuidora vende entre unas 1 500 a 2 000 prendas.

Ahora, entre Blue Dot y Whoose facturan un promedio que oscila entre los USD 80 000 y 70 000 mensuales. El año pasado la firma cerró con ventas de 800 000.

Fabián Ocampo también distribuye las marcas. Él señala que envía el producto a unas 15 provincias a escala nacional. Él destaca la calidad de la ropa, gracias a ello, "compite a la par con marcas peruanas y colombianas".

Flavio Izquierdo, es propietario de un local de ropa en Ambato. Él asegura que la marca es aceptada y reconocida entre los compradores nacionales, gracias a "su diseño y calidad".3 000 camisas mensuales fabrica esta empresa en su planta.