Alberto Araujo
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Fredy Salazar; su empresa minera se cotiza en Toronto

Emprender proyectos y empresas relacionadas con la minería ha sido el eje de su vida profesional. Pese a las adversidades y fracasos, Fredy Salazar ha logrado levantar a la única empresa minera de origen ecuatoriano que cotiza en la Bolsa de Valores de Toronto (Canadá), el mercado de minerales más importante del mundo.

Lojano de nacimiento, se inclinó por las ciencias de la tierra y la geología desde que se graduó del Colegio Bernardo Valdivieso en Loja. Corría 1979. Con la intención de seguir la carrera de Geología decidió trasladarse a Quito con el apoyo de su familia, para estudiar en la Universidad Central del Ecuador.

Luego de siete años de estudios de Ingeniería en Geología y antes de graduarse fue contratado por la multinacional Texaco, para formar parte de una campaña de prospección petrolera en el Litoral, entre las provincias de Guayas y Esmeraldas.

La campaña, sin embargo, no tuvo éxito y tampoco a Salazar le atrajo la actividad hidrocarburífera, por lo que decidió incursionar a fondo en la minería.

Pocos meses después de graduarse en 1987 participó en el proyecto Gaby en Azuay, actualmente a cargo de la empresa IMC, donde se calcula que existen reservas por 6 millones de onzas de oro.

Pero a finales de los ochenta, en ese proyecto no se había realizado prácticamente nada en cuanto a exploración, por lo que tuvo que arrancar de cero esa actividad en compañía de una brújula y un trabajador.

Esa primera experiencia le sirvió para ser contratado al año siguiente por la empresa minera estadounidense Newmont que dirigía trabajos de exploración y prospección minera en Ecuador.

Durante 10 años se especializó en estas actividades en el interior del país y en EE.UU., México y Perú, con el fin de adquirir conocimientos para identificar depósitos minerales de gran envergadura.

No obstante, y casi al terminar la década de los noventa el sector minero sufría una profunda crisis internacional.

En primer lugar, se dio la caída del precio de los metales como el oro (la onza en la época bordeaba los USD 200 mientras que actualmente supera los USD 1 700).

Además, una serie de estafas se habían llevado a cabo por medio de la Internet en la Bolsa de Valores de Toronto.

Estos factores llevaron a Newmont a salir del país en 1999 y con ello, Fredy Salazar se quedó desempleado luego de alcanzar ingresos de hasta USD 4 000 al mes (el salario mínimo era de USD 66).

Este fue un punto de quiebre en su vida. Como liquidación, recibió alrededor de 300 millones de sucres que al cambio de la época representaban USD 70 000.

Esos recursos los depositó en el extinto Banco del Progreso y en dos meses los perdió con la posterior quiebra de esta entidad financiera.

Además de no tener los ingresos para mantener a su familia, perdió la liquidación con la que contaba para sostenerse, hasta encontrar un nuevo trabajo. Cuenta que tuvo que salir de su departamento en el sector de El Bosque (norte), para arrendarlo y así sobrevivir con esos ingresos en otra vivienda que tenía en la Mitad del Mundo.

Pero en la crisis financiera no lo perdió todo. De otros ahorros guardados retiró USD 10 000 para invertirlos en un proyecto minero en la Amazonía con un socio, cuyo nombre Salazar ni lo menciona. El monto en efectivo, no obstante, lo aportó sin firmar ningún documento. Su socio se llevó el dinero y no le dio su participación en el proyecto.

Esta nueva adversidad no lo dejó quieto. Por el contrario, en el 2001 participó un nuevo emprendimiento explorando caolines (minerales usados en la fabricación de caucho). Tampoco tuvo éxito.

En esas circunstancias y pese a enfrentar dificultades económicas, decidió estudiar una maestría en Gerencia Ambiental y levantar una empresa consultora, para empresas mineras y petroleras con el nombre de Congemimpa. Luego de obtener esa especialidad y con su empresa en marcha, aplicó a una beca financiada por el IECE en Suecia, en el área de manejo ambiental para actividades extractivas.

Paralelamente continuó brindando sus servicios como consultor en exploración y prospección mineras. En el 2003, fue contratado por la canadiense Aurelian, a la que sugirió invertir en el proyecto Fruta del Norte. Por su trabajo, la canadiense le dio la opción de comprar 30 000 acciones, cotizadas a USD 0,35 cada una.

Salazar cuenta que el precio de esas acciones se mantuvo bajo y decidió tirar a la basura el certificado de opción de compra. Del tacho, su esposa lo recuperó y lo guardó. En menos de seis meses y luego de confirmar el potencial aurífero de Fruta del Norte, las acciones de Aurelian pasaron de costar USD 0,75 a USD 27.

Su capital aumentó de USD 22 500 a 800 000. En lugar de gastarlo, utilizó ese dinero en fundar Salazar Resources, una compañía de exploración minera de capital netamente ecuatoriano. “¿Por qué si lo hice para empresas extranjeras como Newmont o Aurelian, no lo puedo hacer para un emprendimiento propio? Asumí el reto de levantar la empresa”, dice.

Junto con Carlos Águila, compañero y amigo desde las aulas universitarias, y Pablo Acosta, decidieron adquirir las concesiones del proyecto Curipamba (provincia de Bolívar), donde estaban explorando depósitos de cobre, plata, oro y zinc.

Pero Salazar Resources no se quedó solo en Ecuador. Fredy Salazar decidió llevarla a cotizar en Toronto, Canadá, la “meca” de las inversiones mineras.

Contrató abogados y empresas consultoras que cumplieron con todos los requisitos, para que Salazar Resources cotice en la Bolsa de Toronto.

La difusión del proyecto Curipamba entre varios grupos de inversionistas provocó que las acciones de Salazar pasaran de cotizarse de USD 0,35 a 3 cada una. Una de las compañías que más había crecido en valor en el 2007, en Toronto.

Aunque las cotizaciones bajaron las dificultades que sufrieron las actividades mineras en el país, a raíz del mandato minero (2008) y la nueva Ley de Minería (2009), el proyecto Curipamba no se ha frenado y tiene programado pasar a la fase de explotación, hacia el 2015.

Águila resalta su espíritu emprendedor y su persistencia. Destaca su habilidad para la exploración, ya que alcanzó a definir un depósito mineral luego de seis años de exploración. Advierte su capacidad de haber atraído inversión al país desde Canadá, en algo tan difícil como la minería.