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Santiago Ayala Sarmiento / Redacción Quito
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¿Es hora de la matriz productiva?

El tan anunciado cambio de la matriz productiva que el Gobierno se embanderó desde su posesión en el 2007 pasa a su segunda etapa, tras 6 años de mantener un sector productivo con escaso crecimiento en valor agregado y una fuerte dependencia en los productos de exportación tradicionales primarios.

La estrategia estatal en estos años ha sido la de ordenar y facilitar el componente logístico y de infraestructura: carreteras de primer orden, mayor acceso a telecomunicaciones de vanguardia, construcción de grandes proyectos hidroeléctricos y, uno que otro incentivo tributario, gestado a través del Código de la Producción, aprobado el 2010.

En estos años, el paraguas que ha cobijado la propuesta pública en materia productiva ha sido el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013. Y también se ha correlacionado con el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2010. En ambos casos se delinearon planes para mejor la competitividad a nivel nacional.

Los impactos, según el especialista y asesor en control de calidad, Fernando Hinojosa, pueden medirse desde dos ángulos contrapuestos: del lado del Régimen, evidentemente considerará como 6 años habrán exitosos para reordenar el aparato público y preparar el terreno para una segunda etapa. Del lado privado, ha sido una pérdida de tiempo porque no se han abierto nuevos mercados internacionales, no se ha incentivado a gran escala la producción nacional y la oferta exportable sigue siendo la misma.

“Hay un estancamiento en la productividad nacional. Pese a que anualmente se crean más compañías y emprendimientos, no inciden directamente en la generación de grandes cantidades de puestos de trabajo o nuevos nichos de exportación. Solo es cuestión de ver las cifras del Banco Central”.

El empresario Fausto Jaramillo es más crítico y asegura que hay una ambivalencia en las políticas públicas, ya que por un lado se ha generado una mejor logística, por el otro se ha generado una presión tributaria y una contracción de los mercados internacionales.

“En 6 años seguimos exportando los mismos productos a los mismos países. Pero hay que ver que mientras los ingresos en dólares han subido, por los mejores precios de las materias primas, los volúmenes han decaído”.

En efecto, como ejemplo, en el 2009, el país exportaba 6 132 toneladas de productos tradicionales (banano, camarón, cacao...) y 2 6 99 toneladas de no tradicionales. El año pasado cayó a 5 726 y 2 547 toneladas, respectivamente.

En el 2010, el Gobierno había dado el primer paso de cambiar la matriz productiva, con el Código de la Producción. Pero los resultados, medidos por gremios como la Cámara de Industrias dan cuenta que los resultados no han sido del todo positivos. Pablo Dávila, titular del gremio, en la presentación de sus propuestas al Gobierno, resaltó que aún falta un largo camino para mejorar le eficiencia y la productividad del país. Y que eso solo se logrará “si trabajamos de manera conjunta y oyéndonos”.

Hoy, semanas más tarde, el Gobierno lanza su proyecto de cambio de la matriz productiva. El secretario de Planificación y Desarrollo (Senplades), Fander Falconí, explica que este proceso implicará tres aspectos: diversificar la oferta exportable con productos de valor agregado, lograr una industrialización más selectiva para sustituir importaciones y generar empleo, como ha ocurrido en los sectores de textiles, calzado, etc. Y el tercer elemento es el desarrollo de una industria básica propia: astilleros, petroquímica, etc., que pueden encadenar muchas necesidades.

“Alrededor del sector industrial hay un elemento importante para el sector productivo privado. Hay un dinamismo en el sector de la construcción, que también permite captar empleo y dinamizar la producción. El tema es encadenar a todos los sectores”.

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