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Sebastián Angulo (I)
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Las ideas van del pizarrón a la calle

‘No tiene sentido hacer investigación sin vinculación con la colectividad”, afirma Rodrigo Gallegos, director de Investigación y Transferencia de Tecnología de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE).

Para que la actividad académica tenga impacto en su entorno, este centro educativo se planteó tres procesos: investigación científica, innovación, y emprendimiento y transferencia tecnológica.“No tratamos al emprendimiento de manera aislada, alejada de los otros dos importantes procesos”, explica Gallegos.  

En los últimos ocho años, este centro educativo desarrolla convocatorias anuales de investigación. Gracias a ello, la UTE ha planteado 262 investigaciones; de esa cantidad, 38 están en ejecución, 54 por ser aprobadas y el resto ya se desarrollaron.

Tecnología, temas socioculturales y económicos son las temáticas de los proyectos. En el caso de tecnología, se busca innovar en los ámbitos de ingenierías, arquitectura, ingeniería agropecuaria. Mientras que en el campo sociocultural se ejecutan iniciativas que buscan ayudar a la colectividad y en el área económica se llevan a cabo propuestas relacionadas con las carreras, como administración de empresas o finanzas.  

Gallegos sostiene que su institución, históricamente siempre ha estado vinculada con el emprendimiento. En el 2002, por ejemplo, la UTE formó parte de la creación de incubadoras de empresas que se fundaron en Quito, Guayaquil y Loja.

También estuvo presente en el inicio de la Agencia Metropolitana de Promoción Económica (ConQuito) y aún se mantienen en esta iniciativa.

Por ejemplo, uno de estos proyectos es la aplicación de BPM en la Asociación de Productos Lácteos de la Mitad del Mundo (Asoprolam). Este plan capacita a los dueños de pequeños emprendimientos comunitarios, con el fin de que certifiquen buenas prácticas de manufactura ante el Ministerio de Salud, con lo cual acreditarán la calidad de sus productos.

Unas 15 microempresas forman parte de esta red. Pablo Andrade, estudiante de noveno semestre de Ingeniería de Alimentos, participa de esta propuesta. Él cuenta que esta idea nació hace un año y se encargan de verificar que los procesos de producción se apeguen a los estándares establecidos.    

Andrade comenta que este tipo de actividades le ayuda para poner en práctica lo que aprende en las aulas y para relacionarse con las personas de la comunidad. 

Michelle Morales, otra estudiante, también participa en este proyecto. Ella comenta que ha realizado varias inspecciones para controlar la calidad en la línea de producción. “A través de estas actividades nos ponemos en contacto con el mundo profesional de una manera más real”, opina la estudiante.

Para cerrar el círculo, la universidad cuenta con alianzas estratégicas con empresas y entidades públicas. Desde bancos hasta hoteles forman parte del networking de este centro educativo. Por ejemplo, Banco Pichincha, Grupo Empresarial Raúl Coka Barriga, el Ministerio de Industrias, entre otros, conforman su red de contactos y que forman parte de sus auspiciantes en los eventos y certámenes que realizan, como el concurso anual de emprendedores.

Su vinculación con la sociedad

Ofrecer soluciones a la colectividad por medio de la experticia de maestros y con la colaboración de los alumnos es la propuesta de la UTE.

Benigno Armas, director de Vinculación con la Colectividad, señala que la universidad define programas por cada carrera que posee. Actualmente, este centro de estudios cuenta con 45 proyectos que están vigentes.

Una de sus estrategias es vincularse a iniciativas de Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) u otros organismos, y ofrecer ayuda por medio de docentes especializados. “Para nosotros es muy importante acercar a los estudiantes y a los docentes a que comprueben con la realidad de los hechos, la intervención en un campo especializado que requiera una institución, a través de la cooperación”, explica Armas.

Una de las áreas en las que se ejecutan más proyectos es en salud. Año tras año, la universidad realiza convocatorias para receptar propuestas y firmar convenios con empresas y entidades públicas.  

Uno de ellos es el proyecto de apoyo nutricional a niñas y niños que presentan desnutrición crónica en Zumbahua (Cotopaxi). Tania Morales dirige esta iniciativa. Ella señala que los estudiantes de la Facultad de Medicina se vinculan a estas actividades desde los primeros semestres.

Ella cuenta que actualmente unos 40 niños del Hospital Claudio Benati de esa comunidad presentan desnutrición.

Debido a esta realidad, 20 estudiantes con la coordinación de cinco maestros realizan campañas para incentivar al consumo de alimentos. “La mayoría de las personas de estos lugares son agricultores y buscamos que consuman sus mismos productos que ellos comercializan (...) les damos capacitación de cómo preparar opciones nutritivas”, dice Morales.

Otra iniciativa es la identificación y trazabilidad en pacientes hospitalizados utilizando tecnología RFID, en la Maternidad Isidro Ayora de Quito.

Esta idea busca que los neonatos de esta casa de salud puedan ser identificados rápidamente por medio de un brazalete que posee un chip. El doctor puede acceder por medio de una aplicación a la historia clínica del paciente. Al momento elaboran una aplicación para el sistema operativo Android.

Marcela Parra, directora de este programa, señala que están en fase de pruebas. En este proyecto participan 150 estudiantes de diferentes carreras, como ingeniería industrial; mecatrónica, que hace control de acceso; diseño gráfico también participa.

Diana Terán, estudiante de noveno semestre de Arquitectura, participa en el programa de adecuación de viviendas de interés social. Ella cuenta que lo más enriquecedor de estas actividades es poder “ver el rostro de alegría de la gente. Podemos dar alegría a las personas por medio de nuestro tiempo y conocimientos”, dice.