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El club está abierto a todos los jóvenes con discapacidades. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

El club está abierto a todos los jóvenes con discapacidades. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Dos facultades universitarias se unieron para fomentar la inclusión

8 de febrero de 2018 06:49

Los deportes, las actividades culturales y la recreación son algunas de las actividades programadas en la agenda del club Inclusiva Espoch. 35 estudiantes con y sin discapacidades forman parte de la agrupación que se fundó con el objetivo de incluir e inspirar a jóvenes con discapacidad.

Los miembros del club buscan estrategias para que los estudiantes con discapacidades físicas o intelectuales se sientan incluidos por sus compañeros en las aulas de clase y comprendidos por sus docentes. Además, generan espacios para que los chicos se sientan protegidos y apoyados.

El club se inició en enero del 2017 y fue una iniciativa de cuatro estudiantes y seis docentes que forman parte de la Fábrica de Ideas, un grupo dedicado a la innovación y al impulso de proyectos estudiantiles.

“La iniciativa surgió como respuesta a una convocatoria de la Unesco y de la Senescyt, y también como una respuesta a las necesidades de los estudiantes”, cuenta Roberto Villacrés, parte del equipo de docentes.

El grupo se inició con seis integrantes, pero hoy son 35 que pertenecen a todas las facultades de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo (Espoch). El club está abierto a todos los jóvenes con discapacidad y también a los estudiantes que no tienen discapacidades pero que están dispuestos a apoyar a sus compañeros con su amistad y conocimientos profesionales.

Una de las actividades con más acogida son los encuentros de básquet en silla de ruedas que se hacen todas las semanas en el Coliseo Politécnico. No solo participan los chicos con discapacidad, sino que también juegan los docentes y autoridades de la Espoch.

“Así podemos entender mejor la realidad de estos chicos, sentimos lo que ellos sienten al movilizarse en sillas de ruedas. El ser docentes universitarios no garantiza que estemos capacitados para educar a personas con discapacidad, necesitamos de estas actividades para concientizar y contar con más herramientas técnicas para llegar a las personas con discapacidad”, dice Juan Carlos Pomaquero, mentor del grupo.

Durante los partidos los chicos comparten bromas e historias con sus docentes y compañeros. Así logran fortalecer la relación con otras personas, lo que es fundamental para mantener la motivación por sus estudios y sentirse incluidos con sus pares.

Víctor Huacanez, un joven de 24 años que se moviliza en silla de ruedas, es uno de los fundadores del club. “La gente a veces piensa que queremos un trato especial, pero no es así. Queremos un trato igualitario. Por eso iniciamos el club, para pedir la inclusión de personas con discapacidad e infraestructuras que faciliten nuestra movilidad”.

Un proyecto de vinculación con la colectividad surgió cuando el club mostró a las autoridades de la Espoch la necesidad de sumar a la inclusión social como parte de las prioridades de la academia.

Eso incentivó a las facultades de Administración de Empresas y Recursos Naturales a unirse para apoyar con conocimientos técnicos de los estudiantes a otras entidades que trabajan con personas con discapacidad como la Fundación Protección y Descanso.

Un invernadero donde se siembra todo tipo de hortalizas cuenta con la asesoría de 32 estudiantes y seis docentes de la carrera de Agronomía. Ellos enseñan a 36 personas con discapacidad a trabajar en los huertos.

El proyecto se denomina siembra inclusiva. Los chicos plantan y cuidan de las hortalizas, y luego cosechan los frutos.

“La idea es proporcionar a los chicos con discapacidad de un espacio recreativo y terapéutico. Queremos que sientan que son capaces y que aportan a sus familias con su trabajo y esfuerzo. Además, nuestros estudiantes aprenden a ser pacientes y más humanos”, afirma Juan Aguilar, coordinador del proyecto.

Entre tanto, los estudiantes de la Facultad de Administración de Empresas se dedican a analizar la comercialización de la cosecha y de otras artesanías que elaboran las personas con discapacidad.

Los productos se colocan en canastas solidarias que se comercializan al personal administrativo y docente de la Espoch. “Más importante que el dinero que se recauda es el hecho de que las personas con discapacidad sientan que su trabajo es recompensado”, afirma Pomaquero.

Datos

20 000 estudiantes de pregrado y posgrado se forman en las 37 carreras Escuela Superior Politécnica de Chimborazo.

El proyecto inclusivo obtuvo el primer premio de la convocatoria por la inclusión de la Unesco y la Senecyt en Ecuador.

La Universidad de Barcelona, en España, también galardonó el proyecto en el Congreso Internacional de Universidad e Inclusión en noviembre del año pasado.