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Danilo Pontón, uno de los propietarios de El Sueco, en su local ubicado en la avenida Real Audiencia, en el norte de Quito, que abrió sus puertas el 15 noviembre del año pasado. Foto: Paúl RIvas / LÍDERES

Danilo Pontón, uno de los propietarios de El Sueco, en su local ubicado en la avenida Real Audiencia, en el norte de Quito, que abrió sus puertas el 15 noviembre del año pasado. Foto: Paúl RIvas / LÍDERES

Dos hermanos que destacan en el negocio de la carne

6 de febrero de 2017 12:12

Los dos hermanos menores de la familia, Danilo y Andrés Pontón, no quisieron quedarse atrás en su familia que se ha dedicado a los negocios por décadas y decidieron emprender por su cuenta.

La familia Pontón Romero es propietaria de la florícola Decoflor, ubicada en Lasso (Cotopaxi), que posee una finca de 150 hectáreas, de las cuales 75 sirven para el cultivo de flores.
Por esta razón, Danilo y Andrés pensaron que el resto del terreno podría aprovecharse de mejor manera y decidieron apostar por la industria porcícola con el apoyo de su padre, Lizandro Pontón.

Para iniciar con su proyecto invirtieron unos USD 42 000 de sus ahorros que destinaron a implementar la granja porcina.

En principio, cuenta Danilo Pontón, el proyecto buscaba producir carne de cerdo para la comercialización a cadenas de restaurantes. Como parte de la logística de su negocio instalaron un centro de distribución en el sector de La Luz (norte de Quito) para llegar a sus clientes.

No obstante, al centro que sería solo un punto de abastecimiento, llegaron vecinos del sector demandando carne de cerdo al por menor. Los dos socios accedieron a vender al menudeo al cliente final y, poco a poco, se convirtió en un modo de venta habitual.

Pero los clientes ya no solo pedían carne de cerdo. También preguntaban por otro tipo de cárnicos como res y pollo.

Danilo comenta que notaron que vender al por menor resultó más rentable. Otra de las ventajas de comercializar al consumidor final era que el pago lo recibían inmediatamente, mientras que las cadenas de restaurantes o franquicias se demoraban en abonar por sus pedidos hasta 20 días.

“Nos dimos cuenta que el mismo volumen que nos pedían ellos se puede vender en el lapso de un día y cobrábamos ese momento”, asegura el emprendedor.

Con esos resultados, los hermanos Pontón apostaron por instalar un local comercial que se dedique exclusivamente a la comercialización de cárnicos. Así, el 15 de febrero del año pasado abrió sus puertas El Sueco.

El negocio buscó proveedores para distribuir más ítems. Por ejemplo, ganaderos de Santo Domingo de los Tsáchilas le entregan carne de res de la raza Angus. Lo propio Pollo Andino.
Para abrir su primer local, Pontón cuenta que proveedores, gracias a su confianza, le vendieron a crédito insumos y herramientas de trabajo, como frigoríficos. “Abrimos el local casi sin dinero”, dice Pontón.

La apuesta por la carnicería dio resultados y gracias a las ventas abrieron otro local el 15 de noviembre del año pasado, que está ubicado en el sector de la avenida Real Audiencia (norte de Quito).

Pero ahora no solo comercializan cárnicos. El Sueco ha incrementado su portafolio de productos a embutidos, pescados y mariscos que les proveen productores de Manabí.
Actualmente, entre los dos locales su facturación promedio mensual está entre USD 2 0 000 y 30 000. Mientras que las ventas a restaurantes ascienden a cerca de USD 10 000 al mes.

El Parrillero Asador, que cuenta con dos locales en los centros comerciales El Recreo y Quicentro Sur, es cliente de El Sueco. Francisco Fonseca, su propietario, sostiene que la carne es de “excelente calidad”. Mientras Cristian Molina, propietario del restaurante Toribio, destaca el manejo de las carnes, los cortes y los costos de los productos.