Arturo Astudillo. Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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‘Informática, bienestar y la salud-e’

Con fecha 20 de marzo, la prensa internacional informó que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS) presentaron el ‘Manual de salud electrónica para directivos de servicios y sistemas de salud’, durante el XV Congreso Nacional de Informática de la Salud de España.

Se trata de un interesante y a la vez complejo documento que, a decir de sus autores, servirá como “un aporte al proceso de toma de decisiones para incorporar tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC), en las estrategias públicas de salud”.

Así, el vértice donde coinciden la medicina y la tecnología se refuerza con el concurso de la informática, que facilitará la intrincada operatividad de los centros de salud pública, especialmente.

La utilidad de las TIC se hará extensiva a todos los aspectos que implica la actividad hospitalaria; no habrá un solo ámbito donde la informática no tenga incidencia; será Salud-e. Pacientes, profesionales médicos, proveedores de servicios sanitarios, gestores de políticas públicas de salud, apreciarán este portentoso trabajo, producto del concurso de 38 especialistas latinoamericanos y europeos.

Nada puede soslayar este magnífico esfuerzo; sin embargo, los temas latentes de la salud y la enfermedad como expresiones vitales, el ser humano y su finitud; su instinto de vida y su deseo de trascendencia, su anhelo de inmortalidad, su deseo de liberarse del dolor, entre otros sustanciales aspectos, seguirán siendo un misterio para la tecnología.

La publicación “contribuye a clarificar conceptos, precisar aplicaciones y funcionalidades, identificar beneficios y alertar a los directivos de los servicios de salud y otros tomadores de decisiones sobre posibles riesgos y dificultades al adoptar las TIC”. Y quizás el riesgo mayor radique en que el tratamiento del ser humano enfermo se convierta en un hecho estrictamente técnico, lejos del sustrato espiritual, que se retorne al concepto mecanicista del cuerpo; que se reactualice la creencia de que la enfermedad es provocada únicamente por agentes patógenos.

El riesgo de la pérdida de la empatía, de la solidaridad con el enfermo, convertido más que nunca en estadística, un sujeto desconectado de la significación vital de su dolencia. Como afirmó Hahnemann, padre de la homeopatía, detrás de todo enfermo hay un ser humano angustiado. Solo el médico que ha desarrollado una concepción antropológica puede entenderlo de esa manera. Ninguna máquina es capaz de reemplazar su fina percepción, su don para apaciguar el alma.