La encuesta de empleo establece que del total de personas con empleo en el país (7 098 584), el 39,31% está en condiciones de informalidad. Foto: Archivo/ LÍDERES.

La encuesta de empleo establece que del total de personas con empleo en el país (7 098 584), el 39,31% está en condiciones de informalidad. Foto: Archivo/ LÍDERES.

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La informalidad laboral, una condición arraigada en Ecuador

26 de julio de 2015 14:41

Un total de 2,7 millones trabajan en la informalidad en Ecuador, según el último reporte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

La encuesta de empleo, publicada el 16 de julio, establece que del total de personas con empleo en el país (7 098 584), el 39,31% está en condiciones de informalidad.

La proporción de trabajadores en el sector informal en junio del 2014 fue de 38,89%, menos de un punto porcentual que este año.

Los informales, según la entidad, son quienes trabajan para o constituyen una empresa que no tiene Registro Único de Contribuyentes (RUC) o que no tributa bajo el Régimen Impositivo Simplificado Ecuatoriano (Rise).

Desde junio esta es la única condición para determinar a los empleados bajo esta categoría. Para ello se basaron en el mecanismo de medición de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Para Miguel Ángel González, experto en recursos humanos y presidente alterno de la Cámara de Comercio de Guayaquil, es necesario tomar en cuenta que no todas las personas que tienen un RUC laboran en condiciones de estabilidad y seguridad, que son características del sector formal.

En América Latina, según un informe de la OIT, hay 130 millones de personas en la informalidad. La entidad resume esta condición como un agudo déficit de trabajo poco decente. El estudio revela que las personas que se encuentran en la informalidad están expuestas a condiciones de trabajo inseguras, tienen pocas oportunidades de formación, ingresos irregulares, jornadas de trabajo más extensas, no obtienen los beneficios laborales y no todos acceden a la seguridad social, etc.

“Se trata de una situación altamente vulnerable, porque el trabajo en la economía informal está efectivamente fuera del alcance de la legislación”, cita la entidad.

Miguel Ángel González hace énfasis en que es necesario que el sector público y privado trabajen para generar nuevas plazas de empleo. “Eso se logra con más inversión”, señala.

La informalidad laboral en la región no es homogénea. En países con una alta renta per cápita como Brasil, Panamá o Chile es menor que en Centroamérica. Pero esta condición está arraigada en el Ecuador y la región por varios factores.

Aunque la afiliación de las empleadas de servicio doméstico a la seguridad social constituyó un paso importante en la formalización laboral en el Ecuador, en sectores como el comercio y la construcción, hay pendientes.

Las ramas de actividad con mayores tasas de empleo informal en la región son la construcción y el comercio.

González sostiene que la falta de oportunidades laborales obedece al entorno económico en las grandes ciudades que son las más pobladas y con mayor migración rural, pero también inciden los niveles de educación. A menor educación peores condiciones laborales. El informe de la OIT también reporta que dos de cada tres empleados informales tienen baja instrucción.

Otra traba para la formalización de negocios son los costos que implica. Andrés Briones, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios, menciona que la tramitología y el papeleo que implica formalizar un negocio desanima a los emprendedores.

Según la OIT, para el 2013, las mayores tasas de informalidad se observaron en los trabajadores independientes. A estos le siguen los domésticos y los de las
microempresas con menos de 10 trabajadores. Los jóvenes y las mujeres son los que enfrentan más informalidad.

Para Wilson Araque, director del Área de Gestión de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB), es básico que se creen políticas públicas para mejorar las condiciones laborales que enfrentan estas personas. Eso, sumado a capacitaciones que les permitan mejorar sus competencias.

“Un aspecto es el de la tributación. También deben conocer técnicas de venta, contabilidad básica, manejo de los alimentos con base en condiciones de salubridad. Muchos de estos aspectos no los cumplen”, dice Araque.

Carlos Castellanos, presidente de la Confederación Unitaria de Comerciantes Minoristas y Trabajadores Autónomos del Ecuador (Cucomitae), asegura que en Quito existen exigencias establecidas por el Municipio para los trabajadores informales.

En Quito, calcula, hay alrededor de 100 000 personas en condiciones de informalidad. El 75% se dedica a la venta de alimentos o productos manufacturados y el restante a mercancías varias.

Castellanos explica que un número reducido de los trabajadores autónomos de la capital no cumple con los requisitos legales municipales o tributarios, ya que la mayoría pone en marcha al menos, una de las regulaciones.


Caracterización

La mayoría de empleados informales está casada

La mayoría de los trabajadores, que forman parte del sector informal en el Ecuador, es jefe de hogar, está casado o en unión libre, tiene instrucción primaria o secundaria y vive en Guayaquil. Esas características fueron determinadas por la consultora Advance de Cuenca, de acuerdo con los datos de junio pasado, divulgados por el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC).

Para Silvia Maldonado, de Advance Consultora, la mano de obra que está clasificada en esta categoría tiene otras características vinculadas con su ubicación geográfica. Por ejemplo, el 49% vive en la zona urbana y el resto en la rural. En este último sector, el 53% de los enrolados en los empleos informales es mujer. En las ciudades, en cambio, la mayor cantidad es hombre con el 51%.

Según el director Ejecutivo de la Cámara de Industrias, Producción y Empleo, Andrés Robalino, las empresas que están vinculadas con el sector informal, principalmente, están enfocadas a las actividades como licores, confecciones y textiles, agricultura, productos artesanales o tecnológicos y contrabando por las fronteras terrestres. “Sus dueños contratan personas que no pueden acceder a un trabajo formal, pero requieren ingresos para mantenerse”.

Para el representante de este gremio con sede en Cuenca, la informalidad es una importante amenaza para las empresas que cumplen la Ley, porque no pagan impuestos, no capacitan a sus trabajadores. Además, no se conoce si tienen menores de edad o no cuentan con mano de obra calificada que demandaría un mayor sueldo. Ni siquiera se conoce si pagan, por lo menos, el sueldo básico o cumplen las 40 horas de trabajo que están establecidas en la normativa del Ecuador.

El director de Coloaustro Abogados, firma que asesora en el ámbito laboral, Galo Cárdenas, señala que en esta categorización también se puede incluir a las personas que no tienen un patrono como son los comerciantes ambulantes, los vendedores a consignación e, incluso, los obreros de la construcción que cumplen un trabajo puntual de pocos días y, pese a la regulación, no son afiliados al Instituto de Seguridad Social ni tienen un contrato.

Para Cárdenas, debido a la falta de empleo formal en el Ecuador tuvieron que enrolarse en el sector informal sin la prevención de los riesgos de trabajo y sin garantía de un contrato.
Allí, están las personas que no cuentan con experiencia por su juventud y quienes tienen más de 40 años y perdieron su trabajo por varios factores, agrega Cárdenas. “A veces, por tener esa edad no son contratados en el sector formal. Hasta encontrar un empleo adecuado buscan cualquier forma de sobrevivencia, como ser vendedores sin una relación formal de dependencia”.

Cárdenas señala que hay quienes prefieren esta opción en lugar de iniciar su emprendimiento por el miedo al fracaso y por la falta de incentivos. De acuerdo con lo observado, señala Cárdenas, al inicio estas personas laboran en jornadas cortas, pero conforme pasa el tiempo y no pueden formalizarse extienden sus horas de trabajo. “Hay quienes también optan por afiliarse al seguro voluntario del IESS, para protegerse para su vejez o atención médica”.


Condiciones

Los ingresos son menores e irregulares

Las condiciones de los trabajadores del sector informal son más difíciles que el resto de los empleados. Sus ingresos son más bajos, irregulares y variables en contraste con la estabilidad del sector formal.

De acuerdo con el documento ‘Panorama Temático Laboral. Transición a la formalidad en América Latina y el Caribe’, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) este tipo de trabajadores además tienen jornadas más extensas, por lo cual la hora remunerada tiende a ser menor. Esto además los ubica entre los estratos sociales más vulnerables.

Según el documento de la Organización, el quintil más pobre en la región tiene la mayor tasa de empleo informal (72,5%). Este porcentaje va disminuyendo mientras más aumenta el ingreso. De esta manera, en el quintil más rico solo el 29,8% de la tasa de empleo es informal.
LÍDERES pidió al Instituto de Estadística y Censos (INEC) el promedio actualizado de ingreso mensual de los trabajadores informales, pero no tuvo respuesta hasta el cierre de esta edición.
Sin embargo, de acuerdo con el reporte trimestral del mercado laboral urbano del Banco Central de junio del 2014, los trabajadores que laboran por cuenta propia son los que menores ingresos perciben respecto a otro tipo de trabajadores, como los asalariados (quienes trabajan en relación de dependencia), y los patronos (quienes son dueños de una empresa). Los trabajadores por cuenta propia son los que desarrollan su actividad utilizando su trabajo personal aunque pueden estar ayudados por familiares no remunerados.

En este grupo se pueden encontrar los trabajadores informales siempre que no tengan RUC, según la metodología del INEC.

Los datos del Banco Central dicen que los trabajadores por cuenta propia tuvieron una renta primaria mediana mensual (ingreso laboral monetario o en especies) de USD 250 en junio del 2014. Es decir, USD 90 menos que el salario mínimo vital para ese año.

Y en años pasados fue menor. Entre el 2008 y el 2013 osciló entre los USD 150 y 230, para los meses de junio.

El consultor en temas laborales y exsindicalista, Diego Cano, aporta que el ingreso de los trabajadores informales es en general de subsistencia. Este tipo de trabajador no puede acogerse a las regulaciones sobre remuneraciones mínimas ni seguridad social, sino que vive el día a día para sustentar las necesidades de su familia sin estabilidad ni vacaciones ni otro tipo de derechos.

Añade que en el país hay mucho que hacer respecto a este tipo de trabajadores y que estas acciones no se pueden limitar a llevarlos a la formalidad a través del pago de tributos. “No se trata de llevarlos a la formalidad únicamente en el tema del pago de impuestos”.

Según Cano, se deben crear condiciones justamente para que sus remuneraciones mejoren y accedan a los derechos laborales.

Pero no todos los trabajadores informales tienen ingresos por debajo del mínimo. De acuerdo con datos expuestos en la XVIII reunión regional de la OIT, en Lima, el año pasado, hay personas que trabajan en negocios que no están registrados como tales y por ello no pagan impuestos, pero pueden tener altos sueldos.


Desigualdad

Mujeres y jóvenes son los sectores más vulnerables

Los sectores más vulnerables del mercado laboral, mujeres y jóvenes cuentan con las tasas más altas de trabajo informal en la región. Según el reporte de la Oficina Regional de la OIT del 2015, el 53,7% de las mujeres en el mercado laboral trabaja en condiciones de informalidad.
A pesar del masivo ingreso de las mujeres a la fuerza de trabajo, su mayor nivel educacional y el significativo aporte que realizan a la manutención de sus familias, aún persisten fuertes patrones de desigualdad de género en América Latina y el Caribe.

Así también, las altas tasas de desempleo y el trabajo informal afectan a cerca de 56 millones de jóvenes que integran la fuerza laboral en América Latina.

El informe dice que en la región, la tasa de desempleo de los jóvenes entre 14 y 25 años es tres veces más alta que la de los adultos.

Mariela Pozo, docente de la Pontificia Universidad Católica, señala que estas estadísticas representan un reto para el Estado, que debe procurar fomentar políticas de igualdad. “La discriminación en el trabajo atenta contra los derechos fundamentales del trabajador”, indica.
Para las mujeres, de acuerdo con el estudio, las cifras son alarmantes puesto que en los últimos años la tasa de participación de este sector en la fuerza laboral llegó al 49,5% y la tasa de ocupación de este grupo al 45,5%.

“Este crecimiento también está estrechamente relacionado con la cantidad de madres solteras. Solo en el Ecuador el INEC identifica unas 300 000 mujeres en esta condición”, indica Pozo.
De igual manera, los puestos de trabajo juvenil disponibles en Latinoamérica son informales. En la actualidad, seis de cada 10 nuevos trabajos disponibles se encuentra en condiciones informales, lo que afecta a 27 millones de jóvenes.

Carlos Puentes, especialista en Talento Humano, señala que el principal problema que aqueja a los jóvenes latinoamericanos es la precariedad y la mala calidad del empleo al que tienen acceso.

Así también una de las alarmas principales es el potencial de trabajo que no se aprovecha. Cerca de 20 millones de jóvenes prefieren quedarse en sus casas sin ocupación ni estudios.
En Ecuador, el desempleo juvenil alcanza el 11%, dato que muestra un par de puntos menos al promedio de América Latina.

A pesar de que el porcentaje de desempleo es bajo, el Ministerio del Trabajo ha desarrollado programas como la “Red Socio Empleo, Mi Primer Empleo y Más Jóvenes al Empleo”.

De este último se han beneficiado 300 jóvenes en condiciones vulnerables, que pudieron acceder a conocimientos técnicos gestión de bodegas, gestión de ventas, servicio al cliente, hospitalidad, entre otros. Así también, según datos del INEC, el 65,87% de las mujeres tiene un empleo inadecuado. Esta tasa es un 16% más baja que la de los hombres.

A pesar de esto, la cantidad de mujeres involucradas a fases tempranas de emprendimiento en Ecuador, según el Global Entrepreneuship Monitor (GEM), fue mayor que la de los hombres: 54% y 46% respectivamente. De acuerdo con este estudio, el país lidera el ‘ranking’ en la región.

Esta mayor incursión femenina en el emprendimiento se debe principalmente a la necesidad.