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Carlos Muzo, propietario de La Orquídea, explica que inició el negocio en Quito con su esposa en un local de 2x2 metros, con una inversión de 2 000 sucres hace medio siglo. Foto: Patricio Terán  / Líderes

Carlos Muzo, propietario de La Orquídea, explica que inició el negocio en Quito con su esposa en un local de 2x2 metros, con una inversión de 2 000 sucres hace medio siglo. Foto: Patricio Terán / Líderes

Las flores dan vida a este negocio desde hace 50 años

24 de abril de 2017 15:43

Rosas de todos los colores, crisantemos, astromelias, girasoles y por supuesto orquídeas, son algunas de las variedades de las flores que envuelven cada día la vida Carlos Muzo.

Este ambiente lo atrapó desde su infancia, cuando visitaba a su padre en el trabajo, en una de las primeras florerías de la capital.

Hoy, es el dueño de Florería La Orquídea de Quito, que está en el mercado hace 50 años.
A la edad de 13 años, Muzo viajó a Guayaquil a ayudar a dos de sus hermanos mayores que trabajaban en una de las primeras florerías del Puerto Principal, que también se llama La Orquídea.

Dos años después, al fallecer su padre, regresó definitivamente a Quito con la ilusión de montar su propio negocio. Cuando cumplió 19 años el emprendedor logró su objetivo y puso su florería, gracias a un préstamo de su madre.

La inversión inicial para armar su florería fue de 2 000 sucres, con los que compró floreros, plantas, un teléfono y una mesa, para atender en un local de 2 x 2 metros.
Para continuar invirtió 1 000 sucres más, pues al abrir en el mes de abril debía prepararse para su primer Día de la Madre. La venta de sus primeros 30 arreglos le permitió avanzar con el negocio.

Desde el inicio trabajó junto con su esposa María Guamán, quien se encargaba de recibir pedidos, mientras él elaboraba los arreglos.

Para brindar más comodidad a sus clientes se trasladaron a varios locales, hasta que lograron comprar la propiedad donde funciona la matriz del negocio, con la oferta de arreglos florales y complementos como chocolates, peluches, globos, etc., para toda ocasión.

Uno de sus clientes es la empresa Jarrín Carrera. Alina Jaramillo, asistente de gerencia, comenta que acuden a los servicios de La Orquídea hace unos cinco años. “El servicio es excelente, son eficientes en todo”, afirma. La empresa ha adquirido los arreglos para adornar sus instalaciones, así como para celebrar los cumpleaños de sus trabajadores, incluso de los hombres, para quienes buscan los complementos.

Muzo recuerda que hace medio siglo no era tan fácil conseguir flores en Ecuador, porque el sector floricultor aún no se desarrollaba a los niveles actuales.

Por ello se trabajaba principalmente con flores de jardín que se cultivaban en Tumbaco, de las cuales solo se conseguían un par de docenas de flores. Explica que hasta tenía que viajar a Ipiales (Colombia) a traer las flores. “Se trabajaba con cartuchos, hortensias, magnolias, pocas rosas y pocos claveles, que actualmente hay en abundancia”, señala.

Actualmente, La Orquídea recibe flores de Cayambe, Cuenca y Tabacundo y trabaja con alrededor de 12 500 rosas, unas 2 000 astromelias y por lo menos 500 orquídeas al mes, sin contar con las demás variedades.

Muzo comenta que el negocio ya no es el mismo que antes, pues ha caído en los últimos 10 años.

La situación económica del país, y por ejemplo, el hecho de que se ha dejado de festejar los “santos”, son factores de influencia. Antes se vendían arreglos florales por los días de las ‘Marías’, ‘Mercedes’, ‘Rosas’, etc., además de los tradicionales San Valentín y Día de la Madre, cuando las ventas se duplican.

Por ello, La Orquídea busca dar un servicio que le distinga de la competencia. Uno de ellos es hacer recordatorio s de fechas “clave” a los clientes frecuentes. Además de las llamadas telefónicas a la matriz y a su sucursal ubicada al norte de Quito, utilizan su página de Facebook y el Whatsapp para promocionarse y recibir pedidos, que se procura entregar en máximo dos horas desde su recepción.

Alejandro Simbaña, diseñador en La Orquídea

“Yo ya trabajó aquí 10 años, pero para mí eso no es un trabajo, en realidad es una diversión porque me encanta hacer lo que hago. Soy el hombre más feliz del mundo cuando hago mis creaciones con las flores, porque desde niño me enamoré de ellas. Me siento como en familia porque mis jefes son buenas personas, que siempre están inculcándonos buenas normas. Nosotros tratamos de formar una familia. Mi sueño sería algún día tener una florería igual, pero por ahora soy feliz en mi puesto porque el ambiente laboral es espectacular. Además, gracias a este trabajo pude tener mi casa y cuidar bien a mi familia. Espero que podamos avanzar con la empresa sobre todo en la organización de eventos.

Ya hemos hecho muchos, pero aspiraría a que La Orquídea también se especialice en eventos y no solo nos centremos en el servicio particular y a domicilio. Tenemos la experiencia y nos ha ido bien, por eso es que estoy convencido de se que sí podemos y lo haremos excelente.