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Guillermo Arosemena ha estado vinculado a actividades académicas y empresariales. En junio pasado recibió un homenaje de la Escuela de Negocios Espae (Izq.). Foto: Enrique Pesantes y Cortesía Espae / LÍDERES

Guillermo Arosemena ha estado vinculado a actividades académicas y empresariales. En junio pasado recibió un homenaje de la Escuela de Negocios Espae (Izq.). Foto: Enrique Pesantes y Cortesía Espae / LÍDERES

Ha escrito la historia económica sobre el Ecuador

7 de agosto de 2017 15:11

Las paredes de la casa de Guillermo Arosemena Arosemena recogen algunas páginas de su historia. Ahí están decenas de fotos familiares en blanco y negro, entre las que destaca la de la primera reina de Guayaquil, en el año 1918.

Estudiaba Administración de Negocios en la Georgetown University, en Washington (EE.UU.), a inicios de los años 60, cuando comenzó a interesarse por la historia. En cada clase de economía encontraba la necesidad de investigar lo que estaba detrás de cada fenómeno, ¿por qué ocurrían? Su interés no tenía límites y solicitó asistir de oyente a clases que no necesitaba tomar, pero quería ampliar sus conocimientos.

En la universidad le obligaron a leer incansablemente, a investigar de continuo, a redactar para formar criterios, costumbre que luego practicó en las empresas que dirigió, según lo describe Rodoldo Pérez Pimentel en su enciclopedia bibliográfica.

Los cincos años que estuvo fuera del país ampliaron su interés sobre cómo funcionaba lo económico, político, tecnológico y científico. Más de medio siglo después dice que sigue apasionado por lo que ocurre en mundo.

Desde pequeño se interesó por los negocios internacionales. Su padre Guillermo Arosemena Coronel, vinculado con la gerencia del Banco Central, estaba suscrito a revistas como Fortune y Forbes. A través de esas publicaciones se apasionaba por la vida de triunfos y fracasos de los gigantes de las finanzas, la industria y el comercio.

Jamás se acuesta a dormir sin haber leído varios periódicos y revistas extranjeras. Antes de la era digital dice que gastaba USD 1 000 al año en suscripciones.

Guillermo Arosemena (Guayaquil, 23 de octubre de 1945) es historiador económico, analista, empresario, docente y voluntario.

Ha gerenciado y emprendido empresas que se vinculan a proyectos agrícolas, inmobiliario, financiero, comercial e industrial.

Comenzó a escribir sobre sus experiencias como gerente y así nació su primer libro. En los años 80 editó ‘La cara oculta del banquero’, que generó polémica.

Su investigación sobre el Banco de Descuento, fundado por su abuelo materno Carlos Julio Arosemena Tola, fue su primer libro de historia. Luego publicó otros sobre el ‘boom’ y decadencia del cacao, la historia empresarial en el Ecuador, la Revolución Juliana y muchos otros títulos.

Tiene una prolífica producción intelectual con más de 44 libros sobre investigación, ensayos, historia, economía y en su escritorio hay unos seis títulos iniciados. Ha publicado más de 600 artículos en diarios y revistas.

Semanalmente, escribe en Memorias Porteñas de Expreso, que ya tiene más de 200 ediciones.

Arosemena también es uno de los autores que aportará con sus obras para la colección Bicentenario de Guayaquil, un proyecto del Club de la Unión por los 200 años de independencia de la ciudad.

Virginia Lasio, directora de la Escuela de Negocios Espae de Guayaquil, no se equivoca cuando dice que “debe tener algunos libros en remojo, su trabajo es escribir”. Lo conoció en 1996, un domingo, cuando lo escuchó en una entrevista en televisión. Luego lo buscó para que participara en un foro sobre empresas familiares. Con los años se incorporó como docente y para los estudiantes era poco común tener un profesor que publicara los libros que servían para dictar clases.

Dio la materia de Análisis del entorno y surgió un libro de las experiencias en las aulas. Pero dejó la cátedra cuando la normativa de la educación superior empezó a exigir un título de cuarto nivel.

Para Lasio es un amigo con el que intercambiaba libros y estuvieron “de colegas”, pues ambos padecieron de cáncer. A finales del 2016 donó 300 títulos especializados y en junio pasado la Espae le rindió un homenaje.

Para Pablo Arosemena, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, su tío es un escritor incansable. También “es un emprendedor de la vida, la libertad, la excelencia y la solidaridad”.

Es de pensamiento liberal. En uno de sus artículos de febrero pasado en Desde mi trinchera, una publicación digital, se planteaba ¿Por qué han fallado los gobiernos? Decía que los seis períodos de prosperidad del Ecuador desde 1830 todos se debieron a factores exógenos, no a políticas económicas establecidas por los gobernantes. Y concluyó que el “último experimento criollo” no ha funcionado y se ha convertido en el más costoso de la historia.

Arosemena cree que al país le falta conocer la historia de los empresarios nacionales. Por eso, hace 30 años impulsó la creación del Museo de la Producción, pero es uno de los capítulos que quedaron pendientes.

Su aporte al voluntariado guayaquileño

La vida de Guillermo Arosemena también está marcada por el voluntariado. En la crisis económica de 1999 Lautaro Aspiazu Wright (ya fallecido), director de la Junta de Beneficencia, lo invitó a colaborar en la entidad y a modernizar el área administrativa del Hospital Luis Vernaza.

En el 2002, la Junta publicó un libro suyo y escribió otro sobre los cambios.

En el 2011 renunció a la entidad y luego de 37 años de voluntariado, recordó. Luego se sumó a rescatar el Archivo Histórico de Guayaquil.

Pero mucho más joven, Arosemena, ya había estado vinculado a la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca). A los 27 años lo invitaron a ser parte del Directorio y fue presidente de la comisión de construcción del Hospital Juan Tanca Marengo.

En su discurso en el homenaje de la Espae recordó que a los 18 años su padre le había advertido que “no todo en la vida era hacer dinero”. En algún momento debía trabajar gratis y el momento llegó cuando fue parte de Solca.

Ahí estuvo 20 años en el Consejo Directivo y dijo que aprendió a trabajar con cientos de personas que dedican su vida al voluntariado. Aprendió también a trabajar con pocos recursos económicos. “Las instituciones de beneficencia viven raspando la olla, tienen que hacer milagros con los exiguos fondos que manejan”.

En 1972 la Junta Militar le retiró a Solca los fondos de operación. Posteriormente -recuerda- el papel de Mariana Roldós fue fundamental para convencer a su hermano, el presidente Jaime Roldós, para restituir los fondos y mantener abierto el hospital.