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Ángel García, Patricia Guzmán, Daniela Arias y Andrea Zavala, en la heladería. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

Ángel García, Patricia Guzmán, Daniela Arias y Andrea Zavala, en la heladería. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

En esta heladería se vende arte tailandés

3 de octubre de 2017 14:54

A diferencia de una heladería tradicional, en Sweet and Rolls los clientes miran a través de un mostrador como su helado pasa de un estado líquido a sólido. Participar en el proceso de elaboración y documentarlo todo con los teléfonos móviles es parte de la experiencia.

La base líquida del helado se transforma en rollos, luego se colocan en recipientes y se decoran con aderezos. Se trata de una innovadora técnica tailandesa.

Los heladeros de Sweet and Rolls tuvieron que capacitarse durante casi dos meses para lograr dominar la técnica que consiste en colocar un líquido cremoso sobre una plancha enfriada a – 40 grados centígrados por un congelador industrial. Luego, al mezclarse con frutas, postres o chocolates, se transforma en una base para helado que tarda tres minutos en alcanzar la textura apropiada.

Lograr una mezcla perfecta y homogénea depende totalmente de la habilidad del heladero. Él debe mezclar con rapidez los ingredientes utilizando únicamente dos espátulas, luego extender la preparación por la plancha, para recogerla en forma de rollos de 10 centímetros.
“Nos costó mucho trabajo dominar la técnica, sobre todo porque se trata de una idea nueva que aún no existía en el país, por lo que tampoco había capacitación”, admite la emprendedora, Daniela Arias.

Ella sintió pasión por los postres y los negocios desde la infancia, y logró concretar su sueño de abrir un negocio propio, que combina sus dos pasiones, a sus 21 años.

Aunque en ocasiones, su edad también se convirtió en una limitante. Obtener un crédito bancario para iniciar el negocio fue la principal dificultad.

“Traté de conseguir un préstamo en todos los bancos y cooperativas, pero los asesores de crédito desconfiaban por mi edad, muchos nos dijeron que no podríamos cumplir con las cuotas”, recuerda sonriente.

Cuando finalmente obtuvo un crédito por USD 20 000 adquirió los equipos para fabricar el helado, bases importadas, y mobiliario de estilo ‘vintage’, para ambientar el pequeño local, situado frente a la Plaza Eloy Alfaro, en el centro de Riobamba.

El local empezó a funcionar en junio pasado, pero creció rápidamente por la técnica novedosa y la presentación característica de los helados. Se sirven en rollos, se decoran con crema, y los clientes pueden elegir entre tres salsas especiales, que se sirven en jeringuillas junto al helado.
En los primeros meses de funcionamiento, el promedio de ventas ya supera los USD 3 500.

Ahora, la nueva prioridad es la expansión. En las próximas semanas una nueva línea de bebidas se añadirá el menú, y aunque la sorpresa no puede relevarse antes de la presentación oficial, Arias afirma que los refrescos son muy singulares y novedosos.

Además, están cerca de inaugurar sucursales en Ambato, Quito y Guayaquil, por lo que preparan una nueva inversión de USD 30 000 para adquirir más equipos y mobiliario. A largo plazo, esperan ingresar con su franquicia a los centros comerciales.